Cuando no se cumple el régimen de visitas acordado en el divorcio

No bajes la guardia

Si tras el divorcio, observas que el padre no custodio empieza a alejarse de tu hijo, toma medidas. En vez de criticar su actitud, procura averiguar el porqué de su comportamiento. Ten en cuenta que el mayor perjudicado con el incumplimiento del régimen de visitas será tu pequeño.

 
besos

- Ante la pasividad del padre no custodio, no desistas. Ninguna situación merece más perseverancia que ésta.

- Procura introducir cierta flexibilidad en el régimen de visitas. En el convenio siempre se regulan los mínimos indispensables, pero piensa que es muy recomendable aumentar la presencia del padre no custodio en la vida de los hijos, en función de su disponibilidad de tiempo, de las necesidades de los hijos, de las etapas o problemas que estén atravesando…

- Separa tus sentimientos de pareja de los de madre. Recuerda que aunque tú no le necesites en tu vida –o incluso, quisieras alejarle–, tu hijo sí le necesita y mucho.

- Trasmite a tu exmarido que cumplir el régimen de visitas es la manera más eficaz para ejercer una paternidad responsable, para que el vínculo paterno-filial no se rompa o se debilite tras la separación.

- Hazle ver que las ausencias irán debilitando la relación con su hijo hasta hacerla inexistente.

- Intenta mantener contacto con los familiares más cercanos de la otra familia. Invítales a los cumpleaños, envíales fotos, deja que tu hijo acuda a sus celebraciones…

- No hagas siempre de “intermediaria” entre tu expareja y los profesores de tu hijo. Procura que exista una relación directa entre ellos: que le informen de las fechas de las reuniones del colegio, la entrega de notas...

- Fomenta que tu hijo comunique a su padre sus sentimientos de cariño, que le felicite por su cumpleaños, le llame durante la semana, le haga regalos en fechas señaladas… Conseguirás más implicación removiendo sus sentimientos que con la indiferencia.

- Antes de tacharle de “inmaduro” por no hacerse cargo de sus hijos piensa que la primera inmadurez es la de no aceptar que esa relación se ha acabado. Si no lo asumes, lo normal es que te llenes de rabia y necesidad de venganza, que es lo que te conduce a la crítica fácil. Y ese estado de crispación no servirá para tender puentes de comunicación.

 

Raquel Burgos