¿Por qué lloran los bebés?

Cómo interpretar y calmar su llanto

Hambre, sueño, dolor, aburrimiento, necesidad de afecto... El llanto de los bebés, que tanta inquietud llega a generar en los padres, es en realidad un gran lenguaje. Aprende a descifrarlo.

Bebé llorando con su padre

6 motivos, 6 llantos frecuentes

Durante los primeros días de vida, los bebés no suelen derramar ni una lágrima. Pero a partir de la segunda semana, empiezan a hacerlo cada vez con más frecuencia. Esto desespera a sus padres que, al principio con preocupación y más adelante con verdadero nerviosismo, asisten impotentes a un llanto que no siempre saben interpretar ni calmar.

El llanto es el más primario medio de comunicación del que tu hijo dispone para lograr que sus necesidades más básicas sean atendidas. A ti te corresponde aprender a entenderlo. Estos son los motivos más frecuentes:

  1. Tiene hambre: es la principal causa de que tu hijo llore durante los primeros meses. Es un llanto muy fuerte y su intensidad aumenta si no obtienen satisfacción. Se acompaña de cortas pausas que el bebé aprovecha para tomar aire antes de reclamar de nuevo. Una buena pista para saber si éste es verdaderamente el motivo, es acercar tu dedo a la comisura de sus labios y ver si lo sigue con la cabeza intentando atraparlo. Para calmarle, aliméntale a demanda, sin horarios, cada vez que lo pida.
  2. Está aburrido: muchos bebés se sienten mal simplemente porque se aburren. Lo manifiestan con un llanto que suele comenzar con quejidos y puede convertirse en gritos si no se le atiende. Para evitarlo, procura no tenerle todo el día en el mismo sitio, y deja siempre a su alcance un sonajero o un móvil musical colgado de su cuna. Si te desplazas por la casa, puedes llevarle contigo en una hamaquita para que se distraiga.
  3. Tiene sueño: cuando un bebé no puede conciliar el sueño, no sabe lo que le pasa ni dispone de los recursos para hacer frente a esta situación. Por eso, simplemente reclama la presencia de sus padres. El llanto por esta causa es más bien un lamento o lloriqueo suave, que puede aumentar en intensidad si se le intenta estimular. 
  4. Le duele algo. El llanto por dolor es el más potente y angustioso de todos y a menudo se acompaña de gritos. Para saber qué le duele, presta atención a las pistas que él mismo te ofrece con sus gestos: si se aprieta con fuerza los puños y flexiona las piernas pueden ser molestias digestivas; si se lleva la mano al oído, seguramente sea éste el que le duela; si se la lleva a la boca, las encías...
  5. Se encuentra mal o tiene fiebre. El llanto será más apagado y quejumbroso, como un gemido prolongado que se alterna con jadeos cortos. Además de tomar las medidas oportunas, le ayudarás si le acompañas y le ofreces consuelo.
  6. Está incómodo. Puede tratarse de un pañal sucio, sensación de frío o de calor, un cambio de postura, un jersey que pica... En este caso, el llanto será más parecido a los jadeos que emite cuando se encuentra mal. Pero serán otras señales como la nuca húmeda o fría, o sus gestos para intentar desprenderse de la ropa, que os pondrán sobre la pista de lo que está pidiendo.

Lo que no debes hacer o pensar

Para reaccionar adecuadamente, aleja de tu cabeza las siguientes ideas:

  • Pensar que con su llanto te está manipulando. Antes del año, el pensamiento del bebé aún no es capaz de emplear el llanto como una estrategia para conseguir tu atención. Por eso, siempre que llora es porque realmente siente la necesidad de hacerlo.
  • Dejarle llorar para que no se “malacostumbre”. El bebé ya está acostumbrado al contacto piel con piel y a tu presencia, así que en realidad no hay nada a lo que acostumbrarse. Atender sus necesidades no tiene nada que ver con malcriarle. Muy al contrario, un bebé bien atendido mejora su seguridad y confianza, mientras que si no lo está, crece en él la sensación de miedo e inquietud.
  • Creer que siempre que llora intensamente es porque le sucede algo malo. El llanto por estar malito no es precisamente el más intenso. Pero además, puede que sus lloros no respondan más que a tensiones acumuladas y sólo necesite desahogarse.
  • Sentirse culpable por su llanto. No te sientas culpable si no logras averiguar por qué llora, o no eres capaz de consolarle como desearías. Con acercarte a él y hacerle notar tu cariño y tu esfuerzo por entenderle, ya estás haciendo suficiente.

Remedios que funcionan

Son soluciones sencillas y, sin embargo, muy eficaces para tranquilizar al bebé. Aplícalas y encuentra las que más te van:

  • Darle el chupete: succionar posee un efecto relajante y calmante, ya que ayuda a segregar endorfinas, unas hormonas que proporcionan una agradable sensación de placer.
  • Mecerle: los movimientos rítmicos y suaves en tus brazos son muy eficaces para ayudarle a conciliar el sueño.
  • Colocarle sobre tu pecho: el sonido del corazón le recuerda los nueve meses que ha pasado dentro de ti y le devuelve la sensación de seguridad que sentía entonces.
  • Darle masajes: realizados a diario en la tripa, han demostrado ser un remedio eficaz contra las molestias digestivas del bebé.
  • Exponerle a sonidos relajantes y monótonos: nanas, música suave, canciones que escuchabas cuando estabas embarazada... pero también el sonido de la lavadora o del lavavajillas pueden relajar a tu hijo.
  • Arroparle: ¿te has fijado en que los bebés suelen llorar cuando están desnudos? Es porque se sienten desprotegidos y prefieren estar rodeados o envueltos por algo, como cuando estaban dentro de la tripa de mamá. Prueba con una toquilla suave.
  • Pasear: en brazos, en la mochila portabebés, o en su propio cochecito de paseo. El movimiento le hace sentirse muy a gusto, y el aire libre le ayuda a distraerse. Si optas por el viaje en coche, el motor y el traqueteo del camino también pueden obrar maravillas.

La mochila portabebé hace milagros

Hazte con una buena mochila portabebés y descubre el efecto tranquilizador que puede ejercer sobre tu hijo el contacto cuerpo a cuerpo. Está comprobado que en las culturas en las que las madres transportan a sus bebés todo el día sobre su cuerpo, éstos apenas lloran y sufren menos cólicos. Un estudio realizado en el hospital de niños de Montreal (Canadá), demostró que aquellos niños que eran cargados durante varias horas al día, bien en brazos o con un portabebés, lloraban mucho menos y su sueño nocturno era más prolongado.
La razón parece ser que el bebé criado así desconoce la sensación de necesidad, de hambre, de frío, de soledad... y no necesita llorar. Por otra parte, en la década de los noventa, varios científicos estadounidenses y canadienses demostraron que el roce piel con piel del bebé con su madre y demás allegados producía una serie de moduladores químicos necesarios para la formación de las neuronas y del sistema inmunológico.

Vanesa Lleó