¿Es mi hijo un niño bajito?

Problemas de crecimiento infantil

La genética, la alimentación, las hormonas... Son muchos los factores que pueden influir en la altura de un niño y pocos los verdaderos problemas de talla baja patológica. Aquí te explicamos cuándo un niño bajito puede tener alguna alteración en su crecimiento.

 
pediatra midiendo

La estatura de los niños es una de las principales preocupaciones de sus padres. Muchos de ellos acuden, inquietos, al pediatra porque sus hijos son los más bajitos de su clase. Así, al menos, lo sugiere un estudio del Servicio de Endocrinología del Hospital Sant Joan de Deu, de Barcelona, que revela que hasta el 80 por ciento de las consultas que atienden estos especialistas son por supuestos problemas de talla baja infantil. Y eso que los datos del mismo informe revelan que tan sólo el 5 por ciento de los niños atendidos en dichas consultas sufre alguna patología endocrina de base. En la inmensa mayoría de los casos, pues, las preocupaciones paternas son infundadas, y la estatura de sus hijos, aunque reducida comparada con otros chavales de su edad, se encuentra dentro de los límites considerados normales. En otros casos, –muy pocos, porque la prevalencia de la talla baja entre la población infantil oscila entre 1/2.000 y 1/10.000– sí que existe un verdadero problema de crecimiento anómalo.

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¿Qué es la talla baja?

No hay un acuerdo internacional sobre este concepto, pero, en términos generales, se acepta que una talla baja es aquella que se sitúa por debajo de dos desviaciones estándar para su edad y sexo en la curva de altura de las tablas de percentiles.  También hay que valorar que la curva de crecimiento tenga una evolución regular o irregular en el tiempo –una enfermedad puede suponer un freno en el desarrollo físico de un niño– y medir el ritmo o velocidad de dicho crecimiento, que, en condiciones normales y a partir de los 3 años de edad, suele ser de unos 4 ó 5 centímetros anuales.

Además, para confirmar la sospecha, el pediatra endocrinólogo debe valorar la historia clínica del pequeño –incluyendo las pautas de alimentación y los antecedentes familiares–, realizarle un examen físico completo y, si es necesario, hacer pruebas complementarias, tanto bioquímicas, como hormonales o de imagen.

En este sentido, el cálculo de la edad ósea es clave para asegurar el diagnóstico y saber cuánto le queda, aproximadamente, por crecer al niño. La edad ósea hace referencia al grado de desarrollo de los huesos y normalmente coincide con la edad cronológica del pequeño. Sin embargo, cuando está retrasada en más de un año con respecto a la cronológica, se entiende que es anómala y que existe un déficit en el crecimiento del niño. Este parámetro se calcula realizando una radiografía de la mano y de la muñeca izquierda. Los pediatras observan la calcificación de los huesos de esas zonas, lo que permite establecer su maduración y, por lo tanto, su edad aproximada.

La edad ósea también ayuda a los especialistas a acercarse al pronóstico de la talla final del niño. Así, por ejemplo, si este valor es de 16 años, significa que el desarrollo óseo está casi completado y que la posibilidad de que el pequeño crezca más es escasa. Por el contrario, si la edad ósea es de 12 años, el niño todavía puede aumentar unos centímetros y tener una buena talla final.

Tratamiento personalizado

Una vez realizado el diagnóstico de talla baja, el especialista prescribirá el tratamiento adecuado, que varía en función de la causa que la provoque. Si la alteración del crecimiento es consecuencia de una cardiopatía, habrá que tratar esa patología; si es causada por una enfermedad celiaca, la instauración de una dieta sin gluten ayudará a mejorar el pronóstico de talla baja; y si es debido a una deficiencia de la hormona de crecimiento, entonces será necesario instaurar un tratamiento farmacológico con dicha hormona. 

A pesar de la polémica que ha rodeado a este medicamento, lo cierto es que, desde que en 1985 se empezara a utilizar la hormona de crecimiento biosintética, se eliminaron todos los riesgos que podían existir con la usada hasta entonces, que era la llamada extractiva, extraída de las hipófisis de los cadáveres. Así, el medicamento que se administra a los niños desde hace más de dos décadas –por vía inyectable y una vez al día– es absolutamente seguro, eficaz en todas sus indicaciones y sin efectos secundarios graves.

El tratamiento puede seguirse hasta que el pequeño paciente haya alcanzado la edad ósea de adulto, es decir, hasta que los cartílagos se cierren, momento en el que el hueso ya no se puede estirar más y el crecimiento físico es imposible. Hasta entonces, la hormona puede ayudar a mejorar la altura final, aunque los centímetros ganados dependen de la patología que haya provocado los problemas de talla baja.

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Gema Martín