El tacto vaginal

Sólo cuando es necesario

El tacto vaginal consiste en examinar con los dedos índice y corazón las estructuras pélvicas a través de las paredes de la vagina. Algo que, muy probablemente, ya te suena de tus anteriores visitas al ginecólogo.

 
Dar a luz

La utilidad del tacto vaginal es distinta en cada etapa del embarazo. En las revisiones fuera de la gestación permite verificar el estado de los órganos pélvicos, el tamaño del útero y la posible existencia de quistes. En el primer trimestre del embarazo, las amenazas de aborto. En el segundo, la incompetencia cervical, que indicaría la necesidad de hacer un cerclaje. Y en el tercero, la amenaza de parto prematuro. Llegado el momento de dar a luz, son muchos más los aspectos que se pueden controlar sólo con el tacto vaginal. Éste aportará al ginecólogo o matrona que te atienda información sobre la evolución de tu dilatación, la posición del bebé...

La hora del parto
A tu llegada a la maternidad y tras anotar en una ficha tu historia clínica y toda la información necesaria sobre la marcha del embarazo, te tomarán la tensión y la temperatura. Después procederán a explorarte. Será el primer tacto vaginal del parto. El especialista se pondrá un guante estéril, especialmente importante si ya has roto aguas, para evitar infecciones. A continuación, introducirá los dos dedos a través de tu vulva hasta llegar al cuello del útero, que ya habrá empezado a dilatarse. Su experiencia le permitirá obtener todos los datos que necesita para controlar la evolución del parto.

Todo bajo control
Éstos son todos los aspectos que el tacto vaginal permite comprobar a lo largo del parto:

- Examen del cuello del útero. Se observa lo siguiente:

  • La consistencia: se comprueba si el cuello es blando, duro o medio.
  • El borramiento: se palpa si el cuello es todavía muy largo o ya ha disminuido su longitud.
  • La dilatación: con los dos dedos apoyados sobre el cuello del útero, el ginecólogo palpa un círculo y calcula, al tacto, el diámetro. No se obtiene una medida exacta, sino aproximada y ésta siempre dependerá de la experiencia del especialista. No te preocupes, lo que importa no es acertar los milímetros exactos sino comprobar que la dilatación va progresando y que es cada vez mayor.

- Altura de la presentación. En Obstetricia se llama presentación a la parte del cuerpo del bebé que aparece primero. El ginecólogo comprueba dónde se encuentra la cabeza (en el caso de que la presentación sea cefálica) con respecto a las distintas estructuras óseas de la pelvis materna. Tras una serie de cálculos, se obtiene el llamado índice de Bishop, que da una idea del pronóstico del parto, de si éste será fácil o difícil.

- Situación. El ginecólogo valorará si la situación del bebé es longitudinal (de arriba abajo) o transversal (atravesado en el abdomen), en cuyo caso el parto vaginal será con toda seguridad imposible. Se trata de comprobar lo que la última ecografía ya habrá pronosticado.

- Presentación. Si es cefálica o podálica. Al igual que en el caso anterior, seguramente la ecografía ya habrá dejado ver este aspecto.

- Posición y actitud. El especialista comprueba hacia dónde mira la cabeza del bebé y lo flexionada que está.

- Anomalías y pérdida de bienestar fetal: Permite palpar si hay prolapso del cordón, es decir, cuando el cordón aparece por delante de la presentación y se queda atrapado entre ésta y la pelvis, provocando una posible pérdida de bienestar fetal. También puede detectarse el prolapso de una mano.

¿Cuántas veces?

Según las últimas recomendaciones médicas que buscan la humanización del parto hospitalario, se debe limitar el número de tactos vaginales a los mínimos imprescindibles. Se aconseja no realizar más de uno cada 3 horas si no se considera necesario para evitar tanto incomodidad para la madre –puede resultar doloroso– como para reducir el riesgo de infección, especialmente si ya se ha producido la rotura de la bolsa amniótica. Además, la parturienta puede exigir, especificándolo en un Plan de parto, que la maniobra la realice únicamente la matrona o el ginecólogo que le atienda el parto, y no varios sanitarios.

Vanesa Lleó