8 juegos para descubrir los secretos de la naturaleza

Diversión en pleno campo

Un día de campo es la oportunidad ideal para que tu hijo aprenda los secretos de la naturaleza y sus primeras lecciones de ecología con actividades educativas ¡y muy divertidas!

 

Buscar tréboles de cuatro hojas, recoger tomates de un huerto, regar las plantas o levantar una piedra y observar la enorme cantidad de insectos que viven debajo de ella. Son actividades sencillas que ayudarán a tu hijo a conocer el desarrollo de los animales y las plantas. Pero la lista de juegos para que paséis un estupendo día al aire libre y aprenda a la vez es interminable.

1. Toco y oigo

Nada mejor que explorar el campo con los ojos cerrados, solo palpando y oliendo lo que hay a vuestro alrededor. Lleva a tu hijo hasta un árbol, haz que lo toque, note su textura, oiga los cantos de las aves que viven en su copa y respire a fondo los olores del campo.

2. Una orquesta muy natural

 Busca ramas secas y proponle que las golpee unas contra otras. Mete pequeños frutos de árboles –como bellotas– en una botella de plástico y tendréis unas maracas. Ofrécele un trozo de tronco y un palo para tocar el tambor... ¡Menuda sinfonía!

3. Construye un nido

Con hierba seca, ramas, papel usado y unos trapos, fabrica un nido. Los trapos y el papel usado te servirán para construir la base del mismo. Después, cúbrela con las ramas y la hierba seca para camuflar la mano del hombre y que los polluelos vivan felices y contentos.

4. Moldes con huellas

Anima a tu hijo a que busque huellas de animales en el campo con las que fabricar unos moldes muy originales y que los identifique. Cava alrededor con cuidado, saca el trozo de tierra y colócalo en una caja. Al llegar a casa, vierte una mezcla de agua y escayola sobre la tierra y déjala secar. ¡Ya tienes tu huella animal!

5. Ambientadores naturales

El espliego y el romero son dos de los arbustos más olorosos y usados en todos los ambientadores del mercado. Fabricad uno de lo más natural recogiendo unas cuantas ramas en vuestro día campestre. Al llegar a casa, confeccionad una pequeña bolsa de tela y colocad dentro el espliego. No hay forma más sencilla para disfrutar del campo cada vez que abras tu armario.

6. El espantápajaros

Fija dos palos en forma de cruz con dos trozos de cuerda. Ata una bolsa o un saco relleno a modo de cabeza y vestidle con una camisa, un pantalón, una chaqueta y un sombrero viejos, que rellenaréis después para darle volumen. Sólo os queda clavarlo en mitad de tu huerto y ya tienes listo al mejor vigilante.

7. Un minihuerto

Puedes aprovechar vuestra salida para que tu hijo recoja algunas semillas y esquejes de distintas plantas, y no sólo florales. Seguro que le encanta comerse los tomates y judías verdes que él mismo ha regado y abonado durante meses. Si queréis plantar vuestro huerto a partir de esquejes de otras plantas corta 10 o 12 cm del extremo superior del tallo e introdúcelo en un recipiente lleno con 5 cm de arena y turba a partes iguales. Cuando hayan crecido un poco, transplántalos a una maceta de mayor tamaño y, si ya es demasiado grande, aprovechad una nueva visita al campo para plantarlo allí. Es importante que la planta esté siempre en un lugar soleado y con la tierra húmeda para que crezca correctamente.

Si preferís hacerlo con semillas, colócalas entre dos algodones y humedécelas con regularidad. Cuando empiece a brotar, puedes transplantarlo a una pequeña maceta.

8. Un reloj solar

Mucho antes de que existiesen los relojes digitales que hoy usamos para saber qué hora es, los egipcios construyeron el primer medidor de tiempo conocido: el reloj solar. Para que tu pequeño pueda tener el suyo, elegid un lugar de vuestro jardín donde dé el sol todo el día. Clava un palo sobre la vertical del suelo, dibuja una línea a la altura de la sombra proyectada por el sol y ve marcando las posiciones sucesivas con cada cambio de hora.

 

Laura Jiménez




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