Cómo vestir al niño para los fríos intensos

Aplica la técnica de las 3 capas

Temperaturas muy por debajo de los cero grados, vientos, nieve, lluvia… ¿Cómo vestir a nuestro pequeño para que no sufra esa sensación de frío que nos clava al suelo? Aplica la técnica de las 3 capas.

 
Cómo vestir al niño para los frios intensos

Cuando el viento se une a las bajas temperaturas, la sensación de frío es extrema. Desplazarse en la intemperie demanda un esfuerzo extra a nuestro organismo. Nos cansamos más y aumenta nuestra incomodidad. Lo sufrimos todos, grandes y pequeños y nuestra única arma es una vestimenta adecuada.

Para combatir este intenso frío, se recomienda aplicar la técnica de las 3 capas bien conocida por senderistas y montañeros.

  1. Sobre la piel, una prenda de poliéster o de un textil hidrófobo que no se quede con la transpiración que nuestro cuerpo genera al reaccionar ante el frío. Hay que evitar el algodón que, al contrario, absorbe el sudor e impide que actúen al cien por cien las demás capas.
  2. Un jersey de lana natural que absorbe la humedad del aire hasta en un 30 por ciento de su peso. Esta humedad aumenta su capacidad de retener el aire caliente. En cambio, el acrílico retiene la sudoración de nuestro cuerpo lo que nos enfría.
  3. Una capa exterior que proteja contra la humedad y el viento. Si no llueve, elígela con relleno de plumas por su capacidad de retener bolsas de aire cerca del cuerpo. En caso de lluvia, al menos que el tejido externo sea totalmente impermeable, mejor será el sintético.
  4. Conviene repetir este sistema de capas para la parte inferior del cuerpo, vestir al niño con unos leotardos de lana debajo de su pantalón y terminar con un par de calcetines antes de introducir sus pies en unos zapatos altos.
  5. Cuidar mucho las extremidades que se enfrían más aún que el resto del cuerpo: guantes, orejeras, gorros de lana, bufanda para el cuello son indispensables.

Qué provoca el frío en nuestro cuerpo

Con temperaturas extremas, nuestros músculos se contraen y tiritamos. Y es que la mejor manera de activar nuestro sistema de termorregulación es la actividad muscular. Nuestros vasos sanguíneos se estrechan para limitar la circulación sanguínea y guardar el calor en las partes del cuerpo que mas lo necesitan: el corazón, los pulmones, los intestinos. Esta vasoconstricción demanda más esfuerzo al corazón y su ritmo se acelera. La digestión también se hace más rápida para proporcionar glúcidos, proteínas y grasas y producir energía.

Nuestras manos y pies no son vitales para la marcha de nuestro organismo y reciben menos sangre; se enfrían. Otro riesgo de los grandes fríos son las quemaduras de la piel que puede helarse en muy poco tiempo –tan solo 10 a 30 minutos- si no se la protege adecuadamente.

Debajo de los 37 grados, entramos en hipotermia y nuestro cuerpo no es capaz de asegurar correctamente sus funciones vitales. Desnudos, no sobrevivimos a temperaturas menores de 15 grados. De allí, la importancia que hay que otorgar a nuestra vestimenta.

 

Victoria Gómez