4 cuentos para niños sobre los Reyes Magos

Relatos hacia Belén

La noche del 6 de enero es la más mágica del año por derecho propio. Aumenta esa emoción leyendo estos cuentos sobre los reyes magos llenos de aventuras.

Reyes Magos

Cada uno a su trabajo

- Mamá, ¿por qué todos los años llega Papá Noel al principio de las Navidades y los Reyes Magos siempre tienen que venir al final?, preguntó Diego.

- ¡Es verdad, no es justo!, dijo Paula. Los niños podemos jugar con los juguetes que trae Papá Noel durante todas las Navidades. En cambio, con los de los Reyes sólo jugamos un par de días… ¡y al colegio!

- Pues no lo sé, pero seguro que tendrá su razón de ser, contestó su mamá -. Y ahora, a la cama.

Pero esa noche una fuerte luz les despertó. Abrieron la ventana y vieron la Estrella de Navidad que les sonreía.

- ¡Subid a mi cola! Voy a llevaros a dar un paseo a unas Navidades diferentes. Papá Noel y los Reyes Magos os han escuchado y se están peleando porque piensan que tenéis razón: los Reyes dicen que Papá Noel es un enchufado y se han negado a repartir los regalos este año si no llegan ellos los primeros. ¡Vais a ver lo que va a pasar!

Y Diego y Paula cogieron sus abrigos, guantes, gorros y bufandas y se subieron emocionados a la cola de la Estrella. Y se elevaron en el cielo, volando deprisa, deprisa…tan deprisa que sólo veían borrosas luces de colores pasar a su lado… hasta que la Estrella frenó, y se dieron cuenta de que estaban volando lentamente sobre su ciudad y de que era Nochebuena.

- ¡Mira, mira! ¡Son los Reyes!, gritó Diego. Pero, ¿qué hacen dando vueltas y más vueltas?

- Es que se han perdido, contestó la Estrella. Se han puesto en marcha demasiado pronto, y a mí no me ha dado tiempo de llegar hasta Oriente para guiarles. Además, los pastores todavía no han llegado a adorar al Niño, y no saben indicarles el camino. ¡Ni siquiera Herodes se había enterado de que ya había nacido Jesús! Y para colmo de males no han tenido tiempo para encontrar oro, incienso ni mirra. ¡Vaya disgusto que se va a llevar Jesús!

- ¿Y los regalos de los niños?, preguntó Diego.

- Pues no van a llegar a tiempo para repartirlos. Y la mitad se habrán caído por el camino, porque los camellos vienen enfadados.

- Claro, pensó Paula, nadie les habrá preparado agua y pienso, ¡como nadie sabía que venían tan pronto!

- Pero venid, agarraos fuerte, que nos vamos a la noche del 5 de Enero, les avisó la Estrella.

Y cuando salieron del torbellino de luces…¡se echaron a reír, porque estaban presenciando un espectáculo de los más divertido! Era Papá Noel, que intentaba entrar en una chimenea pero no pasaba de la cintura e, intentando entrar cabeza abajo, ¡se quedó atrapado mientras sus pies pataleaban fuera! ¡Hasta los renos se morían de la risa!

- ¡Pero si Papá Noel está gordísimo! ¿Qué le ha pasado?, preguntó Paula, asombrada.

- Pues que ha tenido tanto tiempo libre en estas fiestas que se ha puesto morado de turrones, mazapanes y peladillas…y ha engordado tanto que ahora no cabe por las chimeneas. Así que me parece que los niños también se quedan sin regalos esta noche.

- Uuuyyyy…, dijo Diego, que me parece que cada uno estaba mejor trabajando la noche que le tocaba.

- Pues sí, dijo Paula. Porque saben hacer cada uno su trabajo fenomenal, pero si se lo intercambian todo resulta ser un desastre.

Y cuando su madre fue a despertarlos a la mañana siguiente, le gritaron: “¡Mami, mami, Papá Noel sólo puede venir en Nochebuena, y los Reyes Magos en la noche de Reyes. ¡No puede ser al revés!”

- ¿Lo veis? Hay un trabajo que cada persona puede hacer mil veces mejor que nadie, y debe hacerlo bien y disfrutar, sin tener envidia de los demás… ¡ni siquiera de Papá Noel o de los Reyes Magos!

Marta Nonide Robles

El deseo de Jordi

Se acercaban las navidades y los papas de Jordi le preguntaron qué le gustaría que le trajeran los reyes.

- Seguro que te traerán lo que les pidas, te has portado muy bien, pero piénsalo bien, porque este año sólo podrán traer un regalo, dijo su papá.

- Pues quiero un osito azul-contesto Jordi.

Así que escribió la carta a los Reyes Magos, en la que les pedía un osito azul. Los reyes, al recibir la carta de Jordi y comprobar que este se encontraba en el libro blanco de los niños que se habían portado bien, se pusieron manos a la obra en busca de un osito azul. Parecía tarea fácil, pero no lo era, buscaron por todas partes, en jugueterías, en tiendas de mascotas, preguntaron a los pajes, hasta que hablaron con Papá Noel al que se le ocurrió la brillante idea de que Mamá Noel podría hacerle uno con lana azul.

A los Reyes les pareció una magnifica idea así que, Mamá Noel empezó a tejer y a tejer pues no había tiempo que perder, se acercaba la noche de Reyes y todo tenía que estar preparado para que ningún niño se quedara sin regalo.

