Cuándo y cómo aprender un segundo idioma

Las ventajas del bilingüismo

Se dice que los niños son como esponjas. Y es cierto, pero comunicarse en dos o más idiomas es una dificultad añadida incluso para ellos. Para lograrlo, necesitarán el entorno adecuado, motivación y el apoyo y paciencia de sus padres. Las ventajas presentes y futuras del bilinguïsmo valen los esfuerzos.

niño leyendo

La mejor edad para aprender un segundo idioma

Si hay algo que verdaderamente quieren los padres es proporcionarles a sus hijos el dominio de una segunda lengua desde la infancia. El mundo globalizado exige el aprendizaje de, al menos, dos idiomas y los colegios bilingües ofrecen esta posibilidad desde la enseñanza infantil.
Pero los beneficios de un bilingüismo precoz van más allá que adelantarse a una hipotética necesidad de futuro. Está demostrado que niños expuestos a varios idiomas desde pequeños son más creativos y desarrollan más habilidades. Aprender un segundo idioma ayuda a programar los circuitos cerebrales y será más fácil aprender nuevas lenguas en el futuro.

El mejor momento para empezar con otro idioma 

Los expertos en Psicología Evolutiva coinciden en que una vez que los conocimientos en la lengua materna son suficientes como para que el pequeño sea capaz de asociar cada palabra con un objeto, se puede comenzar la enseñanza reglada de otro idioma. Es decir, no antes de los tres o cuatro años. En este momento de la evolución psicológica, el niño no ofrece resistencia a entender mensajes sencillos en otro idioma y a reproducirlos poco después, con una buena capacidad para imitar nuevas fonéticas. Algo que, inevitablemente, se va perdiendo con los años. A la edad preescolar los niños aprenden muy bien los contenidos de memoria a través de canciones y cuentos. Ellos no sienten la necesidad de saber cómo se escriben las palabras. El éxito del método que se escoja para enseñar al pequeño radica en este punto: tiene que ser como un juego, algo que divierta al niño y le despierte su curiosidad.
Lo que se intenta es que el niño le coja el gusto al idioma y lo disfrute. No hay que olvidar que los resultados se esperan a largo plazo. Con lo cual, lo mejor será que se hagan con una segunda lengua y no que la vean como una asignatura más con reglas y exámenes.

Bilingüe desde la cuna

Las tornas cambian cuando el pequeño tiene a su disposición el bilingüismo desde que nace, o sea padre y madre de lenguas diferentes, o cuando emigra a un país donde se habla otro idioma. Entonces la relación con el tiempo no puede ser tan relajada y la necesidad de comunicarse se impone y acelera el aprendizaje.
La teoría se divide en dos enfoques mayoritarios sobre las formas más razonables de ayudar a un niño a hacerse a la vez con dos lenguas:

  • Un padre, un idioma. Establece que cada progenitor asuma una lengua y se comunique exclusivamente en ese idioma con su hijo desde los primeros años de vida. Por ejemplo, la madre le habla en español y el padre, en inglés. Cuando cada padre le habla al niño en su idioma, al pequeño puede asociar idioma y persona y le resulta fácil hacer la diferencia entre los dos códigos.
  • El idioma minoritario en casa. Recomienda que el niño use en la escuela y fuera de casa el idioma del lugar en el que vive, mientras en casa, se habla en la lengua materna de la familia. Eso sí, conviene que los adultos no mezclen los idiomas, aunque probablemente el niño lo haga durante un tiempo. Si el pequeño lo hace, los padres deben tratar de corregir el “error” sin darle mucha importancia.

Muchos padres cuyas lenguas maternas son diferentes, se preguntan si el esfuerzo de aprender dos idiomas a la vez no va a ir en contra de la adquisición de otros conocimientos. En estos casos, los pedagogos recuerdan que el niño aprenderá independientemente del idioma en que le hablen y que lo mejor es que cada persona se comunique con el pequeño en la lengua en que mejor se expresa.
Es probable que si el niño aprende dos lenguas al mismo tiempo vaya adquiriendo más lentamente el vocabulario de cada una de ellas. Algunos expertos hablan de hasta seis meses de retraso respecto al momento de comenzar a hablar, pero en poco tiempo se pondrá al día y podrá usar los dos idiomas con soltura.
¿Cuáles son los errores más frecuentes que comete un niño que está aprendiendo al mismo tiempo a hablar en dos idiomas? A veces, invierten el orden de las palabras de una oración, mezclan varios idiomas en la misma frase o se inventan palabras contruidas con los dos idiomas. Los padres deben corregir estos errores de una manera divertida sin que supongan un trauma para el pequeño. Es cuestión de tiempo y paciencia.
Si padres e hijos no hablan el mismo idioma en casa, la comunicación familiar puede debilitarse y los padres podrían perder cierto control sobre sus hijos. Es un tema que hay que vigilar de cerca para que no ocurra. Más vale introducir cierta flexibilidad en las reglas que empobrecer el diálogo con los hijos.

