Claves para visitar un museo con un niño

...y se lo pasen bien

¿Quién dijo que los museos convencionales son aburridos para los niños? Visitarlos en familia puede ser una aventura muy entretenida.

 

Puede que los niños no terminen de comprender sabias explicaciones sobre los grandes genios de la pintura, pero lo importante es que su interés por el arte se esté despertando. Es labor de los padres que estas actividades sean divertidas, además de educativas.

Aventura antes de entrar

En general, los niños van con gusto a los museos si se les sabe motivar. Y esta primera parte depende de vosotros. Igual que le recuerdas que vais a ir el sábado a pasar un día en el campo, haz lo mismo cuando queráis visitar un museo. Además, si tienes en casa una lámina o un libro con algún cuadro que vayáis a ver, no estaría de más que se la mostraras a tu hijo. Si le gusta, estará deseando ver el original.

Otra buena idea es pedirles que lleven a su mejor amigo. Encontrará mucho más amena la salida si comparte sus impresiones con alguien igual que él.

Muchos museos tienen visitas guiadas adaptadas a los niños que se complementan con interesantes y entretenidos talleres. Ponte en contacto con el servicio pedagógico si quieres hacer coincidir vuestro paso por el museo con una de ellas.

Establece las normas

No hay que olvidar que los niños son niños y que, a pesar de las prohibiciones, siempre se van a arriesgar a jugar, hablar y tocar. Vuestra misión es dejar claras las normas desde el principio: se puede hablar, pero no se puede gritar. Podemos sentarnos en el suelo para ver un cuadro, pero no se puede tocar. Antes de entrar, haz comprender a tu hijo que las obras de arte son únicas, irremplazables y muy frágiles. La visita a un museo no es un funeral, pero tampoco una fiesta de cumpleaños.

¿Cuánto tiempo?

Una hora es suficiente para niños de hasta siete años, y un poco más con niños más mayorcitos. Elige el recorrido antes de la llegada al museo y una vez dentro, controla el tiempo y el ritmo de la visita. Los niños, entusiasmados por los cuadros o las esculturas expuestas, suelen ir muy deprisa al principio pero se cansan pronto. Mantén el ritmo, deteniéndote en lo más importante. Termina la visita antes de que estén aburridos. Si salen con buen sabor de boca, tendrán ganas de volver y la siguiente visita no les resultará pesada.

¿Se lo explico?

Si vais con él al museo, debéis fomentar la comunicación con el niño, usando una terminología accesible para ellos. No te molestes demasiado en explicarle los estilos o movimientos artísticos, porque lo verdaderamente importante son las sensaciones que el niño experimenta delante del cuadro.
Y no temas llevarle a ver una exposición de arte contemporáneo. A los niños suele encantarles. La mayoría piensan que “esos señores pintan como yo”. Y es que los artistas contemporáneos, a menudo, se liberan de su pasado para crear sus obras maestras.

Hasta la próxima visita

Después de la salida, es una excelente idea regalarles algún recuerdo. Una lámina del cuadro que más les haya gustado, una postal o simplemente un pin o un lápiz que les hará recordar lo que han visto y soñar con futuras visitas.

 


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