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El mejor momento para tener un hermano

¿Importa la edad?

Ninguna relación es tan compleja como la que se establece entre hermanos. Si te preocupas por la manera en la que tu hijo va a vivir la llegada de su hermano, ten en cuenta que un factor muy importante es la edad que tendrá cuando se produzca el nacimiento.

hermanos

Pasan sin transición de la hostilidad a la complicidad, de la cooperación a la competencia, de la indiferencia a las muestras de cariño. Así de cambiantes son las relaciones entre hermanos. Aunque en ocasiones estos altibajos preocupan a los padres, los psicólogos consideran que son totalmente normales.

Llega el hermanito

La forma en la que el niño le va a dar la bienvenida al hermano recién nacido depende mucho de su edad. Esto es lo que suele suceder.
Antes de los 2 años. El niño aún juega solo y muestra poco interés hacia los demás niños en general. El hermano no suele ser una excepción. Lo más habitual es que reaccione con cierta indiferencia ante su llegada, excepto cuando le roba la atención de mamá o hace algo que le molesta. Entonces, protesta pero sus enfados duran poco.
Entre los 2 y los 4 años. Con la adquisición del lenguaje, el niño va adquiriendo conciencia de si mismo. “Yo quiero” y “es mío” son sus expresiones favoritas y no bromea cuando alguien intenta frustrar sus deseos. Se considera el centro de su pequeño universo y no soporta compartir. Aparecen las rabietas, el “yo solito” y los celos con los hermanos.
A los 4-5 años. A esta edad, el niño comienza a preocuparse realmente por los demás niños. Es capaz de ponerse en el lugar del otro, le gusta compartir juegos y la relación con los hermanos se vuelve más intensa. Sin embargo, muchos niños de menos edad se muestran muy colaboradores y cariñosos con los hermanos pequeños. A menudo, se debe a su fino sentido de la imitación y su deseo de complacer a los padres.
De los celos a la rivalidad. Los celos acaban por superarse con el paso del tiempo pero la rivalidad sustituye esta relación. Cuanto más celosos han sido de pequeños, más rivalizarán de mayores. Pero diversos estudios han demostrado que la rivalidad fraterna no va unida a una pérdida de cariño. Sólo debemos intervenir los padres cuando las peleas se vuelven agresivas o muy frecuentes.

Magda Campos