4 cuentos cortos para el Día de la Madre

Una jornada muy especial

El Día de la Madre es especial por muchas razones, la más importante porque tienes la ocasión de recordarle lo mucho que la quieres. Os invitamos a compartir uno de estos cuentos para el Día de la Madre como regalo.

Madre e hija leyendo

Un regalo para mi mamá

A mi mamá le voy a regalar un gusanito de seda, por su capacidad extraordinaria para cuidar y mimar. Le buscará un hogar cómodo y confortable, se preocupará para que no le falte comida, le acariciará con una sonrisa, velará por su seguridad y se asegurará de que está bien. Dejará que vaya creciendo y aloje su capullito, y cuando ya se convierta en mariposa le abrirá la puerta y le dejará volar en libertad. Nunca dejará de quererle, y si un día la mariposa se siente sola o necesitada, mi mamá se encargará de apagar todas las luces del mundo, excepto la de su casa, que brillará más que nunca para que la mariposa encuentre el camino y la esperará con los brazos abiertos. Así es mi mamá. 

Juana Berenguer Moreno 

La mejor cocinera del mundo

Sara aún no podía creer lo que estaba ocurriendo. Su mamá era muy normal, era como cualquier buena mamá, menos cuando entraba en la cocina. De pronto, su cara se transformaba. Su nariz se hacía mucho más grande y podía oler cualquier ingrediente para sus platos que se hallara en la cocina. También podía oler cuántas personas vendrían a comer o merendar ese día a casa y su plato favorito. Así que todos los que venían a comer a casa quedaban muy contentos. Nunca fallaba. Pero lo mejor y más divertido es que la mamá de Sara no necesitaba muchos ingredientes. Cuando cocinaba nunca te imaginabas lo que saldría de su cazuela cuando levantaba la tapa. Un día, Sara quiso poner a prueba a su mamá e invitó a todos sus amiguitos del cole a comer en su casa sin decírselo a ella. Cuando mamá abrió la puerta de casa, Sara entró con 40 amiguitos. Mamá dijo al instante:

- Con que Sara os ha invitado a comer, ¿eh? Pues sentaros donde podáis porque la comida estará lista en 3 minutos.

Pero Sara y sus amigos prefirieron ir a la cocina detrás de mamá para ver cómo preparaba tanta comida en sólo 3 minutos. Mamá cogió su cazuela y se transformó en un instante. Su gran nariz olisqueó un poco por la cocina y comenzó a sonreír y cantar una graciosa canción a los niños que se divertían mucho viéndola cocinar y cantar. Se movía muy rápido por toda la cocina cogiendo primero un poco de harina, luego una pequeña zanahoria, un tomate, una pizca de agua y sal. Le puso la tapa a la cazuela y lo movió un poquito. Después levantó la tapa y salió un delicioso aroma que cada niño identificó como el olor de su comida favorita.

- ¡Bieeeen! comenzaron a gritar todos los niños, a los que se les hacía la boca agua.

Mamá cogió un gran cucharón y comenzó a servir la comida en el plato de cada niño. Todos se quedaron boquiabiertos. Cada vez que mamá servía comida a un niño, de la cazuela salía su comida favorita. A uno espaguetis, a otro pollo asado, a otro pizza, a otro hamburguesa, y así hasta 40.

- ¡ Viva la cocinera loca! gritaron todos muy contentos y satisfechos.

Mi mamá es genial! reconoció Sara. 

Rosario Fortuna Sánchez

¿Por qué quisiste tenernos?

-Mami, cuéntanos otra vez por qué quisiste tenernos.

-Pues...iba yo paseando por el parque un día cuando un niño pequeño tropezó conmigo y me hizo caer. Y pensé: “qué bonito sería caerme con mi hijo en brazos”.

