¿Son graves las convulsiones febriles?

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Si vuestro hijo ha sufrido una convulsión febril, el pediatra descartará todas las causas posibles. Pero tranquilos, aunque son aparatosas, suelen ser benignas. Si vuelve a suceder, hay que estar preparados para actuar con calma.

 
Niño con termómetro

Todo empieza con fiebre. De repente, el niño comienza a realizar movimientos incontrolados que suelen afectar a todo el cuerpo y pierde la conciencia. No responde a la llamada de sus padres y su mirada permanece fija, como si estuviera ausente. En pocos minutos los movimientos ceden, el pequeño se siente cansado y con ganas de dormir, y ha olvidado lo sucedido.

Lo que ha ocurrido se conoce como convulsión febril. Uno de cada 25 niños sanos entre 6 meses y 6 años las han sufrido alguna vez. Aunque es benigna, al ser tan aparatosa, intranquiliza mucho a los padres. La duda es lógica: “si es cierto que nuestro hijo es un niño sano, ¿por qué tiene convulsiones febriles?”; y la respuesta, nada fácil. Algunas hipótesis apuntan hacia una inmadurez cerebral. No se descarta una cierta predisposición genética, debido a que en un 25 por ciento de los casos se encuentran antecedentes familiares de convulsiones febriles.

La fiebre es el desencadenante y no es preciso que sea muy alta: la convulsión puede producirse a partir de los 38 ºC (medidos en axila), habitualmente en el momento en que la temperatura sube o cuando baja bruscamente, y en general durante el primer día del proceso febril.

¡A urgencias!

En cuanto la convulsión haya cesado, conviene trasladar al niño al hospital. Aunque en principio no reviste gravedad, el especialista descartará que el origen de la convulsión sea un trastorno más importante. Para ello querrá saber si la convulsión fue de corta duración, si hubo sólo un episodio de convulsiones en el mismo proceso febril, si los movimientos afectaron a todo el cuerpo y si el niño se recuperó con rapidez. Si todas estas respuestas son afirmativas, lo que sucede en un 90 por ciento de los casos, podréis iros a casa tranquilos: la convulsión es benigna. Si no es así, habrá que realizar más estudios.

El pediatra también os aconsejará cómo actuar si se produjera un nuevo episodio de convulsiones y cómo evitar que ello suceda controlando la fiebre elevada con antitérmicos y evitando subidas y descensos bruscos de la temperatura.

 


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