Últimos tratamientos para superar la alergia alimentaria

Resultados prometedores

Hasta hace unos años, el único tratamiento para los alérgicos a los alimentos consistía en excluir de la dieta el alérgeno en cuestión. Hoy día, existen otras alternativas cuyo fin es conseguir que el niño termine tolerando el alimento que le provoca la reacción.

Niño con vaso de leche

La dieta de exclusión

Alrededor de un 7-8 por ciento de niños padece algún tipo de alergia alimentaria. Y a la hora de sentarse a la mesa, les están prohibidos los alimentos que les provoquen reacción pero también todos aquellos en los que se puedan contener. De ahí que la llamada dieta de exclusión sea, muchas veces, difícil de llevar a cabo.

La lista de los alimentos en los que podemos encontrar cantidades variables de leche es enorme: desde caramelos o galletas a embutidos pasando por panes o helados. Esto es sólo un ejemplo. Pero igual podríamos decir del huevo u otros alérgenos que complican la vida diaria de quienes no pueden ingerirlos y, muchas veces, son incapaces de advertir su presencia en los productos que van a consumir.

El etiquetado puede esconderlos bajo nombres genéricos como “proteínas”, “grasas vegetales” o “caseinatos”. Pero con frecuencia no son componentes sino contaminantes que alcanzan cantidades variables y no aparecen en el detallado de la composición. El problema es que su ingestión, por muy pequeña que sea la cantidad, puede ocasionar en los pacientes alérgicos desde leves erupciones cutáneas a reacciones graves como el shock anafiláctico que ponen en serio peligro su vida. Es decir, la dieta de exclusión no está exenta de riesgos importantes pese al sumo cuidado que se pueda tener en la compra y en la cocina. 

Nuevos tratamientos

En los últimos años se han iniciado dos nuevas técnicas de tratamiento. Te explicamos en qué consisten:

- La inmunoterapia sublingual. El desarrollo de vacunas frente a alérgenos alimentarios está aún en ciernes, y por tanto, aunque los primeros resultados la apuntan como una solución eficaz, aún no se pueden sacar conclusiones definitivas sobre tasas de éxito. La técnica se basa en la preparación de un extracto del alimento implicado, que se ofrece al paciente, pidiéndole que lo coloque debajo de la lengua. A partir de esto y siguiendo un protocolo de actuación personalizado, se van aumentando sucesivamente las concentraciones del alérgeno, para que actúe sobre el sistema inmunológico del paciente y, de esta manera, conseguir la tolerancia al alimento. En principio, podría utilizarse para tratar la alergia a cualquier alimento, pero hasta el momento, sólo existen trabajos experimentales con avellana o melocotón.   

- La desensibilización oral. Más avanzada que la anterior, la desensiblización se presenta como una opción a tener muy en cuenta en el tratamiento de alergias alimentarias, especialmente, en casos de niños que llegados a una edad determinada, en la que normalmente se adquiere la tolerancia por sí sola, mantienen la alergia, o en niños más pequeños que tienen reacciones que pueden poner en peligro su vida. Y como medida general, se suele plantear este tipo de tratamientos a partir de los 5 años de edad. La razón no es que por debajo de esa edad no sea eficaz, sino porque la colaboración del niño es importante, y con más de 5 años ya es capaz de expresar los síntomas que nota durante el tratamiento. Por otra parte, la desensibilización se puede plantear para cualquier tipo de alimento pero, en principio, se está realizando con aquellos que resulta más difícil eliminar de la dieta, como la leche o el huevo.

La técnica se basa en la administración controlada y mantenida de pequeñas cantidades del alimento que se van haciendo progresivamente mayores a medida que el paciente se va haciendo tolerante al mismo hasta conseguir la total tolerancia en la mayoría de los casos, siempre siguiendo un protocolo individualizado. El tratamiento, incluyendo las cantidades de inicio y los incrementos posteriores, se hacen dependiendo de la sensibilidad de respuesta de cada paciente y deben realizarse siempre bajo la estrecha observación del especialista. De ahí, que la duración del tratamiento sea variable. Pero, habitualmente, los niños con alergia a la leche de vaca pueden alcanzar la tolerancia en un plazo aproximado de 2 a 3 meses.

También hay que tener en cuenta que tanto durante el tratamiento como finalizado éste, pueden presentarse recaídas. Normalmente, éstas se relacionan con procesos infecciosos que pueda sufrir el paciente. 

Pros y contras

La ventaja más importante de este tratamiento es la eliminación del riesgo de reacciones alérgicas en situaciones en las que no se puede responder frente a ellas –ingestión inadvertida del alimento–. Estas situaciones se presentan con más frecuencia de la esperada en la vida diaria y constituyen un problema para el desarrollo de la vida social de estas personas –asistencia a reuniones, cumpleaños, viajes y excursiones…–. Y por supuesto, eliminado el riesgo, la calidad de vida del pequeño mejora notablemente. El hecho de tener que seguir una dieta con una serie importante de limitaciones resulta muy difícil para los niños, y además, les hace sentirse diferentes.

Pero si bien los beneficios son evidentes, los problemas también existen. Este tipo de tratamientos no se pueden generalizar a toda la población. Son absolutamente individualizados y requieren una gran dedicación tanto por parte del medio hospitalario –personal y espacio– y una no menos implicación y colaboración de los padres. Algunos padres se muestran reticentes a iniciar la desensibilización por miedo a que su hijo sufra reacciones alérgicas. Pero hay que explicar que se trata de conseguir superar el riesgo de reacciones futuras. Las posibles reacciones que pueden aparecer en el transcurso de la desensibilización estarán bajo control del especialista y el personal sanitario, disminuyendo por tanto el riesgo para el paciente.

Los alimentos más problemáticos

La leche, el huevo, el pescado, el marisco, los frutos secos, las legumbres y algunas frutas encabezan la lista. Se trata de los alimentos que con mayor frecuencia provocan reacciones alérgicas en los niños. Pero su prevalencia va variando con la edad. Así, si en una primera infancia, hasta los 5 años, son la leche, el huevo y el pescado los tres alimentos más problemáticos, a partir de esta edad toman el relevo frutos secos, pescados, mariscos y legumbres. Y es que muchos niños van adquiriendo la tolerancia con la edad de alimentos como la leche, pero algunos van, al mismo tiempo, desarrollando alergia a otros alimentos, lo que complica su vida. 

Asesoramiento: Doctora Flora Martín Muñoz, alergóloga del Hospital Universitario Infantil La Paz, de Madrid.

Raquel Burgos