Al día siguiente vi correr a una madre detrás de su hija con un bocadillo en la mano y pensé: "qué divertido jugar así a pillar con mi hija". Dos días después oí a un padre gritar a su hijo muy fuerte y pensé “seguro que yo podría gritar más fuerte que un papá”. La siguiente semana vi a una madre que empujaba un carrito de bebé con una mano mientras con la otra agarraba de la chaqueta a su hijo que se quería marchar corriendo y sujetaba con los dientes el bolso y pensé: “qué suerte poder practicar todos los días para tener cada vez más agilidad”. Otro día fui a visitar a una amiga y vi una casa llena de juguetes tirados por el suelo. Y pensé: “¡qué bien me vendría agacharme y levantarme varias veces al día para estar en forma”. Más tarde vi dos hermanos discutiendo y pensé: “esto es lo que yo siempre quise ser de mayor: juez de paz”. A los pocos días vi a un papá poniendo una tirita en la rodilla de su hija y pensé: “¡yo también quiero jugar a los médicos!”. Entonces llegué a casa y le dije a papi:

- Tenemos que tener dos hijos.

-¿Y nos hiciste como tú querías?

-Sí, exactamente como yo quería. Yo quería niños que corrieran entre mis piernas, que se escaparan corriendo cuando yo quería que comieran o se acostaran, que me enseñaran a gritarles cada vez más fuerte, que me convirtieran en una madre malabarista y en la más veloz del mundo, que me hicieran hacer mucho ejercicio jugando a ordenar y desordenar, que se pelearan todo el día para que yo pudiera pasarme la vida enseñándoles a pedirse perdón y a compartir, y que me hicieran estudiar para ser médico-enfermera-profesora-limpiadora-cocinera-escritora-inventora-maga.

-¿Por eso nos dices tantas veces que nos quieres mucho?

-¡Por eso mismo! Porque no pude fabricar unos hijos más perfectos, maravillosos y estupendos. ¡Vosotros habéis superado todas mis expectativas y habéis conseguido que todos mis sueños se cumplieran! 

Marta N.Robles

El angelito Curioso

Curioso era un angelito rechoncho que siempre quería saberlo todo. Preguntaba continuamente a Dios todo aquello que se le ocurría. Preguntaba incluso cuando todos dormían, él solo quería aprender y aprender lo máximo posible, para ir muy preparado a la tierra. Quería ser el mejor de todos, y que Dios se sintiese orgulloso de él. Pero un día Dios quiso saber qué le impacientaba a Curioso. Fue entonces cuando Curioso confesó a Dios todo su miedo a no saber comportarse correctamente, a no encontrar sus sitio y perderse en un mundo tan grande. Y Dios, tiernamente cogió al angelito en su mano y le explicó:

- Cuando llegues a la tierra, nacerás de nuevo. Tendrás que aprender a hablar, a andar, a jugar. Tendrás frío en invierno y calor en verano, y a veces habrá cosas que no te gusten y te harán llorar. Todo lo que vives aquí, será distinto en la tierra, por eso todo lo que ahora sepas, no lo recordarás al nacer. Sin embargo, igual que aquí has aprendido de mi, en la tierra habrá quien te enseñe todo lo que necesites, quien te arropará cuando tengas frío, quien te calmará el llanto con abrazos, y quien te responderá cada pregunta que hagas aunque esté descansando.

Entonces Curioso, aún se entristeció más, y le preguntó a Dios:

- ¿ Y siendo la Tierra tan grande, con tanta gente distinta, y yo tan pequeño, como voy a saber a quien preguntarle?

Y Dios, despacito, posándole sobre una nube de algodón, le dijo:

- Cuando llegue el momento, tan solo tendrás que mirar a sus ojos, te sentirás tan a gusto entre sus brazos, tan calentito...Que no tendrás ninguna duda. Y cuando calme tu llanto, y sientas la misma paz que tienes aquí arriba, sabrás sin duda, que ese será tu maestro, de quien aprenderás todo en la tierra y quien no se separará de ti jamás. Además, Curioso, todos los angelitos, reconocen a su maestro desde el primer momento en que lo ven, será la más guapa de todas, por mucha gente que haya, entre un millón de maestros, solamente habrá una persona capaz de hacer magia contigo como hago yo...Tu mamá.

Curioso, miró a Dios y sonrió, y por primera vez en mucho tiempo,se sentó a descansar y esperar el momento en que le tocase la suerte de conocer a esa persona tan importante que sería su mamá. 

Angeles gvh