Cuando los adultos no dominan la lengua que sus hijos aprenden en el colegio y que, probablemente, terminará imponiéndose, la influencia de la escuela sera primordial. A pesar de las dificultades de comunicación, conviene que los padres mantengan un contacto estrecho con la institución.

Un idioma en casa, otro en el cole ¿Ventaja o sobreesfuerzo?

Algunos padres temen que hablar a sus hijos en una lengua diferente a la que se emplea en el país donde viven y en la que, probablemente, serán escolarizados, les pueda retrasar en la escuela. Sin embargo, antes de ir a clases el niño habrá estado mucho más en contacto de lo que se cree con la nueva lengua gracias a la televisión, la radio y los nuevos amigos. Una vez que comienzan a ir a la escuela, se ponen al nivel de sus compañeros rápidamente. Es entonces cuando el problema para los padres se invierte: ¿Cómo conseguir que no pierdan su primera lengua? Por naturaleza, los niños se querrán parecer más a sus compañeros de clase y si sus amigos hablan, por ejemplo, sólo español ellos también querrán hacer lo mismo. Si los padres quieren que sus hijos conserven la lengua materna de la familia, al menos uno de los padres, debe continuar hablándolo en casa, independientemente de la resistencia que puedan encontrar en los pequeños.
En Estados Unidos, un país con gran experiencia en acoger a emigrantes, las cifras muestran que las familias inmigrantes pierden su idioma nativo en la tercera generación. Pero esta especie de ley no escrita no tiene que cumplirse a rajatabla si una familia se esfuerza por mantener sus tradiciones culturales, entre ellas su lengua. Al final, el conocimiento que los niños tengan de su cultura de origen dependerá mucho del entusiasmo y la motivación de sus padres por trasmitirles una herencia que no va sólo en el idioma, también en la música, la comida o la filosofía de vida. Lo ideal es que el chico pueda interpretar el hecho de ser diferente de sus amigos como una circunstancia que lo enriquece y no como algo de lo que avergonzarse.
En España, este conflicto quizá parezca ahora lejano porque la emigración es un fenómeno relativamente reciente, pero en unos años, como ocurre en Francia o Reino Unido, las nuevas generaciones de hijos de inmigrantes tendrán que hacer un verdadero esfuerzo para conservar su cultura.

Pautas para ayudarle a hablar un segundo idioma

  • Háblale siempre en un mismo idioma, el que dominas mejor. Le ayudarás a diferenciar los dos códigos.
  • Enséñale el respeto por ambos idiomas. No permitas que te hable en dos lenguas a la vez y cada vez que se equivoca, repite correctamente la oración sin forzarle a que haga lo mismo. 
  • Procura que el niño lea, vea películos u oiga canciones en ambos idiomas. Le servirá a ampliar su vocabulario y le motivará. Nada mejor como integrar el segundo idioma en actividades de juego.
  • Usa el mismo idioma con todos tus hijos. La lengua crea vínculos emocionales y no conviene crear diferencias.
  • Sé constante, ten paciencia y ajusta tus metas a las circunstancias. La práctica continuada y el grado de exposición a la nueva lengua terminarán por tener éxito aunque quizás no sea de forma tan rápida o excelente como te gustaría.
  • Procura viajar al país de la segunda lengua. La práctica de un idioma va unida al mundo de los afectos. Crear lazos con la otra familia o la segunda cultura le motivará para seguir esforzándose.
  • Igualmente, expresar opiniones negativas sobre el país del segundo idioma puede generar en el niño sentimientos de rechazo que le lleven a negarse a hablarlo.
  •  Haz que se sienta orgulloso de su diferencia. El mejor aliciente para un niño bilingüe es sentir la satisfacción de sus padres y la admiración de su entorno cuando le oyen expresarse correctamente en ambos idiomas.

Asesoramiento: Petra María Pérez Alonso-Geta
Directora del Instituto de Creatividad de la universidad de Valencia