Cómo afecta el cambio al horario de invierno a bebés y niños

Menos horas de luz y peor humor

Cada otoño nuestros relojes se atrasan una hora y nuestros ratos de sol se vuelven más cortos; un cambio que afecta, y mucho al descanso y el estado de ánimo de los niños. Solo les costará unos días adaptarse al nuevo horario. 

 
Niña con despertador

23 de septiembre. Esa es la fecha en la que entramos oficialmente en el otoño. La extraoficial llega el último sábado de octubre cuando nos acostamos y nos levantamos el domingo con una hora diferente. De madrugada, y como por arte de magia, nos regalan una hora más y a las tres vuelven a ser las dos.

Un regalo envenenado que solía justificarse con un hipotético ahorro de energía y que se cuestiona en una época en que la luz no para de subir. Tanto que podría ser el último año en el que vivamos un cambio de horario que afecta más de lo que podría pensarse a toda la familia, especialmente a los bebés, niños y ancianos.

Los efectos del cambio de hora sobre nuestro día a día

¡Parece mentira que una sola hora de diferencia cause tantos cambios en nuestro estado de ánimo! Pero es que la entrada en el horario de invierno no supone solo dormir una hora más una noche, sino que nos afecta fundamentalmente a tres niveles. 

1. Al estado de ánimo. Estos meses renunciamos a muchas horas de sol, a los rayos que tanto disfrutamos en el parque y nos enfrentamos a largas tardes a oscuras. Es lógico, por tanto, que nuestro humor sea uno de los principales afectados por el cambio de hora. Los niños, especialmente los de 0 a 3 años, pueden mostrar los primeros días apatía, cansancio, debilidad general, somnolencia, bajo estado de ánimo y dificultad para concentrarse

2. A nuestra salud. La luz solar es fundamental nuestro estado pues nos ayuda a sintetizar vitamina D que refuerza nuestro sistema inmune para que luchemos con garantías contra posibles infecciones, y estimula la absorción de calcio, un mineral que nos ayuda a tener huesos más fuerte. Si tenemos en cuenta que esta falta de sol se da para colmo en los meses con una mayor concentración de virus, no es de extrañar que nos cueste más desprendernos de toses, mocos, dolores de garganta y demás síntomas típicos del invierno. 

3. Al descanso. Nuestros ritmos circadianos, esos que nos indican qué debemos hacer en cada momento de la jornada, se adaptan al día y a la noche. El cambio de hora supone una verdadera alteración en ellos que puede afectar mucho a nuestro descanso y, sobre todo, al de los niños. ¿Cómo van a entender que a las siete de la tarde sea noche cerrada y ellos estén agotados pero no puedan irse a dormir porque todavía es pronto? Al darse este cambio precisamente en el fin de semana, no son pocas las familias que conviven con niños que se despiertan a las nuevas 7 de la mañana (las antiguas ocho) y a las nuevas 20.00 se quedan dormidos encima del plato.

Cómo facilitarle la transición

Por suerte, el cuerpo humano es muy sabio y acaba adaptándose a casi cualquier circunstancia, incluidas las fastidiosas largas tardes a oscuras. Los niños tardan entre 3 y 5 días en adaptarse al horario de invierno. Mientras tanto, toma alguna de estas medidas para ayudarle:

  • En el caso de los bebés, es posible que se altere su patrón de alimentación. La lactancia materna a demanda evita este problema porque le darás de mamar cuando lo pida. Si has optado por la artificial o ya ha empezado con la alimentación complementaria, adelanta un ratito la hora de la comida, no más de 15 minutos, para que no llegue hambriento a la mesa.
  • Aprovecha al máximo las horas de sol para hacer actividades fuera con el niño si el frío lo permite, sobre todo los fines de semana.
  • Acuéstale un ratito antes si el sueño parece vencerle, pero no conviene que sea más de 20 minutos de su horario habitual o le costará más acostumbrarse.
  • Si se despierta antes de lo que debería, pídele que se quede en la cama descansando tranquilamente aunque no se duerma. Así el descanso del resto de la familia no estará en peligro.
 

Laura Jiménez