10 claves para cuidar al niño cuando está malito

Soluciones a los pequeños trastornos

Los catarros, la tos, la fiebre... son los pequeños trastornos que, a menudo, pondrán en jaque a tu hijo. Aunque el tiempo y la atención médica serán quienes hagan posible su recuperación, tus cuidados son imprescindibles para aliviar su malestar.

 
Niño en la cama

Acostumbrada a tenerle corriendo por la casa o haciendo alguna trastada, no es fácil verle tumbado en la cama y sin fuerzas para levantarse. A lo largo de su infancia, los catarros, la fiebre, los dolores de oídos o de garganta serán más habituales de lo que tú desearías y, aunque contarás con la ayuda de tu pediatra, aprender a manejar estas pequeñas molestias te será muy útil. Toma nota de nuestros consejos.

1. La temida fiebre

Igual que el dolor, no es más que un aviso de que algo no funciona bien en su organismo; la fiebre te pondrá en alerta muchas veces a lo largo de su infancia, puesto que es uno de los síntomas que acompaña a la mayoría de las enfermedades que afectan a los niños. Tu pequeño tendrá fiebre si el termómetro marca más de 37,5 grados, tomando la temperatura en la axila, o más de 38, si lo haces en el recto.
Consejo: controla su temperatura en función del estado general del niño, o bien cada tres o cuatro horas. Si es alta, quítale algo de ropa y mantén la casa templada, alrededor de 22 grados; aplícale compresas de agua tibia en brazos y piernas, o dale un baño a la misma temperatura que él registre, pero bajando poco a poco algún grado –nunca hasta dejarla fría–. También puedes administrarle un antitérmico, siguiendo siempre las dosis recomendadas, hasta que acudas a la consulta del pediatra.

2. No quiere comer

La pérdida de apetito es muy común en los niños cuando están enfermos, pero es más importante que el pequeño ingiera líquido que el hecho de que coma. No te obsesiones si tu hijo no se alimenta mucho durante estos días y asegúrate de que parte de la bebida que tome sea azucarada porque, de lo contrario, el pequeño podría estar un poco decaído por la falta de glucosa.
Consejo: los zumos, los lácteos, las sopas o los purés ligeros son una buena opción para que el pequeño tome algo de alimento cuando los catarros o la fiebre le quitan el apetito. En estos casos, también es importante que alegres su dieta para que le “entre por los ojos”, y no rechace el plato. Pero si lo que padece es un trastorno gastrointestinal, y sobre todo si ha vomitado, empieza ofreciéndole líquidos en pequeñas cantidades, para comprobar que los tolera bien. Si es así, continúa con una dieta blanda, evitando aquellos alimentos que puedan “soltarle la tripa” –retira el zumo de naranja de la papilla de fruta– y las grasas.

3. Respeta su reposo

En su mayoría, los niños no aguantan mucho tiempo quietos en el mismo sitio. Normalmente no necesitan cumplir un reposo absoluto. Suelen ser ellos los que limitan el movimiento en función de cómo se encuentran.
Consejo: cuando tu hijo está malito, y especialmente si tiene fiebre, su cuerpo está librando una batalla contra la enfermedad. Por este motivo, necesitará más descanso del habitual. No intentes que se anime o que juegue continuamente e intenta respetar esta mayor necesidad de sueño.

4. ¿Cómo sé dónde le duele?

Los niños muy pequeños no podrán decirte qué les pasa y tendrás que “adivinarlo.” Los bebés se quejan a través del llanto, pero también es importante pensar que le duele algo si está muy irritable o, por el contrario, muy decaído. Si el niño es mayor, él mismo te indicará dónde se encuentra el origen de su molestia.
Consejo: los bebés lloran por muchos motivos y el dolor es sólo uno de ellos. Pero quizá puedas diferenciar a qué se deben sus lágrimas si escuchas con atención su forma de llorar. El llanto por hambre suele ser corto y de tonos agudos que suben y bajan. Sin embargo, cuando el bebé llora por dolor o molestias, llega de golpe y es muy alto y agudo. Normalmente, el pequeño hace una pausa y después vuelve a llorar con un gemido monótono.

