Cómo evitar el golpe de calor en niños

Un trastorno muy grave

En verano, cuando los termómetros se disparan, los bebés y los niños corren el riesgo de sufrir el temido golpe de calor. Es esencial prevenirlo porque puede ser muy grave.

 
Niña en la playa
 

Qué es el golpe de calor

El cuerpo humano necesita mantenerse a una temperatura constante de 37 ºC, pero cuando se realiza cualquier esfuerzo físico, en un ambiente muy caluroso o bajo el efecto directo del sol, nuestro termómetro interno se eleva. Para termorregularse, se activan varios mecanismos como la sudoración o el traslado de la sangre calentada a los vasos más cercanos a la piel, que se dilatan, para intentar enfriarla.

Estos mecanismos funcionan bien a temperaturas moderadamente altas, pero durante una ola de calor, el aire está tan caliente que el organismo corre el riesgo de no conseguir hacer los ajustes necesarios. Entonces, la temperatura corporal aumenta por encima de 40 grados. Ante esta situación, al organismo le sobreviene una disyuntiva terrible: seguir enviando sangre a la periferia para refrigerar el cuerpo o atender las demandas aumentadas de los órganos vitales: corazón, cerebro, pulmones. Como estos últimos son siempre su prioridad, llega un momento en que la necesidad de mantenerlos funcionando es tan urgente, que se detienen los mecanismos de enfriamiento. El cuerpo deja de sudar.

Con este síntoma, se inicia un periodo de extrema gravedad. Aunque todos somos vulnerables ante un golpe de calor, los bebés y los niños lo son especialmente. Si la temperatura corporal no se controla ni disminuye de forma rápida y eficaz, el niño puede desarrollar lesiones musculares, problemas cardíacos, neurológicos –los más graves– e incluso llegar a un desenlace fatal.

Victoria Gómez