Juegos para el otoño

Hojas y risas a partes iguales

Llega el otoño con su caída de hojas, los últimos rayos de sol del año y un montón de juegos para disfrutar de la naturaleza y esta preciosa estación.

 
Jugar en otoño

1. Cuaderno de otoño. La enorme cantidad de hojas que caen de los árboles os permitirán confeccionar un precioso cuaderno de otoño. Pegad la hoja en una página del cuaderno y debajo escribid a qué árbol pertenece; si es de hoja caduca o perenne; el tipo de hoja –lobulada, acorazonada, elíptica, ovalada, acicular...–; si da frutos y qué tipo... Así podrá aprender a la vez que se divierte. Podéis aprovechar también para coger castañas, bellotas, nueces o piñas y disfrutar una deliciosa merienda.

2. Un pisapapeles muy natural. Coge una hoja con nervios muy marcados. Moldea un trozo de arcilla lo suficientemente grande para que la hoja quepa en él, de un grosor de un centímetro y alísalo todo lo que puedas. Coloca la hoja por el envés –la zona con los nervios más marcados– sobre la arcilla y preciosa. Retírala y, con ayuda de un punzón, escribe el nombre del árbol del que la obtuviste. Cuando se haya secado, pinta la silueta con pintura verde.

3. El señor Gnomo. Recoge todos los elementos otoñales que puedas en el bosque: ramas, trozos de corteza, castañas, hojas... Una seta –cuida que no sea venenosa– será el sombrero, una piña la cabeza, un montón de hojas o la corteza el tronco y las ramitas pueden constituir las extremidades... Pega las partes y tendrás un precioso gnomo.

4. Castañas voladoras o animadas. Clava un clavo en el centro de una castaña, sácalo y pide a tu hijo que clave una pluma en él. Cuando tengáis varias, podéis competir para ver cuál es la castaña más ligera. Otra opción, también con castañas –incluyendo el erizo en que crecen– es construir un muñeco. Une dos castañas con un palillo, clava las extremidades y un trozo de erizo a modo de sombrero. Ya sólo te falta pintale los ojos y la boca.

5. El escondite al revés. Demarca una zona concreta del bosque en la que jugar. En lugar de que un niño ligue y busque a los demás, es un sólo pequeño el que se esconde. Pasados unos segundos, gritará: “¡ciprés!” y los demás tienen que intentar buscarle localizando el lugar de donde proviene el sonido. El “fugitivo” debe gritar la palabra de vez en cuando hasta que le encuentren. El vencedor, pasa a ligarla.

Laura Jiménez