La contaminación afecta al desarrollo cerebral

Los niños podrían tener alteraciones cognitivas

El aire contaminado podría perjudicar el desarrollo cognitivo de los niños durante el embarazo y la infancia. Así lo demuestran varios estudios realizados en ciudades de Estados Unidos y México. Ahora un grupo de científicos españoles están analizando esta relación en Sabadell.

 
Contaminación

Un grupo de investigadores del Instituto Nacional de Pediatría de México ha analizado durante varios meses la influencia del aire contaminado en el desarrollo cerebral infantil, y ha llegado a la conclusión de que este entorno puede perjudicar algunas capacidades cognitivas de los niños. Así, tras estudiar a niños de 9 años que vivían en la capital del país –con altos niveles de polución– y en otra ciudad mucho menos contaminada, el equipo de investigación concluyó que el desarrollo cognitivo del 57% de los niños de México DF estaba por debajo del nivel adecuado para su edad y formación, una situación en la que únicamente se encontraban el 7% de los niños de la otra población mexicana.

Y éste no es el único estudio que relaciona estos factores. Otras investigaciones realizadas en ciudades norteamericanas, como Boston y Nueva York, han puesto de relieve que respirar un aire sucio durante el embarazo y la infancia puede alterar algunas capacidades cognitivas, como el aprendizaje y la memoria. Eso sí, aún no se sabe qué contaminantes y qué mecanismos son los que determinan esas alteraciones.

En ello están trabajando, precisamente, científicos españoles del Centro de Investigación en Epidemiología, que dentro del Proyecto INMA (Infancia y Medio Ambiente), están llevando a cabo un estudio en el que participan 750 niños de cuatro años de la localidad catalana de Sabadell. Para el trabajo, que comenzó antes incluso de que los pequeños nacieran, se recogieron datos en la semana 12 de gestación y se realizaron test y exámenes cognitivos a los pequeños cuando cumplieron 12 meses y 4 años. También se analizó su exposición a ciertas partículas del aire procedentes de la combustión de gases de los coches y la industria.

Los investigadores explican que algunas de estas partículas –que afectan al sistema respiratorio– llegan directamente al cerebro sin pasar por los pulmones. Y los niños son especialmente vulnerables a ellas, ya que el cerebro infantil aún no está formado, por lo que pueden interferir en la producción de los neurotransmisores y en la formación de las conexiones neuronales.