Entrevista | ¿Cómo hablar con nuestros hijos de sucesos trágicos? Consejos de Fundación ANAR

Diana Díaz, directora del Teléfono y Chat ANAR de la Fundación ANAR nos ofrece pautas y consejos para conversar con nuestros hijos de estos temas tan delicados

Pandemias, erupciones volcánicas, incendios, guerras, atentados… Son muchos los sucesos trágicos que a diario acaecen en el mundo, y las redes sociales y los informativos y programas emitidos por los medios de comunicación están, desgraciadamente muy a menudo, plagados de malas noticias. Pero no solo los adultos somos conscientes de esta problemática. Los niños y adolescentes también están expuestos a todas estas situaciones y, en ocasiones, incluso también llegan a sufrir sus consecuencias. 

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Ante tal aluvión de información, es lógico que los más pequeños y también los adolescentes, nos planteen muchas cuestiones y se muestren tristes y preocupados. Como padres, lo principal para nosotros es que nuestros hijos se sientan a salvo, pero también es esencial hablar con ellos de todos estos temas. Ante esta situación, la Fundación ANAR (Ayuda a Niños y Adolescentes en Riesgo) nos da las claves para que podamos llevar a cabo esta ardua labor que, en la mayoría de las ocasiones, no sabemos cómo afrontar. Para ello conversamos con Diana Díaz, directora del Teléfono y Chat ANAR de la Fundación ANAR.

Guía del Niño: ¿Cuál es vuestra labor en la Fundación ANAR?

Diana Díaz: La Fundación ANAR empezó su andadura en 1970. Llevamos más de 50 años promoviendo y defendiendo los derechos de los niños y niñas en España y también en Latinoamérica. La Fundación ANAR comienza con los hogares de acogida, sobre todo en Latinoamérica. Los programas que se desarrollan en España tienen que ver, además de con los hogares de acogida, con programas de prevención y la difusión de líneas de ayuda en centros escolares. El programa estrella es el Teléfono ANAR, con sus distintas líneas de ayuda. El Teléfono ANAR lleva desde 1994 orientando y ayudando a niños, niñas y adolescentes en cualquier situación de su día a día que les pueda preocupar. Como el abanico es tan amplio, puede haber situaciones más cotidianas, como dificultades de relación o comunicación con las personas de su entorno y también puede haber situaciones muy graves, como problemas psicológicos de gran calado, o situaciones de violencia como maltrato, abuso sexual, violencia de género, acoso escolar… 

Desde el Teléfono ANAR y sus distintas líneas de ayuda recibimos estas peticiones de ayuda, de niños, niñas y adolescentes o familiares o adultos de referencia y les damos una orientación a nivel psicológico. Estamos 24 horas, todos los días del año, y nuestro servicio es absolutamente profesional (contamos con psicólogos, abogados y trabajadores sociales) y confidencial, por supuesto. Atendemos a toda España. Desde aquí canalizamos la petición de ayuda. Para ello, en primer lugar realizamos una exploración de la situación de los menores y sus entornos familiares. Siempre que se pueda apoyar al menor o a su familia para resolver problemas, les ofrecemos nuestros recursos. El segundo nivel de ayuda es la derivación: cuando los problemas no pueden solucionarse únicamente en el entorno familiar, se deriva a un profesional del entorno. El tercer nivel se desarrolla cuando las situaciones que nos encontramos al otro lado de la línea son de grave riesgo de desamparo o emergencias. Desde ahí damos traslado a los organismos competentes. Después realizamos un seguimiento para ver si se ha encontrado una solución. 

La principal línea de ayuda es el Teléfono ANAR (900 20 20 10) de ayuda a los niños y adolescentes. Es gratuito, anónimo y confidencial. De manera complementaria tenemos el teléfono para la familia y los centros escolares (el Teléfono ANAR del Adulto y la Familia: 600 50 51 52) para ayudar a cualquier adulto a orientar a ese menor de edad en situación problemática o de riesgo. También tenemos el Teléfono ANAR para niñas y niños desaparecidos (116000) atendido por nuestro equipo de profesionales. Gestionamos además el teléfono, en colaboración con el Ministerio de Educación 900 018 018, para los casos de acoso escolar. También atendemos vía email y vía chat y tenemos un convenio de colaboración con el Ministerio de Igualdad para atender a menores víctimas de violencia de género, ya sea sufrida en su entorno familiar, o para adolescentes que la están sufriendo de mano de sus parejas.

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GDN: ¿Es conveniente hablar con los niños de noticias relacionadas con sucesos trágicos? ¿Hasta qué punto? ¿A partir de qué edad?

