La meningitis no siempre es grave

Reconoce los síntomas

 La meningitis no es siempre sinónimo de gravedad. Para conocer su verdadero alcance es necesario saber qué germen la está provocando.

Niña con oxígeno

Los distintos tipos de meningitis

Las meninges son las membranas que envuelven todo el sistema nervioso central, es decir, el cerebro y la médula espinal. Su función es proteger estos órganos vitales y actuar de filtro ante sustancias y microorganismos perjudiciales que pudieran llegar hasta ellos. Además, producen un líquido, el llamado cefalorraquídeo, que circula entre sus capas y cuya misión es amortiguar y evitar que los golpes en la cabeza supongan alguna amenaza para el cerebro.

Son múltiples las causas que pueden dar lugar a una afectación de las meninges. Las más importantes, por su frecuencia, son las infecciones, pero también puede producirse por sustancias químicas, irradiaciones, calor, tóxicos, hongos o tumores. Dentro de las infecciones, habría que distinguir entre virus y bacterias.

  • Meningitis vírica. Virus como los enterovirus, adenovirus… u otros más conocidos como los de la gripe, el de la varicela o el de las paperas, son responsables de estas meningitis, más frecuentes durante la primavera, el verano y el otoño. Provocan el mayor número de casos –alrededor del 80 por ciento–, y pese a ello, son las más benignas y no suelen dejar secuelas.
  • Meningitis bacterianas. Aunque su incidencia es mucho menor, son las más temidas debido a los daños que pueden provocar. Dentro de este subtipo, hay bacterias más comunes:
  • Neisseria meningiditis o meningococo. Es la causa más típica de meningitis bacteriana. Y aunque existen muchas variantes de meningococo (A, B, C, D…), la más frecuente es el tipo B, ya que para este no hay vacuna disponible. La incidencia de las demás, tipo A o C, está siendo mucho menor en los últimos años gracias a las vacunas.
  • Haemophilus influenzae. Provoca el mayor número de casos entre los menores, entre los 3 meses y los 3 años de vida. Pero para evitarlo, existe una vacuna muy efectiva incluida en el calendario oficial.
  • Streptococcus pneumoniae o pneumococo. Da lugar a la meningitis neumocócica que afecta sobre todo a menores de un año. Esta bacteria, también responsable de otras afecciones como otitis, neumonías… es combatida con una vacuna. Consulta nuestro calendario de vacunas para conocer las pautas.

En cualquiera de los casos, sean virus o bacterias, los agentes causantes de la meningitis, el contagio se produce de persona a persona, a través del aire, las gotas de saliva, el moco o las secreciones de la garganta son los medios en los que viajan los microorganismos que provocan la enfermedad. Por tanto, son los estornudos, la tos, el habla… los que favorecen la transmisión.

Cómo reconocer la meningitis

Los síntomas. Fiebre –no siempre elevada–, cefalea, afectación del estado general y vómitos. Ante un cuadro de estas características, es necesario consultar al pediatra inmediatamente. Si, además, observas otros síntomas como rigidez en la nuca –comprueba si tu hijo es capaz de doblar el cuello llevando el mentón al tronco– o en bebés menores de un año, la fontanela anterior abombada, la visita a urgencias es más que obligada. En los más pequeños, lo que más llama la atención es su alto grado de irritabilidad: lloran mucho, y no hay forma de calmarles, ni en brazos, ni con chupete, porque su llanto indica que se encuentran mal.

El diagnóstico. Análisis de sangre y punción lumbar son las dos pruebas que el médico le realizará a tu pequeño en caso de sospecha de meningitis. La primera para orientar la causa y el grado de infección, y la segunda para confirmarlo. La punción lumbar se practicará independientemente de la edad del pequeño, y el objetivo es recoger una muestra de líquido cefalorraquídeo –el que está entre las meninges y el cerebro– introduciendo una aguja entre las vértebras lumbares bajas para poder analizarlo. Y, tranquila, pese a lo complicado que pueda parecerte el procedimiento, el riesgo es mínimo y, además, no resulta tan dolorosa como se piensa.

El tratamiento

Por supuesto, vendrá marcado por el origen de la meningitis. De hecho, las virales no tienen tratamiento específico, salvo el de los síntomas que aparezcan: dolor de cabeza, fiebre… El niño suele ingresar en el hospital durante 24-48 horas en observación para comprobar cómo mejora su estado: si tolera los líquidos, deja de vomitar, le baja la fiebre… y una vez estabilizado, es enviado a casa.

Por el contrario, si la causa que lo provoca es bacteriana, el ingreso hospitalario está más que justificado. En función del germen del que se trate y del estado del niño, será necesario su paso a la unidad de cuidados intensivos. El tratamiento consiste en la administración de antibióticos por vía intravenosa, normalmente durante 8 a 14 días. Además, para evitar el contagio, es recomendable aislar al niño en las primeras 48 horas hasta que el tratamiento antibiótico haya erradicado el germen, y pedir a las personas que hayan estado en contacto con el niño que sigan también el tratamiento antibiótico. Por otra parte, el hospital debe comunicar al departamento de Epidemiología de la CC AA correspondiente el caso y origen de la meningitis, para que esta intervenga en los centros escolares adoptando las medidas oportunas.

La gravedad de las secuelas dependerá en gran medida de la causa que la esté provocando, de la edad del niño y, por supuesto, de la rapidez en el diagnóstico y en el comienzo del tratamiento.

Vacúnale

Es una de las maneras más eficaces para evitar que contraiga la enfermedad. Pero, ojo, las vacunas disponibles solo protegen frente al tipo de meningitis concreta para la que haya sido formulada, no para el resto. Es decir, la vacuna del meningococo C, solo protege frente a este subtipo de meningococo pero no frente al B, por ejemplo. Por tanto, hay que tener en cuenta que un niño vacunado frente a la meningitis, solo está protegido frente a determinadas bacterias, con lo cual puede contraer la enfermedad por contacto con los gérmenes para los que no existe profilaxis.

Puedes consultar nuestro Calendario vacunal, en el que encontrarás las siguientes:

  • Meningococo C. Vacuna conjugada frente a Nisseria meningiditis C. Se administra a los 2, 4 y 6 meses de vida, en niños menores de un año, y en una dosis única en niños de más de 12 meses.
  • Haemophilus Influenzae tipo B. Se administra por vía intramuscular junto con la de otras cuatro enfermedades, poliomelitis, difteria, tétanos y tos ferina, en una vacuna pentavalente, a los 2, 4, 6 meses de vida y a los 15-18 meses.
  • Neumococo. Es una vacuna muy segura y eficaz, que previene frente a la infección por 7 serotipos de neumococo –aunque hay descritos cerca de 90, estos 7 producen el 85% de los cuadros graves–. La pauta de administración puede seguir varios esquemas, teniendo en cuenta que puede iniciarse la inmunización desde los 2 meses de vida.

Asesoramiento: Isabel de José, pediatra de la sección de Infecciosos, del hospital universitario La Paz, de Madrid.

Raquel Burgos