Qué es y cómo solucionar el bruxismo en niños

Qué hacer si tu hijo rechina los dientes

La salida de los dientes definitivos, episodios de estrés, problemas de sueño, defectos de mordida… Muchas son las causas que pueden estar detrás del bruxismo infantil. Todas tienen remedio. 

 
Niño con bruxismo

El bruxismo es un hábito completamente involuntario que consiste en apretar muy fuerte la mandíbula o rechinar los dientes de forma inconsciente. El primero se conoce como bruxismo céntrico y el segundo como bruxismo excéntrico. Ambos afectan cada vez más a los niños, especialmente entre los seis y los 10 años coincidiendo con la caída de los dientes de leche y la salida de las piezas definitivas, y sobre todo mientras duermen. 

Apretar la mandíbula es una forma natural de estimular la dentición y favorecer la formación ósea y muscular de la cara, por lo que muchos casos se solucionan de forma espontánea cuando salen los incisivos y muelas definitivas. Si la situación se prolonga en el tiempo conviene que analicemos bien el entorno de nuestro hijo y consultemos con un odontopediatra.

Causas del bruxismo

  1. El proceso de dentición. Como acabamos de mencionar, apretar las mandíbulas estimula el crecimiento de las piezas nuevas. Este tipo de bruxismo se soluciona cuando brota la dentición definitiva.
  2. Tensión emocional o estrés. Problemas en el cole, ya sea con las materias o con los compañeros, el divorcio de los padres, la llegada de un hermanito, el cambio de escuela o casa… Muchos son los episodios que pueden afectar a tu pequeño. Al dormir, el cuerpo se relaja pero toda la tensión que acumula puede canalizarse a través de las mandíbulas.
  3. Alteraciones en el sueño. No disfrutar de un descanso reparador y profundo está detrás de muchos casos de bruxismo.
  4. Los parásitos intestinales. Aunque las lombrices no son un problema de salud grave, sí causan malestar y picor a los niños, que pueden revolverse en su cama por la incomodidad.
  5. Defectos de maloclusión. Algunos problemas de mordida pueden hacer que los niños rechinen los dientes al no encajar las arcadas correctamente.

Cómo diagnosticar y tratar el bruxismo infantil

Lo fundamental para diagnosticar un caso de bruxismo en nuestros hijos es fijarnos en él cuando está durmiendo: ¿lo hace en actitud relajada o con gesto congestionado?, ¿rechina los dientes?

Además, las revisiones periódicas con el odontopediatra son una ocasión estupenda para que él, como profesional, detecte casos de bruxismo. 

Una vez sabemos que nuestro hijo lo padece, debemos ir a la raíz del problema, a su causa. ¿Se debe a problemas emocionales? En ese caso deberemos hablar con él para ver qué le inquieta e intentar reconducir su tensión, consultando con un psicólogo de ser necesario. ¿Tiene un problema de maloclusión? El odontopediatra nos indicará el tratamiento que con casi total seguridad pasará por el empleo de ortodoncia para colocar sus arcadas correctamente. 

Dar al niño estrategias para liberar la tensión y relajarse es fundamental sea cual sea la causa del bruxismo. Dale un baño caliente antes de ir a dormir, un vasito de leche, leed un cuento o escuchad música relajante ya en la cama, dale un masaje… Este ambiente relajante le ayudará a caer en un sueño más profundo que reducirá los episodios de bruxismo. 

Las consecuencias del bruxismo

El choque entre las piezas que se produce en los pacientes con bruxismo tiene consecuencias nefastas sobre su salud bucodental si no se tratan a tiempo. Los dientes tienden a desgastarse de forma excesiva y prematuramente y se causa una sobrecarga de los tejidos que lo sujetan, podría empezar a moverse hasta caerse. Además, la tensión muscular de la zona provoca molestias de oídos, daños en la mandíbula, desalineación de las piezas, caries, problemas en las encías, dolores de cabeza…

 El odontopediatra te indicará si es necesario que tu hijo use una férula de descarga de silicona, un dispositivo muy cómodo que se coloca en una de las arcadas y hace que la otra roce directamente con el material plástico en lugar de con las piezas, lo que las mantiene protegidas. Las férulas no interferirán en su descanso y no requieren más mantenimiento que la higiene diaria. 

 

Laura Jiménez