Para qué sirve el líquido amniótico

Barrera de protección

Durante nueve meses nadará como pez en el agua en un espacio líquido que le protege de posibles agresiones externas: golpes, infecciones, movimientos bruscos… Dentro de la bolsa de aguas crecerá flotando, sin conocer aún las leyes de la gravedad.

Desarrollo fetal

Una burbuja de líquido

Durante su vida intrauterina flotará en un medio acuoso que le mantendrá aislado de golpes externos e infecciones. Gracias al líquido amniótico, la madre siente sus movimientos amortiguados y el bebé se mueve cómodamente. Además, se trata de un excelente aislante, pues su temperatura no oscila aunque fuera esté nevando o haga un calor asfixiante.

A partir de la sexta semana de embarazo, el embrión flota en su burbuja llena de líquido que irá creciendo a medida que transcurra el embarazo. Este líquido está constituido por agua en un 97% y contiene sales, minerales y otras sustancias que ayudan a madurar al feto. Pero también flotan células que se desprenden de la piel y cabellos y pequeñas sustancias de materia grasa.

La cantidad de líquido amniótico varía a lo largo del embarazo: 20 centímetros cúbicos en la séptima semana; de 300 a 400 en la semana veinte; y un litro durante el noveno mes. A partir de la semana 38 esta cantidad disminuye, igual que el número de ciertas partículas de grasa, lo que indica que el feto ya está maduro para su nacimiento.

Aislante y protector

Las funciones del líquido amniótico son variadas, pero su principal labor es actuar como barrera protectora y aportar al feto agua y sales minerales.

La piel del bebé absorbe líquido amniótico pero, a medida que comienzan a funcionar los riñones, lo traga, atraviesa el aparato digestivo y lo excreta en forma de orina. Sin embargo, el líquido se mantiene siempre limpio y en óptimas condiciones dentro de la bolsa, renovándose cada tres horas: se reabsorbe y se reemplaza por otro limpio.

Por otro lado, es la principal barrera que protege al feto de los golpes exteriores y, al ser un medio esterilizado, le aísla de las posibles infecciones maternas.

También sirve para que el sistema inmunológico de la madre no rechace totalmente el cuerpo extraño del feto, pues solo un 50% del material genético pertenece a ella.

Normalmente, la bolsa solo se abrirá, dejando escapar el líquido, pocas horas antes de que se produzca el parto. En esos momentos, desempeña una función crucial, pues sirve para lubricar el aparato genital y lograr así que el niño lo atraviese con más facilidad.

¿Y si se rompe la bolsa?

Varias son las razones que pueden provocar una rotura temprana de la bolsa de aguas. Las  contracciones prematuras, la debilidad del cuello uterino o la existencia de alguna infección genital son algunas de las posibles.

Cuando se produce una rotura de la bolsa, las semanas de embarazo serán esenciales para decidir cómo actuar. Si es antes de las 36 semanas, es decir, cuando el bebé aún no está perfectamente desarrollado, se procurará continuar con el embarazo guardando reposo en cama. Es posible que se administre algún fármaco que haga cesar las contracciones y se añada un antibiótico para prevenir la aparición de infecciones. La ubicación de la fisura en la bolsa es esencial para establecer la gravedad de la rotura. Si se ha producido en la parte superior de la bolsa, suele cerrarse simplemente con reposo, pero si está cerca del cuello del útero es más difícil porque el feto presiona la zona. Si la rotura de la bolsa se produce en una fecha cercana al parto, lo más conveniente es provocarlo en un periodo no superior a 24 horas.

Es frecuente perder algo de líquido antes del parto debido a una pequeña fisura de la bolsa de las aguas. Se distingue de la orina porque el color del líquido es amarillo clarito y tiene un olor dulzón muy distinto al de la orina. Con la bolsa de aguas rota, el riesgo de infección es grande, por lo que hay que acudir al hospital.

Pero también puedo ocurrir que el parto esté en marcha y la bolsa tarde en romperse; entonces será el ginecólogo o la matrona quien lo haga cuando el cuello del útero haya alcanzado 4 o 5 centímetros de dilatación. No es doloroso, pero sí sorprendente la cantidad de líquido que se expulsa.

Una fuente de información

El líquido amniótico posee células fetales y microorganismos que proporcionan gran cantidad de información sobre el bebé. Suanálisis puede indicarnos la existencia de alguna anomalía genética, el estado de maduración e, incluso, el sexo del futuro bebé.

La amniocentesis y la amnioscopia son dos técnicas de diagnóstico prenatal que se basan en el análisis del líquido amniótico.

  • La amniocentesis: Una muestra de unos 15 o 20 ml de líquido basta para conocer muchos datos sobre el feto. Se obtiene aspirándolo con una aguja hueca que se introduce a través del abdomen de la madre mediante una sencilla maniobra. Se realiza entre la semana 15 y 17 de gestación. Las complicaciones son infrecuentes y ocurren en una de cada cien pruebas realizadas (1%). El diagnóstico suele conocerse a las 3-4 semanas, que es el tiempo necesario para que las células fetales crezcan en el cultivo celular y puedan ser analizadas. Para llevarla a cabo, el médico realizará una ecografía para localizar la placenta e introducir allí la aguja ayudado constantemente por un monitor.
  • La amnioscopia: A partir del 8º mes, y hasta el momento del parto, el bebé tragará bastante líquido amniótico. El meconio, formado a partir de detritus celulares y grasos contenidos en este líquido, se acumula en su intestino formando una sustancia verdosa o negruzca, espesa y viscosa que eliminará a las pocas horas de nacer. Si se detecta este meconio en el líquido se trata de un signo de sufrimiento fetal, por lo que es posible que se decida provocar el parto. La amnioscopia es una técnica muy sencilla que permite observar a través de la vagina la presencia de meconio en los últimos días del embarazo, por eso cada vez se realizan con más frecuencia.

Yolanda Virseda