Llegan las conjuntivitis de piscina
Qué hacer cuando le pican los ojos
Las infecciones oculares son frecuentes en la infancia, y la conjuntivitis es la ‘reina’. Los primeros chapuzones en las piscinas aumentan su incidencia entre los niños.

¿Tu hijo no para de frotarse los ojos? Puede que no sea más que una costumbre, que tenga sueño sueño, se aburra… Obsérvale; si lo repite a menudo y en cualquier momento del día, es seguro que se rasca porque le pican; y si le pican, es posible que tenga conjuntivitis.
¿Cómo la reconozco?
Muy fácilmente. Aunque la conjuntivitis puede tener diferentes orígenes (un virus o una bacteria, el cloro de las piscinas o un alergeno), la afección es la misma: una inflamación de capa externa del ojo que cubre el globo ocular y la parte interna de los párpados.
Los síntomas también son parecidos: picor y sensación de tener arenilla dentro de los ojos. Si, además, aparecen rojos y con legañas, no hay duda, es una conjuntivitis. La cuestión es saber cuál. Te damos algunas claves para que las distingas:
- Irritativa: es de las más frecuentes en esta época, en la que los niños se dan sus primeros chapuzones en las piscinas. Las causas son el cloro y otros agentes desinfectantes que se añaden al agua y que, además de irritar los ojos, pueden favorecer la entrada de gérmenes y provocar una infección.
- Como no hay forma de evitar que los pequeños se pasen todo el día con la cabeza dentro del agua, la mejor prevención es ponerles unas gafas de buceo. Si aún así aparece, acude al pediatra o a un especialista para que prescriba el tratamiento adecuado.
- Alérgica: también muy característica de esta estación es la conjuntivitis alérgica, una patología que está aumentando en los últimos años y que va asociada a la alta concentración de polen durante el mes de junio. Suele acompañarse de rinitis, lo que ayuda mucho al diagnóstico. El tratamiento a base de colirios con corticoides es muy efectivo.
- Infecciosa: es la más común, provocada por un virus o una bacteria. Es muy contagiosa, sobre todo la vírica, que además se caracteriza porque la secreción del ojo es clara; si fuera amarillenta o verdosa, probablemente se trataría de una conjuntivitis bacteriana. El tratamiento varía: lágrimas artificiales para aliviar la irritación ocular en el primer caso, y antibióticos, en el segundo.
Le molesta la luz
La conjuntivitis es molesta, pero no suele provocar dolor. Si tu hijo se queja y, además, presenta sensibilidad a la luz (fotofobia), es posible que tenga queratitis o inflamación de la córnea. Esta afección ocular, más grave, puede tener varias causas, una de ellas la exposición prolongada al sol. Por eso, aunque todavía no haga mucho calor, no te confíes; el sol tiene ya mucha fuerza. No lleves a tu pequeño a la piscina en las horas centrales del día, y cuando lo hagas, no olvides sus gafas de sol.
Asesoramiento: Dra. Charlotte Wolley, especialista de la Unidad de Oftalmología Infantil del USP Instituto Oftalmológico de Barcelona.
Gema Martín