5. Alivia su dolor

Los dolores de tripa, de oídos o de cabeza son molestias muy comunes en los más pequeños. Los calmantes ayudan a aliviar estos dolores, pero también puedes recurrir a otras técnicas como el masaje, el calor seco en el caso de las dolencias musculares o el frío para aliviar torceduras o golpes.
Consejo: si le duele la tripa, los masajes circulares alrededor del ombligo, le calmarán; si está incómodo por gases, levantarle las piernas hacia la tripa le ayudará a expulsarlos. En los dolores de oídos puede ser útil un paño caliente sobre las orejas. Y si sufre molestias en la garganta, procura ofrecerle líquidos a temperatura ambiente –evita los muy calientes– y ponle un pañuelo enrollado alrededor del cuello.

6. ¡Menuda tos!

¿Sabías que los niños pueden desarrollar entre cinco y ocho trastornos respiratorios al año? Los contagios en los colegios están a la orden del día, y provocan que toses y mocos les acompañen hasta bien entrada la primavera. Pero, aunque la tos es muy molesta para ellos, sirve para mantener despejadas las vías respiratorias del pequeño.
Consejo: si tu hijo tiene tos seca o improductiva –sin flemas– el pediatra le recetará algún antitusivo para calmarla. Sin embargo, si la tos es productiva –sirve para expulsar el exceso de mocos en los pulmones– no es recomendable tratarla porque impedirían su expulsión. En este caso, deben beber mucha agua para ablandar las secreciones. Es conveniente levantar un poco la cabecera de la cama y poner algo de humedad en la habitación porque el exceso de sequedad empeora la tos.

7. Siempre con mocos

En muchas ocasiones, aunque tu hijo no esté “oficialmente” malito, puedes notar su nariz taponada y mucha mucosidad. En la mayoría de los casos no le afectará de manera importante, pero en otros, los mocos terminan “viajando” hasta los oídos, produciendo otitis, o hasta los bronquios, dando lugar a bronquitis.
Consejo: debes lavar la nariz del pequeño con suero fisiológico o una solución de agua marina a diario. Y mientras no sepa sonarse, puedes utilizar un aspirador nasal que te ayudará a sacarle los mocos.

8. ¿Le doy algún medicamento?

Por tu cuenta, no. Antes de administrarle cualquier fármaco debes consultar con el pediatra y, por supuesto, nunca darle  antibióticos si no se los ha recetado antes un especialista. Sólo si le notas con fiebre, puedes ofrecerle algún antitérmico a la dosis que te haya pautado el pediatra anteriormente para que la temperatura baje –el paracetamol o el ibuprofeno le quitarán también el dolor– hasta que acudas a su consulta.
Consejo: ojo con los antibióticos sin receta médica. Si le das a tu hijo un antibiótico cuando no lo necesita podría terminar creando resistencias a estos fármacos. También es muy importante que respetes la pauta que te ha recomendado el pediatra y que no retrases o adelantes las dosis varias horas para hacerlas cuadrar con tus horarios.

9. Se aburre

La fiebre deja a los niños abatidos y sin ganas de moverse, pero conforme vaya superando la enfermedad querrá distraerse. Puedes leerle un cuento mientras está tumbado en la cama o recostado en un sillón, o ponerle una película. Cuando se encuentre un poco mejor, prepara juegos tranquilos como puzles, dibujos, juegos de palabras, o pasad un rato viendo un álbum de fotos familiar.
Consejo: si el niño necesita estar en la cama, es importante que estés a su lado. De lo contrario, aunque se encuentre mal se levantará para estar contigo.

10. ¿Cuándo le llevo al cole?

En principio, si tu hijo tiene fiebre no debe ir al colegio puesto que necesita reposo. Además, si la enfermedad que padece se debe a un virus, podría contagiar a sus compañeros. En este sentido, el aislamiento depende del cuadro infeccioso que tenga y debe ser indicado por el pediatra.
Consejo: si no tiene fiebre y el pediatra no te ha recomendado aislamiento, puedes llevarle al colegio siempre que su estado general sea bueno. En caso de que haya padecido algún trastorno gastrointestinal, debes advertirlo en el comedor para que le ofrezcan una dieta blanda durante los días que consideres oportuno.

Asesoramiento: María García-Onieva, miembro de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (Sepeap) y pediatra en el Centro de Salud de Entrevías, en Madrid.

 

Ana Vallejo