El 28 por ciento de los divorcios se producen después de las vacaciones

Septiembre, el mes con más demandas

Dicen que el roce hace el cariño pero el refrán no se verifica hablando de la vida en pareja. Es después de compartir largas horas de intimidad cuando más parejas se convencen de que éste será el último verano en común. Según la psicóloga Amaya Terrón, el motivo principal es que si bien pensamos necesitar la estabilidad de la pareja, no estamos dispuestos a pagar el precio que implica cuidarla. 

 
pareja

Según datos del Instituto Nacional de Estadísticas, España es el tercer país europeo, tras Portugal e Italia, donde más ha aumentado la tasa de divorcios en la última década. Curiosamente, también es el país donde los matrimonios se prolongan más tiempo, una media de 13,8 años. Sea como fuere, el mes que eligen las parejas con mayor frecuencia para llevar adelante su decisión de terminar con la relación es septiembre con ligeros repuntes después de la Navidad y en vacaciones de Semana Santa. 

La rutina, un cortafuego

El verano es el periodo vacacional con más tiempo para lo que debería ser relax y unión con la pareja. Sin embargo, es precisamente el verano el momento que supone más peligros para su estabilidad. “Muchas de las parejas que acuden a consulta han basado su vida en una rutina bastante estricta y cerrada con respecto a los horarios laborales, de colegio, ocio, cuidado de niños, salidas sociales, etcétera. No han tenido conflictos, ya que al estar su vida tan “cerrada” y “aceptada” no tenían apenas motivos para negociar y probablemente el tiempo y la falta de energía tampoco se lo permitían. El problema es que los pequeños desacuerdos se van acumulando y cuando se rompe esta rutina en verano se dispara el nivel de conflictos”, explica Amaya Terrón.

¿Por qué nos separamos?

Pero, ¿por qué nos separamos cada vez más los españoles? Según la psicóloga, la razón se encuentra en la mezcla explosiva de ansia de independencia y egoísmo a la que hay que sumar nuestra escasa disposición al esfuerzo. "Lo queremos todo fácil, bonito y rápido, no estamos preparados para luchar por algo que no nos reporta satisfacción inmediata" insiste Amaya Terrón. "Ser independiente estaría fenomenal si serlo fuera posible, pero no lo somos ni podremos serlo. Somos seres humanos, necesitamos el afecto de los demás".

Para la psicóloga, las personas “nos autogestionamos para no tener que negociar, es más fácil empezar de cero que arreglar lo que se estropeó y cuando se vuelve con el ex o a la ex es por “no haber encontrado nada mejor” o por la “necesidad de no estar solo”. En todo esto ¿dónde está el protagonista de la vida en pareja? ¿Qué hemos hecho con el amor?

 

Magda Campos




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