La personalidad del hijo mayor, del segundo, del tercero...

El lugar en la fratría influye en la forma de ser

No es lo mismo nacer el primero que el último en la familia. Los padres no tienen la misma edad y la relación que se establece entre hermanos también es distinta. Estos son los rasgos que caracterizan los hijos según el lugar que ocupan en la fratría.

 

Los padres no tratamos a nuestros hijos por igual. Cada uno recibe un trato diferente porque nosotros vamos cambiando en las diferentes etapas de nuestra vida y porque los hijos también son diferentes. Las expectativas que tenemos de cada uno de ellos, la relación con los hermanos influye en su personalidad. Así, los estudios llevados a cabo con tests de personalidad de niños y adultos han puesto de manifiesto las tendencias que surgen por el lugar que cada uno ocupa en la familia. Estos son los rasgos de carácter más frecuentemente observados:

El primogénito. Si todos los hijos despiertan ilusión, este más que ninguno. Por algo es el primero. El primogénito recibe muchos estímulos. Al no tener hermanos, su modelo son sus padres y esto tiene consecuencias sobre su personalidad: será más tradicional, responsable, conformista y, según algunos autores, más ambicioso. Los primogénitos son también los que más acusan l a llegada del hermano y los celos pueden llegar a ser problemáticos si los padres no ayudan a superarlos. En la edad adulta, son los que suelen responsabilizarse del cuidado de los padres ancianos y cuando éstos desaparecen, encargarse de mantener la familia unida.

El segundo y los de en medio. Por un lado, pueden sentir celos del apoyo y respaldo que recibe el mayor y por otro, deben ocuparse del hermano pequeño. Suelen ser los más independientes pero también son rebeldes e inconformistas. Para llamar la atención, tienen que destacar por habilidades propias y el primogénito es un rival de peso. No siempre es fácil hacerse notar cuando no eres el mayor ni tampoco el más pequeño. Por eso, se dice que son los más creativos y que a menudo, se esfuerzan en ayudar a los más débiles.

El pequeño. Es el más mimado y protegido de la fratría. También se le suele utilizar para doblegar a los padres (“dile a papá que nos lleve al zoo. Como eres pequeño, seguro que te dice que sí”). Los mimos que reciben en la niñez les convierte con frecuencia en adultos cariñosos y muy empáticos.

El hijo único. Comparte muchos rasgos con el primogénito: es responsable, tradicional, poco arriesgado, conservador… Crecer en un mundo de adultos le convierte en un niño precoz, sobre todo en el habla. Su vocabulario es extenso y sus temas de conversación poco habituales en un niño. Si los padres no tienen la precaución de rodearle de otros niños, se puede convertir en una persona retraído y con pocas habilidades para las relaciones sociales. Se siente a gusto en las distancias cortas, privilegia las relaciones íntimas. Suele ser exigente consigo mismo porque las expectativas de sus padres son elevadas y esta situación le puede llevar a angustiarse. En casa, no tiene con quién medirse y a veces, se siente inseguro. Por otra parte, como suele conseguir lo que desea, se puede volver caprichoso, con poca capacidad para aguantar la frustración. Suele ser un amigo fiel y entregado.

Los años entre los hermanos también influyen.

Cuando la diferencia de edad entre dos hermanos es inferior a 18 meses, la relación entre ellos se asemeja a la de dos gemelos: mucha intimidad, complicidad y dependencia y pocos sentimientos de rivalidad. En cambio, a partir de 7 años entre un nacimiento y otro, tendremos casi dos hijos únicos en casa. Eso no mermará el afecto que puedan sentir el uno para el otro. Pero compartirán pocas vivencias y aficiones.

 

Magda Campos