Los tipos de placenta previa

Cuándo preocuparse

En la mayoría de los embarazos la placenta se sitúa en la parte alta del útero, evoluciona sin problemas y no se desprende de allí hasta después del parto. Pero, ¿qué ocurre cuando se inserta en la parte baja o se desprende antes de tiempo?

 
Placenta previa

A través de la placenta, tu hijo se alimenta, respira y elimina sus desechos. Además, forma una barrera que impide el paso de algunos microorganismos y sustancias nocivas para tu bebé. El papel de la placenta es vital. También su posición en el útero. Veamos por qué.

¿Qué es la placenta previa?

 Cuando el óvulo es fecundado, recorre la trompa de Falopio y suele implantarse en el “techo” del útero. Allí la placenta dispone de espacio para crecer sin problemas. En cambio, a veces lo hace en la parte baja o lateral de la cavidad uterina, en zonas muy próximas al cuello del útero, llegando incluso a obstruirlo. Este fenómeno se conoce como placenta previa, la más común y fácilmente detectable de las patologías placentarias. La placenta previa se puede diagnosticar con una ecografía en cualquier momento de la gestación, aunque no tiene un valor definitivo hasta el tercer trimestre.

¿Tiene solución?

Se estima que alrededor del 10% de las embarazadas presenta placenta previa al inicio de la gestación y, sin embargo, al llegar al tercer trimestre este porcentaje se ve reducido al 1%. Este fenómeno tan común se llama migración placentaria y no significa que la placenta cambie de lugar, sino que, a lo largo del embarazo, el segmento inferior del útero crece hasta alcanzar los 20 cm. Este desarrollo logra alejar un poco las placentas bajas del orificio cervical. Por eso, si te la diagnostican al principio de tu embarazo, no saques conclusiones precipitadas. El médico seguirá su evolución y te dirá las precauciones que debas tomar en cada momento.

Tipos de placenta previa

Lateral o de inserción baja. Está colocada a menos de 10 cm del orificio cervical, es decir, en el segmento inferior del útero, pero sin llegar a tocar la entrada. El parto suele ser vaginal normal.

Marginal. Contacta con el orificio pero no llega a sobrepasarlo. Si la placenta se desplaza al dilatarse el cuello del útero, puedes tener parto vaginal.

Parcial. La placenta cubre parcialmente el orificio. Puede intentarse el parto vaginal, pero si se produce una hemorragia es necesaria una cesárea de urgencia.

Total u oclusiva. Como en el dibujo, la placenta cubre por completo el orificio. Suele programarse la cesárea. La colocación de la placenta impide la salida del bebé y cualquier maniobra podría ser peligrosa.

Vigila las pérdidas

Sangrado espontáneo abundante o escaso, de color rojo vivo y sin dolor abdominal, que a veces cesa para reaparecer de nuevo. Es el principal síntoma que te pondrá sobre aviso de una placenta previa. Suele presentarse después de la semana 28-30. En otros casos, no aparece el sangrado en todo el embarazo, pero no es lo habitual. La placenta, al estar situada tan baja, corre el riesgo de desprenderse parcialmente por uno de sus bordes de la pared del útero, cuando el segmento inferior de este se estira y comienza a crecer más deprisa, es decir, a partir de la 26-28 semana. Por eso sangra.

No debes alarmarte porque es normal, aunque sí dirigirte de inmediato al hospital, donde te harán una ecografía y vigilarán el estado del bebé y el tuyo ante la pérdida de sangre. Lo más probable es que el especialista te recomiende realizar reposo hasta el momento del parto, evitar las relaciones sexuales y estar cerca de un centro hospitalario por si se presentase una nueva hemorragia.

Si se desprende antes de tiempo

Algo más grave y excepcional es el desprendimiento prematuro de placenta. Este grave accidente consiste en la separación de la placenta de su zona de inserción antes del nacimiento del feto, de manera que se interrumpe su aporte de nutrientes y oxígeno y se condiciona su supervivencia. Este hecho produce una hemorragia, contracciones y dolor abdominal. Los síntomas comienzan de forma brusca y la sangre es oscura y con coágulos. Puede ocurrir por un traumatismo, estados de hipertensión, déficit de ácido fólico o por fumar.

Si observas estos síntomas, acude urgentemente al hospital más cercano. Allí valorarán el grado de desprendimiento. Si es parcial, es posible que con reposo el embarazo llegue a término sin problemas. Si es total, será necesario practicarte una cesárea.

Asesoramiento: Dr. José Mallafré, jefe del Servicio de Obstetricia Clínica de USP Institut Universitari Dexeus y Dra. Mª Antonia Sánchez Oliver, ginecóloga del Servicio de Obstetricia y Ginecología del Hospital Universitario Virgen del Rocío, de Sevilla (con la supervisión del Dr. Castro, jefe de Perinatología de dicho hospital).

 

Vanesa Lleó




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