Cuándo preocuparse por el dolor de tripa del niño

¿Será grave?

El dolor abdominal es muy frecuente entre los niños y, en la mayoría de los casos, un síntoma de patologías leves o una reacción emocional ante algún conflicto o dificultad.

Niño con dolor de tripa

Un síntoma leve, pero molesto

“A mi hijo le duele la tripa, ¿qué le pasa, doctor?” Ésta es una pregunta a la que frecuentemente se enfrentan los pediatras. Y la respuesta no es nada fácil. ¿Por qué? Pues porque el dolor abdominal no es un síntoma específico de una enfermedad concreta; puede haber muchas causas detrás, incluso algunas que no se localizan dentro del abdomen y otras que obedecen a factores psicológicos. Además, a veces, aparece solo y otras, acompañado de distintos síntomas; en ocasiones, surge de repente, y en otras, lo hace de forma intermitente; en ciertos casos, es un dolor intenso, y, en otros, más flojo; también puede estar localizado en una zona concreta o ser más bien difuso...

En definitiva, si los pediatras deben realizar un diagnóstico diferencial bastante complejo para llegar al origen del dolor, no es extraño que a los padres les desconcierten las molestias en la tripa que sus hijos refieren. Y es que los síntomas del dolor abdominal varían en función de la causa que los provoque. Por eso, antes de decidir acudir al pediatra o a Urgencias, los papás deben observar si aparece solo o se acompaña de otros síntomas.

1. Si el pequeño sólo se queja de dolor de tripa y no es la primera vez, puedes pedir cita con tu pediatra para algún día cercano.

2. Si el niño tiene un episodio agudo, con llanto constante, dolor en una zona muy localizada, algunas décimas de fiebre, vómitos y diarrea, decaimiento o palidez, debes acudir a un centro sanitario ese mismo día.

Cuando aparece de repente

En general, se habla de dos tipos de dolor: el agudo, de aparición súbita, y el crónico, que se repite durante meses. Las patologías que puede revelar un dolor agudo son diversas y varían según la edad: en los niños más pequeños, los gases o la gastroenteritis son comunes, mientras que en los mayores, estas molestias también pueden ser causadas por estreñimiento o apendicitis.

Estos son algunos de los problemas de  salud que pueden esconderse tras un dolor de tripa agudo:

  • Gastroenteritis. Es una inflamación del estómago y del intestino, causada por virus o una bacteria. Se manifiesta con vómitos, diarrea y dolor abdominal que, al principio, puede ser el único síntoma y que es provocado por la irritación de la mucosa intestinal.
  • Estreñimiento y gases. La dificultad para defecar o la acumulación de aire en la cámara gástrica provocan molestias en los niños. En algunos casos, el dolor puede llegar a ser tan agudo que se confunde con apendicitis porque, además, suele estar localizado en la misma zona, alrededor del ombligo. El estreñimiento puede convertirse en crónico. El 95 por ciento de los casos de estreñimiento crónico se debe a factores funcionales –no causados por enfermedad–, relacionados con hábitos alimenticios o situaciones de estrés.
  • Cistitis. La infección de orina es frecuente en la infancia, especialmente en los primeros dos años de edad. Las molestias aparecen en la zona baja de la tripa y se acompañan de escozor, ganas continuas de hacer pis... Si el dolor se traslada a la zona lumbar y cursa con fiebre, es posible que la infección afecte también al riñón.
  • Neumonía.  Cuando la infección está en la parte inferior de los pulmones, cerca del abdomen, no da síntomas respiratorios, sino fiebre, vómitos y dolor de tripa. También la otitis puede causarlo.
  • Apendicitis. Es un dolor característico que se localiza en la parte derecha y baja del abdomen –en ocasiones, puede reflejarse en el lado izquierdo– y que se acompaña de falta de apetito, vómitos y algunas décimas de fiebre.

Si es recurrente

El dolor abdominal crónico –que aparece y desaparece durante semanas o meses– es relativamente frecuente en la infancia, tanto que más del 10 por ciento de los escolares padece este problema. Y como ocurre con el dolor agudo, sus causas son variadas, aunque la más habitual –y con diferencia– es la emocional.

  • Cólicos del lactante. Sin duda, es el principal origen del dolor de tripa en los bebés más pequeños. Es un trastorno de causa desconocida que afecta a un porcentaje importante de lactantes –algunas estimaciones hablan del 25 por ciento– desde la tercera semana de vida hasta que cumplen 4 o 5 meses. Los que sí están claros son los síntomas que provoca y que son inconfundibles: llanto persistente, a veces durante horas, piernas flexionadas y ausencia de otros signos externos, como fiebre, decaimiento o palidez.
  • Intolerancia a la lactosa. Algunos niños no toleran ciertos alimentos, como los productos lácteos. La respuesta del organismo a esta intolerancia es un funcionamiento anormal del intestino.
  • Psicosomáticos. Se estima que más del 80 por ciento de los dolores abdominales de repetición son debidos a factores psicógenos. En estos casos, las molestias en la tripa son el único síntoma que advierten los padres y pediatras. Sin embargo, aunque éstos, tras los exámenes pertinentes, no encuentren ninguna causa física u orgánica que lo desencadene, el niño realmente siente dolor. Eso sí, en la mayoría de los casos, no es muy fuerte y los pequeños lo suelen describir en términos vagos. Existen algunas preguntas que los pediatras suelen hacer en sus consultas y que son muy reveladoras para confirmar la causa psicológica del dolor abdominal; las primeras son si esas molestias impiden la actividad normal del niño y si le despiertan por la noche. Si las respuestas son negativas y no hay ningún otro síntoma, lo más probable es que se trata de un dolor psicógeno. ¿Y qué causa estos problemas en los niños? Pues, al igual que los adultos, ellos pueden estar sometidos a situaciones de estrés que les hagan enfermar. Desde el nacimiento de un hermanito, hasta el divorcio de los padres o dificultades en el colegio.

¿Puedo aliviarle?

El tratamiento será prescrito por el pediatra, una vez diagnosticada la causa que provoca el dolor. Así, si el niño tiene una infección de orina, necesitará antibióticos; si es gastroenteritis, un tratamiento dietético...

En los casos de “dolores psicológicos”, la clave está en hablar con el pequeño y solucionar el problema que le lleva a adoptar esa actitud; evitando, eso sí, una reacción paterna que refuerce el comportamiento del niño, como las muestras exageradas de angustia ante sus molestias o una actitud excesivamente autoritaria: “Irás al colegio porque lo digo yo”. Este dolor no requiere de tratamiento, aunque puede aliviarse con técnicas de relajación, como mecer al niño en los brazos, darle masajes alrededor del ombligo o, si son cólicos, apoyarle boca abajo sobre las rodillas de su padre.

Gema Martín