10 errores típicos cuando el niño está malito

Lo que nunca debes hacer para que se sienta mejor

Unas veces por tradición y otras por desconocimiento llevamos a cabo prácticas que, lejos de beneficiar, perjudican a los niños. Te explicamos las más habituales.

 
Tomando jarabe

Las viejas costumbres en el manejo de los pequeños trastornos infantiles no siempre son acertadas. Toma nota de lo que nunca debes hacer para que tu hijo se sienta mejor cuando está malito.

1. Suspender un tratamiento antibiótico

Estos medicamentos sirven para combatir una infección producida por una bacteria. Será sólo en ese momento cuando el pediatra le prescriba algún antibiótico, pero nunca debes dárselo por tu cuenta ya que la infección podría ser causada por un virus –como el de la gripe– y los antibióticos no servirían para nada. En algunos casos, tras las primeras dosis del fármaco, el pequeño mejora y tenemos la tentación de retirar el tratamiento. Sin embargo, este es uno de los grandes errores que podemos cometer. Si se suspende antes de alcanzar la duración aconsejable, existe la posibilidad de que se produzca una recaída. Esto obligaría a volver a administrársela de nuevo hasta que la infección desaparezca por completo, lo que puede ocasionar una resistencia a estos fármacos (la bacteria dejaría de ser vulnerable al efecto del antibiótico y las futuras infecciones serías más difíciles de tratar).

2. Diluir la leche de fórmula si tiene diarrea

Modificar la composición de la leche para tratar los problemas gastrointestinales del pequeño ha sido un consejo transmitido de generación en generación. Sin embargo, nada puede ser menos recomendable. Se ha comprobado en múltiples experiencias que este trastorno evoluciona mejor con una alimentación normal, ya que se evita la desnutrición que puede producir la diarrea. Aumentar la concentración de leche en polvo en el biberón también es una práctica desaconsejable porque puede provocar alteraciones muy serias en el bebé.

3. Baños de agua fría para bajar la fiebre

Pocos remedios sobreviven tanto el paso del tiempo como éste, pero el frío no es la mejor forma de hacer frente a las altas temperaturas que producen los procesos infecciosos. No se deben usar baños fríos, hielo, ni fricciones con alcohol porque enfrían la piel pero, con frecuencia empeoran la situación causando estremecimiento o escalofríos, algo que eleva la temperatura central del cuerpo. Lo mejor para bajar la fiebre es una capa de ropa ligera y una colcha liviana para dormir. También puede ayudarle un baño tibio, algo especialmente eficaz después de suministrar un medicamento; de lo contrario, la temperatura podría volver a subir enseguida.

4. Golpearle la espalda cuando se atraganta

 Este gesto nos sale de una manera espontánea al ver cómo el pequeño se atraganta. Aunque es la base de la maniobra de Hemlich –procedimiento de primeros auxilios muy eficaz en algunos casos– no hay que realizarlo si el bebé está tosiendo con fuerza o está llorando fuerte. Cualquiera de las dos reacciones puede lograr desalojar el objeto de forma espontánea. El color azulado en la piel, los sonidos leves y algo chillones al inhalar el aire o la pérdida de conocimiento son los síntomas principales de que el oxígeno no llega correctamente a los pulmones. En este momento, las técnicas de reanimación pueden ser muy eficaces.

5. Zarandearle cuando se quede privado

Algunos niños se quedan privados ante alguna rabieta, es decir, dejan de respirar durante un minuto aproximadamente. Es lo que se conoce como espasmos del sollozo. Estos episodios son muy traumáticos para quienes los presencian pero, si es tu caso, no te alarmes, porque es algo normal en algunos niños –especialmente a los 2 meses de vida pero puede empezar incluso a los 2 años y cesan en torno a los 8– y no es grave ni tendrá ninguna trascendencia para su salud. En estos casos, asegúrate de que tu hijo se encuentra en un lugar en el que no pueda golpearse ante una caída. No debes zarandearle ni golpearle la espalda. Tampoco le reprendas o le chilles pero, eso sí, evita prestarle demasiada atención y obsérvale de lejos. En muchos casos, estos espasmos del sollozo se desencadenan por una rabieta, un capricho o antes o después del llanto. Si el motivo fue una pataleta, cuando el espasmo finalice, regáñale por su actitud; si fue por miedo o dolor, abrázale. 

6. Polvos de talco para la dermatitis del pañal

La zona del culete sufre a menudo irritación y enrojecimiento como consecuencia del contacto con la orina y las heces. Aunque durante mucho tiempo los polvos de talco fueron el “mejor remedio” para estos males, lo cierto es que pueden perjudicarle ya que el uso del talco puede lubricar y evitar el roce, sin embargo, tiene un riesgo importante de que el bebé pueda inhalarlo y no debe usarse habitualmente. Opta por las cremas específicas para esta zona junto al cambio frecuente de pañales.

7. Bebidas deportivas para la deshidratación

En los casos de diarreas, gastroenteritis, vómitos... o cualquier patología que pueda provocar la deshidratación del niño, la mejor forma de reponer los líquidos perdidos es el suero preparado en la farmacia. Las soluciones para deportistas tienen una mayor concentración de sales y solutos de la que los pequeños necesitan y eso puede condicionar efectos adversos, sobre todo en los más pequeños.

8. Antitusivos para cualquier tipo de tos

Antes de administrarle medicamentos debes estar segura de qué tipo de tos es la suya. Si es productiva –con secreciones o flemas–, no debe tratarse ya que su función es limpiar el exceso de mocos de los pulmones. En este caso, aumenta la cantidad de líquidos para diluir el moco en la garganta y facilitar su expulsión. Si es improductiva –tos seca–, los antitusivos que te recete el pediatra pueden calmarla.

9. Manzanilla para curar la conjuntivitis

Aunque no tiene base científica, muchas generaciones han aliviado los síntomas de la conjuntivitis con algodones impregnados de manzanilla. Es necesario lavar los ojos y limpiar las secreciones y costras, pero es suficiente hacerlo con agua tibia hervida o suero fisiológico estéril. Excepto por el agua hervida, la manzanilla no tiene ningún fundamento.

10. Apretar las mamas cuando están hinchadas

La transferencia de las hormonas de la madre al bebé durante el embarazo hace que, con frecuencia, los recién nacidos experimenten un agrandamiento de las mamas e incluso, en algunos casos, pueden secretar leche. No las presiones con el fin de que se deshinchen o expulsen la leche, ya que podrían infectarse. Lo aconsejable es dejarlas seguir su evolución natural.

Asesoramiento: Juan Ruiz-Canela Cáceres, pediatra de Atención Primaria en el Centro de Salud Virgen de África, en Sevilla, y miembro de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap).

 

Ana Vallejo




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