D.D.: Cuando estamos frente a un suceso inesperado que afecta a la población general y que está saliendo en los medios de comunicación, como es el caso del volcán, el COVID-19... o afecta a nivel familiar, los menores de edad necesitan información y explicación, dependiendo de la edad. No es lo mismo hablar con un menor de 4 años porque su nivel de entendimiento es más básico, que hablar con adolescentes. Tenemos que adaptar el discurso a la edad y, también, previamente analizar qué es lo que ellos saben de la situación que vamos a comunicar. Tenemos que hablar de ello porque, de todos modos, les puede llegar la información por una tercera persona de manera inadecuada. Por ello, lo esencial es preguntar qué es lo que ellos saben en relación al tema. Así podemos conocer cuál es la información que tienen y saber qué es lo que les preocupa o si han hecho hipótesis o composiciones inadecuadas y tenemos que salir al paso y abordarlas. Tenemos que desmontar estos miedos.

GDN: ¿De qué manera podemos hablar con ellos? ¿Cuáles son los pasos a seguir?

D.D.: Es muy importante ir fraccionando la información. Conviene, dependiendo de la edad, no darla toda de golpe, para que puedan ir digiriéndola. Para ello tenemos que conversar de una manera cálida, serena y lo más sosegada posible. Si estamos muy implicados emocionalmente o estamos devastados por el suceso, debemos dejarlo en manos de un familiar que pueda mantener esa calma. Lo ideal es que sea el padre o la madre la persona encargada de esta tarea, pero la familia también puede ayudar. 

Los menores necesitan que les hablemos con cercanía y seguridad, con amor y cariño y transmitiéndoles en todo momento algo fundamental: estamos unidos, somos familia, afrontamos los problemas juntos. Sea lo que sea que pase, vamos a estar ahí. Por eso es muy importante la unión de la familia.  

Otro aspecto fundamental es que no hay que mentir. La verdad puede acabar sabiéndose por otras fuentes o terceras personas, y eso es algo muy delicado. Muchas veces lo hacemos de manera inconsciente porque queremos evitar un dolor con la mentira pero no podemos cambiar la realidad para protegerles, porque luego será contraproducente. Hay que contar la verdad pero sin dramatismos, sin detalles escabrosos y fraccionando la información, al igual que pasaría con un adulto. Hay que tener muy en cuenta su estado emocional, evitando el fatalismo y el dramatismo

Pero si estamos hablando de una situación complicada, el menor de edad tiene que expresar su emoción, es algo muy sano. Se trata de acompañar en familia, sin reprimir los sentimientos. En la sociedad estamos muy acostumbrados a pedirles que no lloren, pero es inevitable; es algo que forma parte de la experiencia humana y reprimir las emociones no va a ser bueno. Los niños pueden mostrarse tristes, y nosotros, como adultos, tampoco tenemos que reprimirnos. Si estamos tristes, lo podemos decir, siempre que no nos mostremos desbordados. Algo que también debemos tener en cuenta es que tenemos que huir de esas típicas expresiones de “Tú ahora tienes que ser fuerte”, porque no podemos poner ese peso en los hombros de los niños y adolescentes.

También es fundamental transmitir, en la medida en la que se pueda, esperanza. A pesar de estas catástrofes, el ser humano tiene mucha capacidad para superar adversidades y aprender lecciones. E incluso pueden servir para unirnos muchísimo más (como sociedad y como familia). Es una experiencia en todo caso, y esa experiencia va a dejar una huella y una lección. Tenemos que transmitir que la vida va a seguir y vendrán otras cosas que serán muy positivas.

El menor puede necesitar un tiempo para procesar la información y la conversación no se va a quedar ahí. Por ello, tenemos que estar abiertos a responder sus preguntas, no solo en el momento que tengamos la charla, sino también en días posteriores, porque van a quedar ciertas dudas y no queremos que el niño haga una composición de la circunstancia que le genere unos miedos de los que no seamos conscientes. Hay que estar pendientes y receptivos para salir al paso de sus preocupaciones y transmitir el mensaje serenamente.

En eventos como el volcán de La Palma o atentados, por ejemplo, donde hay gente que lo pasa mal, podemos encontrar el momento para educar a nuestros hijos en la solidaridad. ¡Qué importante también! Y podemos ayudar en la medida que podamos. Es necesario apoyar a la sociedad, a aquellos que nos necesitan, y también dejarnos apoyar si nos ha pasado a nosotros, dando así ejemplo a los niños y niñas.