Mientras tejía, se le acabó la lana azul y siguió con lana blanca que le puso en las patitas, orejas y morrete.

- ¡Perfecto!, dijo Mamá Noel cuando acabó. Eres gracioso, azul y muy tierno. Seguro que cuando Jordi te vea le vas a encantar

Y llegó la noche del 5 de enero, Jordi dejó para los Reyes galletas y leche y agua para sus camellos. A la mañana siguiente, cuando se levantó, vio que le habían dejado un paquetito.

- ¡Bien! Se han acordado de mí. ¿Qué será?

Y al abrirlo se encontró con el osito más gracioso, azul y tierno que había visto nunca.

- Le llamaré Bo.-dijo. Y desde ese día Bo es el mejor amigo de Jordi y no se separan nunca.

Carlota Silva Solis

La noche de Reyes

Los tres reyes magos llegaron a casa muy, muy tarde, casi de día.

La noche había sido muy larga y sus pies estaban doloridos. Se quitaron sus lujosas vestimentas y tras, lavarse los dientes, se pusieron los pijamas rápidamente para que no les cogiera el frío.

Los tres Magos dormían juntos en una habitación muy especial de tres camas. Melchor fue el primero que se metió en la cama, después fue Gaspar, con su pijama de rayas, y por último Baltasar.

Melchor apagó la luz y, en la oscuridad de la noche y con voz muy seria y grave, les susurró a sus hermanos:

- Recordad: aunque oigáis ruidos, no se os ocurra levantaros…

Cuando el sol de la mañana les despertó, Baltasar pegó un salto de su cama y corrió a despertar a los otros dos Magos. La habitación estaba llena de sonrisas de agradecimiento de todos los niños del mundo envueltas en papel de colores.

Los tres Magos se pasaron el día abriendo cada una de las sonrisas y dando gracias por ser tan afortunados. Ellos sabían que el mejor regalo nunca se compra con dinero.

Gema Molina Gómez

El alcalde y la noche de Reyes

En un lindo pueblecito de un lindo país, llegaba a Navidad cargada de ilusión. Pero al nuevo alcalde, egoísta y gruñón, no le gustaba nada la Navidad y estaba dispuesto a fastidiar las fiestas a todos. Reunió a todo el pueblo en la puerta del ayuntamiento y desde el balcón proclamó la no existencia de los Reyes Magos.

¡¡Oooooohhhh!! exclamaron. Muchos se preguntaron el porqué de esa fatal noticia. El nuevo Alcalde expuso sus motivos: que nadie jamás los había visto, que era absurdo que tres camellos no hicieran ruido alguno y que si alguien tenía alguna prueba de su existencia debía aportarla.
 Manuelito dio un paso adelante y explicó que los Reyes siempre se bebían el licor y comían de los dulces que los niños les dejaban. Además los camellos se bebían toda el agua y dejaban huellas en la hierba. Todos los demás aldeanos asintieron con la cabeza murmurando.
 - ¡Tonterías que no se pueden probar!, dijo el Alcalde entre dientes. ¡Seguro que son los ratones los que se comen los dulces! ¡Desde hoy no se celebrará más el día de Reyes!
 Los niños hicieron un corrillo en el centro de la multitud y después de hablar durante unos minutos, Manuelito se dirigió al alcalde:

- Hemos decidido proponer a todo el mundo una idea para probar la existencia de los Reyes Magos. Consiste en que la noche de Reyes, antes de que caiga el sol, todos nos reunamos en la entrada del pueblo y nos ocultemos bien para poder ver llegar a los Reyes Magos.
 Y así lo hicieron todos, incluido el Alcalde gruñón. Se escondieron en los árboles, detrás de las rocas, entre los arbustos, tras las ventanas y hasta entre las ovejas dormidas del rebaño. Ya estaba entrada la noche cuando una extraña niebla blanca los envolvió y todos se quedaron dormidos. Cuando despertaron al amanecer el alcalde empezó a decir:
 - ¿Veis como no hemos visto nada? ¡Es todo una patraña!
 Pero uno de los niños dijo:

- ¡No os mováis! ¡Allí, en el camino del bosque, se ve algo!
 Efectivamente, en el camino que salía del pueblo se veían tres camellos que se movían lentamente cargados de fardos y tres figuras vestidas con capas y coronas de oro que se despedían con las manos de los aldeanos. Todos los habitantes sin excepción podían verlos porque todos creían en ellos con el corazón. Todos menos el alcalde malhumorado que no veía absolutamente nada de nada. Manuelito se acercó a él y le dijo:

- ¡Nunca los verás porque no los miras con los ojos del niño que un día fuiste!
 El alcalde se entristeció mucho y se acordó de pronto de aquellos años en los que, de niño, esperaba paciente despierto para poder ver a los Reyes y siempre se quedaba dormido. Entonces creyó recordar que sí que los vio una vez, en un sueño maravilloso que había olvidado por completo. Corrió al camino y abrió los ojos de par en par ilusionado.
 - ¡Los veo! ¡Los estoy viendo! ¡Los Reyes existen! ¡Qué equivocado estaba!
 Todos rieron de felicidad y se acercaron al alcalde, le abrazaron y volvieron juntos a sus casas para abrir sus regalos. Como siempre ha sido pasaron unas navidades estupendas, incluido el alcalde gruñón que recibió como regalo un impresionante camello, ¡de juguete, claro!

Rosa del Valle Trenado Cabello