Respiración artificial

Qué es la respiración artificial

A lo largo de su infancia tu hijo pasará por decenas de procesos víricos y bacterianos, golpes, caídas... Un sinfín de enfermedades del niño que te llevarán con relativa frecuencia a la consulta del pediatra. Te contamos qué es, qué síntomas causa y cómo tratar la respiración artificial en niños.

Respiración artificial

Qué es la respiración artificial

Cuando se interrumpe la respiración, el organismo deja de recibir el oxígeno necesario para su funcionamiento y pueden llegar a producirse lesiones cerebrales irreversibles si la falta de oxígeno se prolonga más de unos minutos. La respiración boca a boca o respiración artificial trata de introducir aire en los pulmones. Aunque el aire que se insufla tiene menor cantidad de oxígeno, permite la recuperación o el mantenimiento hasta que llegue la ayuda especializada.

Antes de iniciar la respiración artificial se debe comprobar que el niño está inconsciente, que no responde a estímulos (gritos, pellizcos…) y que no respira. A continuación se comprueba que no hay obstrucción por objetos extraños –alimentos, monedas, juguetes…–.

Se coloca al niño boca arriba y se extiende la cabeza hacia atrás apoyando una mano en la frente y estirando con la otra de la mandíbula hacia arriba. Esta posición asegura la apertura de la vía aérea e impide que la lengua obstaculice el paso de aire. Manteniendo la cabeza en esta posición se hacen 5 insuflaciones de aire lentas y profundas. Si el niño es pequeño, la boca del reanimador puede abarcar la boca y nariz del niño. En los mayores se pinza la nariz con los dedos para evitar que se escape el aire por ella. La eficacia de la insuflación se puede valorar por la elevación del tórax del niño.

Si tras cinco insuflaciones no se inicia la respiración espontánea hay que confirmar el pulso por si fuera necesario hacer además masaje cardíaco.

 

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