Por otra parte, hay que estar muy atentos a cómo está viviendo el niño la situación adversa, atentos a sus reacciones, cómo pasa el duelo o lo que sea que venga posteriormente. Debemos tener en cuenta sus reacciones emocionales y cómo se encuentra también a nivel físico (a veces puede decirnos que le duele la tripa, por ejemplo), si experimenta un cambio brusco a nivel comportamiento o emocional. Estas sensaciones al principio son normales, pero tenemos que ver si a lo largo de los días no cesan. En este caso, no tenemos que dejarlo pasar, debemos acudir a un profesional. Si tiene problemas para dormir o comer (son funciones muy básicas), hay que consultar con un profesional.

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GDN: ¿Y en el caso de los niños que no cuentan con adultos a los que acudir?

D.D.: Esta es una de las funciones de la Fundación ANAR. Es muy importante que ningún niño se quede sin conocer nuestras líneas de ayuda. Nosotros desde aquí vamos a evaluar la situación global, su entorno, sus dificultades del día a día… A lo mejor nos llama porque se encuentra mal por algún suceso con cobertura mediática, como es el caso del volcán de La Palma, y resulta que de ahí nos habla, porque surge en la conversación, sobre alguna situación difícil en su entorno familiar y le podemos ayudar. 

GDN: ¿Qué debemos hacer si nuestros hijos tienen pesadillas?

D.D.: El tema de los trastornos del sueño es mucho más significativo clínicamente y tenemos que ponernos en manos de un profesional para que haga una buena evaluación de lo que le está pasando, saber el diagnóstico y aplicar un tratamiento. 

GDN: ¿Qué podemos hacer en el caso de los niños que son especialmente sensibles?

D.D.: Nos podemos acompañar de un profesional, que nos puede dar pautas como padres. Pero al final la convivencia es entre padres e hijos. Para eso están las líneas de ayuda de ANAR, para que nos llamen y nos pregunten: “Oye, ¿cómo le explico a mi hijo tal circunstancia?”. Los padres tienen que saber que pueden apoyarse en la Fundación ANAR, y si el menor necesita un apoyo continuo, hay que llevarle a un psicólogo. Nosotros podemos derivarle a un profesional. Hay niños con especial sensibilidad, pero esto no quiere decir que si sucede una situación adversa no puedan explicárselo, porque a la larga no es positivo. Hay un tema que hay que abordar, y para ello se pueden apoyar en profesionales y es fundamental que los padres cuenten con habilidades para ir acercándose y hablar con ellos pausadamente, para salir al paso de sus miedos y angustias.

GDN: ¿Debemos controlar la exposición a este tipo de noticias a través de los medios de comunicación y las redes sociales en los niños y adolescentes?

D.D.: Sí. Tenemos que cuidar que esté en nuestras manos la información a la que ellos van a tener acceso en momentos críticos para irla transmitiendo nosotros con anticipación de la manera más adecuada para ellos. Las imágenes sobre todo son lo más delicado. Todo eso es lo que hay que controlar muchísimo. Con el adolescente es mucho más complicado incluso. Nos tenemos que anticipar para explicar nosotros lo que luego ellos puedan llegar a ver en redes sociales, por ejemplo. Lo explico primero yo como adulto, intento controlar lo que yo pueda y visualizar el contenido al que van a estar expuestos. Todo no lo voy a poder controlar pero primero yo he transmitido esa información, he sido cuidadoso y les estoy diciendo que es muchísimo mejor que no se sobreexpongan a imágenes inadecuadas; ese es mi papel y mi función.

GDN: ¿Qué peticiones de ayuda habéis recibido más durante la pandemia de COVID-19?

D.D.: Nosotros presentamos en verano el informe COVID de ANAR. En él explicamos la panorámica del año 2020, con la situación de la pandemia sobre todo. En este informe podemos diferenciar muy bien los dos grandes bloques de atención que nos solicitaron el año pasado. Por un lado, las situaciones de violencia. Muchos menores vivían expuestos a su agresor durante 24 horas debido al confinamiento, y por ello es tan importante el Chat ANAR, porque pudimos llegar a ellos a través de un servicio silencioso, seguro y muy cuidado. El otro gran bloque fueron los problemas psicológicos de gran calado. Nos llegaron muchas peticiones de ayuda en relación a autolesiones e intentos de suicidio, que han aumentado en un 200% con respecto a 2019. En rasgos generales, seguimos recibiendo muchas consultas por problemas emocionales y psicológicos, el segundo gran bloque de consultas durante los últimos años. Ahora que la situación está más normalizada, el resto de temáticas están teniendo nuevamente presencia.

Miriam Hernández