3 cuentos sobre los abuelos para niños

Puro amor

Los abuelos son confidentes, canguros, compañeros de juegos y amigos de los más pequeños de la casa. Hemos reunido tres cuentos con ellos como protagonistas.

3 cuentos sobre los abuelos

¿Qué son para mí los abuelos?

Un día, Fuencisla conoció a una niña que no tenía abuelos. A ella le pareció muy triste y le sorprendió much, porque casi todo el mundo que conocía tenía abuelos. ¿Cómo podía ser? Ella no se imaginaba un mundo sin abuelos.

Rosalinda le preguntó qué eran para ella sus abuelos y Fuencisla se lo explicó detenidamente:

“Mis abuelos me cuidan cuando estoy malita y papá y mamá tienen que ir a trabajar. Me dan la medicina y me tienen calentita. Para mí son los mejores médicos, ¡encima nunca me pinchan!”

“Me llevan y me recogen de la guardería para que no esté tanto tiempo en ella, son mis mejores niñeras.”

“Mis abuelos, que me abrazan y me besan constantemente, que aunque no son unos niños tantas veces lo parece, me hacen reír, me suben a caballito, me enseñan a construir torres y a dar mis primeros pasitos. Son mis mejores compañeros de juego.”

“Aunque parecen mayores son inagotables. Mira, yo no paro, pues ellos siempre están ahí conmigo, regalándome sus sonrisas y caricias y evitando que me caiga y me meta en todos los peligros de la casa. Tienen más que cuatro ojos. Son unos grandes policías, saben lo que va a pasar y evitan que ocurra.”

“Mis abuelos me hacen la comida que más me gusta, me preparan croquetas, macarrones, arroz y siempre está lleno el frigorífico de cosas ricas para mí. Son los mejores cocineros del mundo. Y no digamos cuando me dan golosinas y chuches. No importa si he comido mal, siempre hay un premio para su nieta favorita. Mis abuelos son mis ídolos.”.

“O cuando les dicen a papá y mamá, ‘Pobrecita, no la hagáis llorar’. Son mis grandes defensores, los mejores abogados del mundo.”

“Mis abuelos, que me acurrucan y me besan para que me duerma, que me cuentan las historias más increíbles de cuando ellos eran pequeños y me cantan canciones populares, son unos grandes actores.” “No hay otros como ellos. Les miro y se les ilumina la cara, me recuerdan a mi papá y a mi mamá, se parecen mucho a ellos con unas arrugas de más y mucho más listos; siempre lo saben todo, además papá y mamá aprecian mucho sus consejos. Mis abuelos son unos sabios.”

Rosalinda estaba encantada de saber todo eso de los abuelos de Fuencisla pero en sus ojos asomaban unas lágrimas de pena. Así que Fuencisla le dijo, “es una pena que no tengas abuelos, pero los míos pueden ser tuyos también. Son las personas más generosas del mundo, puedes venir todos los días a jugar conmigo al parque, mis abuelos jugarán con las dos, nos contarán historias a las dos, estarán pendientes de las dos para que no nos pase nada, nos traerán chocolatinas a las dos, y así sentirás lo que es tener abuelos”.

Desde aquel día Rosalinda no se sintió nunca más triste, encontró en los abuelos de Fuencisla a esas maravillosas personas que eran y muchas veces les llamaba abuelos como lo hacía su propia nieta. Lo que ambas niñas tenían claro es que era maravilloso tener abuelos y que tenían que disfrutar de ellos lo máximo posible.

Mercedes Redondo Martín

Cumplidores de sueños

- ¿Mamá, quién es el de la foto que se parece a papá?
 - Es el abuelito, Álex.
 - ¿Y dónde está?
 - En el cielo. Mira, por la noche las estrellas, al igual que las luciérnagas que parpadean y brillan por la noche, allí están las personas que se van y velan por nosotros, al igual que ellas de vez en cuando parpadean o simplemente se vuelven fugaces para concederte todos los deseos que ellos no han podido realizar mientras han estado aquí.
 - Mamá, ¿ y por qué conceden deseos?
 - Muy sencillo, Álex, porque nos quieren y siguen en nuestros corazones. Acuérdate siempre, aunque un día no estemos seguiremos concediendo deseos. Buenas noches.

Rosa Mª Cortés Fuentes

Los abuelos lejanos

A través de la pantalla veo el rostro de mis abuelos iluminarse, les escucho y su voz dulce me acaricia; dicen mi nombre y yo sonrió feliz porque aunque no puedo tocarles ellos están ahí, del otro lado de las montañas esperándome, -a muchos kilómetros de distancia- dice mamá y más allá del mar que desde el cielo parece una manta clara y las nubes gigantescas bolas de algodón que me dan ganas de tocar. Como vivimos lejos hablamos por Internet, que para mí es como una ventana mágica donde puedo ver y escuchar a los abuelos, pero aún así espero ansiosa cada año cuando nos subimos a un avión que es igual a un pájaro de metal y después de muchas horas de viaje podemos abrazar a los abuelos que siempre me reciben con deliciosos dulces que se deshacen en mi boca, me llevan a todos lados, me enseñan cosas que nunca antes he visto y me cuentan tantas historias que me duermo soñando cosas increíbles.
 Lo difícil es cuando mamá y papá deben regresar al trabajo y las vacaciones se acaban. Entonces la cara de mi abuela se pone triste y en sus ojos empieza a crecer un río que a veces se desborda y le moja las mejillas suaves que tanto me gusta acariciar, y mi abuelo, que suele reírse a carcajadas, se vuelve silencioso y quieto como el gato de la vecina. –No quiero irme-, les digo a los abuelos y ellos me levantan en sus brazos que a veces imagino que son alas y puedo sentir como late su corazón igual a una caja musical. –Mira las estrellas-, dice la abuela y yo me quedo mirando el alto cielo con sus millones de focos parpadeantes, -siempre que mires las estrellas nos acordaremos de ti pequeña- dice la abuela y me guiña un ojo.
 Por eso cada noche antes de dormir me despido de las estrellas y les digo que no importa la distancia, ni el tiempo, porque para mí el mundo es un atlas sin fronteras y nuestros sueños el único pasaporte exigido.

Emma Reyes Borja