Por qué se producen los abortos

Más frecuente de lo que parece

Pocas semanas atrás, el predictor te confirmaban la noticia de tu vida: vas a tener un bebé. Como futura mamá que eres, te has empezado a cuidar. Y de repente, ocurre lo que más temes: estás manchando. ¿Será un aborto?

 
mujer preocupante

Hoy, la mayoría de los embarazos son deseados y la sola idea de que esta gestación tan esperada se pueda interrumpir es casi insoportable para cualquier mujer. Dos síntomas de aborto deben ponerte sobre aviso: el sangrado vaginal y los dolores abdominales.  Siempre deben ser motivo de consulta urgente, pero no siempre son sinónimo de aborto o de parto prematuro por lo que conviene guardar la calma. Las pérdidas vaginales con algo de sangre pueden ser normales y la percepción del dolor es tan subjetiva que en sí no es un síntoma de aborto. En cambio, si el sangrado es abundante, con coágulos y no remite, tendrás que hacerte a la idea de que está teniendo un aborto

El diagnóstico

Cuando llegues a la consulta, el ginecólogo te examinará y se te hará una ecografía para comprobar el estado del feto. Si  está vivo, se te prescribirá un tratamiento y estarás en reposo hasta que tu estado vuelva a la normalidad. En caso contrario, si en efecto, se confirma la muerte fetal, dos escenarios se pueden plantear:

  •  Estás expulsando los restos de la gestación de forma natural. Es lo más probable si el embarazo está en sus inicios.
  • La expulsión es incompleta. Se acelera el proceso con un tratamiento hormonal para provocar contracciones. También puede ser necesario recurrir al legrado que consiste en raspar las paredes uterinas con un pequeño aparato parecido a una cucharilla que se introduce por el cuello de la matriz. Otro procedimiento para la eliminación de los tejidos residuales es la aspiración. Ambas intervenciones se realizan bajo anestesia general y duran entre 10 y 15 minutos.

El día después

Una vez expulsados los restos de la gestación, el ciclo menstrual vuelve a iniciarse. Tendrás perdidas vaginales durante unos días que deberás vigilar. Después de un aborto, no suele haber infección pero si sangras más de lo normal, tienes dolores en el bajo vientre, el flujo vaginal es maloliente o tienes fiebre, consulta con tu médico.

En caso de haber perdido mucha sangre, durante unos días te encontrarás cansada, sin fuerzas y quizás con algún dolor de cabeza. Cuida tu alimentación y date un respiro. Pero será en lo psicológico donde te vas a resentir más. Tu sueño, tu esperanza de un futuro bebé ha quedado bruscamente interrumpido. Como en cualquier proceso de pérdida, debes hacer el duelo de lo que no va a ser. Acepta tu tristeza, rechaza todo sentimiento de culpa. Recuerda que los abortos son frecuentes. No te reproches nada, acéptalo como un accidente que no tiene por qué volver a ocurrir. Un ensayo general que anuncia la verdadera función. Cuídate, deja que te mimen. En pocas semanas volverá a nacer la ilusión, la mirada puesta en el futuro.

¿Por qué?

Una vez recuperada, viene la gran pregunta: ¿por qué ese aborto? No siempre se podrá averiguar. La buena noticia es que haber tenido un aborto muy raramente compromete los embarazos futuros. No te preocupes demasiado, el próximo terminará felizmente con un hermoso bebé.

Los abortos son mucho más frecuentes de lo que parece. De hecho, entre el 12 y el 15 % de los embarazos diagnosticados terminan en aborto espontáneo. Pero esta cifra no recoge todas las concepciones que fracasan. Es más normal de lo que uno se imagina que la mujer aborte antes de conocer su estado. Un óvulo es fecundado pero no sobrevive porque es portador de anomalías cromosómicas y todo termina en unos días de retraso en la menstruación y una regla más abundantes de lo normal. En los demás casos, la gestación se inicia pero se interrumpe en algún momento del primer trimestre.

A partir de la semana 23, la pérdida fetal no se considera aborto sino parto prematuro.

Las causas del aborto

Los ginecólogos distinguen entre dos tipos de abortos:

Abortos espontáneos únicos.  Lo consideran como un accidente que no tiene por qué volver a ocurrir y no se profundiza para encontrar las causas. Por lo general, suele ser:

  • una anomalía accidental de la fecundación. En el 50 por ciento de los caso, el embrión es portador de una alteración cromosómica incompatible con la vida.
  • el embarazo es extrauterino. El huevo se implanta fuera de la cavidad uterina, normalmente en la trompa. Los especialistas han observado un aumento de los embarazos extrauterinos en los países occidentales. Son la causa del 1% de todos los abortos.
  • En los restantes casos, el origen es desconocido.

Abortos de repetición. Cuando un embarazo se malogra por tercera vez consecutiva, el aborto se considera de repetición. Aun así, no implica que la pareja no vaya a conseguir lo que busca. De hecho, el siguiente embarazo suele llegar a término en un 80 por ciento de los casos. Sin embargo, obliga a hacer un diagnóstico más exhaustivo.

Las principales causas de abortos de repetición son las siguientes:

  • Malformación uterina. Presencia de fibromas, miomas, o de una malformación de la cavidad uterina que impiden el desarrollo del feto. Se suele solucionar con una pequeña intervención.
  • Trastornos endocrinos. La insuficiencia luteal es el origen del 20 al 60 por ciento de los abortos recurrentes. En etapas tempranas de la gestación, cuando la placenta está aún por desarrollar, el cuerpo lúteo se encarga de la secreción de progesterona, la hormona que mantiene el embarazo. Si no segrega suficiente cantidad, se produce el aborto. Cuando se diagnostica insuficiencia luteal, se prescribe un tratamiento hormonal en el siguiente embarazo. Se prolonga hasta que la placenta tome el relevo de la secreción de progesterona. Ciertas enfermedades autoinmunes también puede ser la causa de este tipo de abortos.
  • Causas genéticas. Los padres son portadores de anomalías cromosómicas que impiden la concepción de un huevo viable. Es extremadamente raro, explican el 4 por ciento de los abortos de repetición.
  • Existen otros factores de riesgo como la edad de los padres, el tabaquismo materno o ciertas infecciones. 

El siguiente embarazo

En cuanto estés plenamente recuperada y, al menos que tu ginecólogo te recomiende esperar, podrás volver a buscar ese segundo embarazo que tanto esperas.  Y no temas, ten en mente que un aborto es la garantía de fertilidad, no una condena del embarazo.

Magda Campos