Los peligros de 'El juego del calamar' para los niños: de la ficción al patio del colegio

Los centros educativos dan la voz de alarma: “El juego del calamar” no es para niños

Se ha convertido en el fenómeno de moda, se comparten miles de memes inspirados en sus escenas y las redes sociales están copadas de comentarios y opiniones. El juego del calamar, la nueva producción de Netflix, ha logrado ser, en tan solo un mes, la serie más vista de la historia de la plataforma.

Juegos infantiles en un argumento no apto para menores de 16

La producción surcoreana parte de un argumento sencillo, pero macabro. 456 jugadores con importantes deudas y sin recursos económicos deciden participar en una competición para poder conseguir una cantidad de dinero capaz de convertirles en multimillonarios y hacerles olvidar sus problemas. Las pruebas están basadas en juegos infantiles como “El escondite inglés”, las canicas o la cuerda, aunque, en esta macabra partida, quien pierde es asesinado.

La violencia, la angustia e incluso el terror mezclados con la supuesta inocencia de los típicos juegos de la infancia conforman una parte fundamental del tétrico y asfixiante, aunque altamente interesante ambiente que El juego del calamar logra transmitir a sus espectadores, incluso en los más pequeños.

A pesar de no estar recomendada para menores de 16 años, son muchos los niños y niñas que no han querido, llevados por el boca a boca y las redes sociales, perderse la serie de moda y, en algunas ocasiones a escondidas de sus padres, y en otras con la connivencia o pasividad de los mismos, han devorado los capítulos que conforman la primera temporada en cuestión de días. 

Colegios y centros educativos dan la voz de alarma

Una práctica peligrosa ya que, como los psicólogos y docentes de toda España se han visto obligados a advertir en los últimos días mediante circulares, grupos de WhatsApp y reuniones entre tutores y padres, los menores aún no tienen los criterios necesarios para distinguir el bien del mal y la ficción de la realidad

Así lo refleja este comunicado del Colegio San Juan de Dios de Málaga, que asegura que han observado comportamientos en los que los niños llegan incluso a imitar las conductas violentas que se exhiben en la serie. Además, ofrece una serie de recomendaciones a las familias que van desde el uso del control parental de las plataformas hasta “educar la mirada” de los más pequeños con el fin de que aprendan a discernir que aquello que ven en las series o en las películas no es real.

Pero estos hechos no solo han ocurrido en Málaga: varios centros de Infantil y Primaria de Barcelona, Madrid y Bilbao han enviado circulares internas a las familias advirtiéndolas de juegos parecidos durante el recreo. Esta nueva y peligrosa moda ha llegado a varios países y hace unos días conocíamos la noticia de que en un colegio de Bélgica los niños y niñas habían llegado incluso a emplear la violencia física contra aquellos que perdían.

La responsabilidad de padres y tutores

Pero de poco sirven las prohibiciones en los centros de educación y las circulares y comunicados si en casa los más pequeños consiguen acceder a este tipo de contenidos sin supervisión parental

Lo cierto es que no existe una fórmula mágica que nos permita saber cómo afrontar estas situaciones con los menores. ¿Debemos prohibirles ver la serie o eso solo aumentará su curiosidad? ¿La prohibición hará que encuentren la manera de verla a escondidas y sin nuestra supervisión? ¿Es conveniente que con el fin de evitarlo veamos El juego del calamar con ellos para poder explicarles las situaciones o censurar las escenas más violentas?

El exdefensor del menor de la Comunidad de Madrid y psicólogo forense Javier Urra explica en declaraciones a Europa Press Televisión que la serie tiene una violencia "muy clara y gratuita con ideas perversas" y que en ocasiones prohibir "puede ser pedagógico". Pero, ¿qué podemos hacer para acabar con el interés de nuestros hijos? Para Urra, la respuesta está clara: lo más inteligente podría ser enseñar un trozo de la serie para que maten la curiosidad y que no busquen escenas por su cuenta. "Explicarles por qué está mal" con el objetivo de convertir algo tóxico y negativo en un aprendizaje.

Miriam Hernández