¿Por qué aumentan las alergias?

El desarrollo económico, una de las claves

Los casos de alergia infantil se han triplicado en las últimas décadas en los países desarrollados. La excesiva higiene y la contaminación son algunas de las causas que explica esta tendencia. ¿Es el aumento de las patologías alérgicas uno de los costes del progreso?

 

¿Qué relación existe entre el progreso económico y social de nuestra sociedad y el aumento de las patologías alérgicas? Pues a tenor de los datos sobre la incidencia de la alergia entre la población infantil, existe una cierta conexión. Y nada mejor para ilustrar esta tendencia que las siguientes cifras: en los últimos 40 años la prevalencia de estas enfermedades –ya sea  asma, rinitis, rinoconjuntivitis, dermatitis atópica o alergias alimentarias– se ha duplicado o, incluso, triplicado en los países más desarrollados; y en la actualidad, el 25% de los niños españoles tiene o ha tenido síntomas alérgicos.

¿Y cuáles son las razones de esta situación que, según los estudios científicos, no se da en los países del Tercer Mundo? Los especialistas coinciden en que el desarrollo de la alergia es el resultado de dos tipos de factores, los genéticos y los ambientales; si un niño tiene una carga genética elevada, ese pequeño paciente está predispuesto a padecer algún tipo de alergia. Sin embargo, los expertos también aclaran que la herencia no puede ser el principal factor del aumento de estas patologías, debido a la rapidez con la que se ha producido ese cambio epidemiológico y al hecho de que sólo se haya dado en las sociedades occidentales.

El papel del diésel

Por eso, las causas deben buscarse en otros condicionantes propios de estos países. Y entre los más mencionados, destacan la contaminación, el exceso de higiene en nuestro ambiente, el tabaquismo o el procesamiento industrial de los alimentos.

Respecto a la polución ambiental, está demostrado que los niños que viven en zonas urbanas, con industrias y coches, tienen más alergias que los viven en zonas rurales, incluso en aquellas con una alta concentración de polen. Y ¿a qué es debido? Aquí entra en juego la llamada “teoría diésel”, que afirma que las partículas procedentes de vehículos que usan este tipo de combustible son capaces de captar determinados alergenos y facilitar su introducción a las vías respiratorias. Y no sólo eso: estas partículas son nocivas para algunas plantas, que se defienden produciendo unas proteínas que son más alergénicas. 

En todo el mundo, se han hecho estudios que prueban esta hipótesis. Por ejemplo, uno realizado en Japón demostró que el polen del cedro que está situado al lado de las autopistas es mucho más alergénico que el del cedro que vive en los bosques, alejado del humo de los coches.

¿Y qué dice la teoría higienista?

Pero si hay un factor ambiental que ha sido estudiado como una de las principales causas de la alergia es el exceso de higiene. Y es que debido a la ausencia de parásitos en nuestra sociedad y a la reducción de infecciones en la edad infantil, como consecuencia de un exceso de higiene, la parte del sistema inmune responsable de defender al organismo de infecciones parasitarias, ‘se queda sin trabajo’, y se dedica a defenderlo contra sustancias que no son patógenas, como los alimentos, el polen...

Los bebés nacen en ambientes estériles, se les vacuna antes de dejar la maternidad, se esterilizan todos sus biberones y chupetes, se les administra antibióticos desde que son muy pequeños... En definitiva, se evita su contacto con estímulos microbianos, lo que en muchos aspectos es positivo porque previene infecciones que pudieran ser peligrosas, pero que en otros aspectos es negativo, porque el sistema inmune no se desarrolla como debiera.

Pero como recuerdan los expertos, ni esta teoría explica todos los casos de alergia ni es beneficioso volver a esa forma de vida “natural”. No olvidemos que la limpieza y la esterilización de los utensilios usados con los niños, la potabilización del agua, las vacunas y los antibióticos han salvado muchas vidas.

 

Gema Martín