El niño con manías

Las 10 manías infantiles más frecuentes

Unos obligan a mamá a cortar las etiquetas porque “les pica”. Otros no pueden dormir sin que esté entreabierta la puerta “hasta esta rayita”. ¿Por qué son tan maniáticos los niños?

 

En algún momento de su desarrollo, todos los niños insisten en hacer algo de forma repetitiva. El osito tiene que estar mirando hacia la pared y no la puerta. La leche, la quieren en la taza naranja y si pretendes usar una de otro color, no quiere tomársela porque “lo has hecho mal”. Todas estas manías son normales aunque con frecuencia, lleguen a sacarnos de quicios.

Las manías más frecuentes

Aunque la lista de manías posibles es interminable, algunas tienen las preferencias de los niños. Entre ellas:

  1. Evitar pisar las juntas del pavimento.
  2. Repetir palabras o frases como ir por la calle diciendo adiós a los árboles o farolas.
  3.  Peinarse de una forma u otra según lo que vaya a hacer.
  4. Realizar las cosas en un determinado orden.
  5. Formar filas o series con los juguetes, colocarlos de una determinada forma y no otra.
  6. Insistir en que los demás hagan las cosas de una determinada manera.
  7. Cantar canciones asociadas a distintas actividades.
  8. Rechazar cierta ropa porque les pica, no les gusta el color o la forma. No soportar la más mínima mancha.
  9. Comprobar 20 veces que todo está como tiene que estar.
  10. Exigir que las cosas esten de cierta manera antes de dormir.

Cómo tratar las manías del niño

- Lo primero es entender el por qué de sus manías. A menudo, los adultos olvidamos que el niño debe enfrentarse a numerosas situaciones nuevas que le son impuestas y esto le crea inseguridad. El hecho de que las cosas pertenezcan estables en su entorno consigue hacerle pensar que tiene control sobre lo que le pasa. Las conductas rituales tienen un significado especial para quien las realiza. Suelen ser irracionales pero son útiles porque alivian la tensión y transmiten tranquilidad.

- Las manías infantiles son transitorias. En ocasiones, estos pequeños rituales se multiplican, en otras desaparecen por completo. Afróntalas con comprensión y paciencia. Si la manía del niño es “llevadera” lo mejor es aceptarla y dejar que se le pase con el tiempo. Eso sí, no fomentes la manía recordándosela cuando se le olvide.

Pero si la manía del niño se convierte en un problema porque es peligrosa o trastoca la vida familiar, lo más adecuado es acabar con la conducta. El niño protestará pero con firmeza, mano izquierda y dulzura, irá entrando en razón.

 

Magda Campos




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