Cómo evitar la toxoplasmosis en el embarazo

Una infección peligrosa

La toxoplasmosis es una enfermedad poco frecuente en el embarazo, apenas perceptible para la mujer pero que puede tener graves consecuencias sobre la salud del feto. Unas sencillas medidas la mantendrán alejada.

 
¿Qué es la toxoplasmosis?

La toxoplasmosis es una infección causada por el parásito Toxoplasma gondii, que vive en el intestino de los gatos. Se estima que 4 de cada 10 personas han padecido esta patología en algún momento de su vida casi sin darse cuenta pues, fuera del embarazo, resulta completamente benigna. Durante la gestación, si la infección llegase al feto podría acarrearle graves consecuencias. Analizamos cuáles son y cómo evitar el contagio.

La infección por toxoplasmosis

La principal vía de contagio de la toxoplasmosis es el consumo de carne cruda o poco hecha y verduras mal lavadas. El parásito vive en el intestino de los gatos y se expulsa al exterior a través de sus heces. Si ciertas plantas y animales cuya carne es de consumo humano –cerdos, vacas, pollos...–, están en contacto con la tierra donde han defecado los gatos, pueden ingerir los parásitos y transmitir la enfermedad a las personas. No obstante, queremos tranquilizarte porque la posibilidad de contagio es muy remota y unas sencillas medidas bastan para evitarlo.

Ten en cuenta que si has estado en contacto con el Toxoplasma gondii en los seis meses anteriores al embarazo, estarás inmunizada contra él y tu organismo dispondrá de los anticuerpos necesarios para combatir un hipotético contagio.

Cómo se detecta la toxoplasmosis

Como ya hemos comentado, esta infección es apenas perceptible para los humanos puesto que causa unos síntomas similares a los de un simple catarro: dolores musculares leves, pérdida de apetito y fiebre baja. El problema puede surgir cuando la infección llega al feto. Dependiendo del momento de gestación en que te encuentres los efectos que puede causar sobre tu hijo serán diferentes. En el primer trimestre la posibilidad de contagio es muy baja (2 de cada 10 caso detectados) pero las secuelas son graves: malformaciones, hidrocefalia, sordera, ceguera o pérdida del embarazo. Mientras, en los últimos meses el riesgo de contagio es más alto pero las consecuencias para la salud del pequeño son leves o inexistentes.

Un análisis de sangre basta para comprobar si eres inmune o no a la toxoplasmosis. Te lo harán en la primera visita médica. Si los resultados demuestran que tienes anticuerpos no tendrás que tomar ninguna precaución. Por el contrario, si no es así, te someterán a analíticas de forma periódica y te recomendar tomar algunas precauciones especiales.

Medidas para evitar la toxoplasmosis

- Olvida la carne cruda o poco hecha. Este parásito muere a los 72 ºC, por lo que es necesario que el interior del alimento alcance esta temperatura. Esto sólo se consigue con una cocción adecuada: el microondas no permite ni la temperatura ni el tiempo necesarios para destruirlo. También ayuda congelar la carne a -20 ºC durante al menos 48 horas.
- Tampoco tomes steak tartar, carpaccio, embutido o jamón serrano, salvo que sea ibérico curado. Sí puedes tomar jamón de York o pechuga de pavo, que han sido cocidos antes del envasado.
- Frutas y verduras bien limpias. Si comes en casa, pela y lava cuidadosamente los vegetales con lejía apta para alimentos y acláralos después bajo el chorro de agua, sobre todo si vas a consumirlos crudos. En los restaurantes, mejor pídelos cocidos.
- Lácteos pasteurizados. Evita la leche y los yogures que no hayan sido pasteurizados y esterilizados.
- Si tienes gato. No es necesario que te deshagas de tu mascota por el simple hecho de que pudiera estar contagiado de toxoplasmosis. Ve a tu veterinario para que lo compruebe y, para evitar riesgos, pide a tu pareja que sea él quien se encargue de limpiar el arenero hasta que haya nacido el pequeño.
- En el jardín. Si tienes un pequeño jardín o macetas en la terraza y quieres trabajar en ellas, hazlo siempre con guantes y lávate muy bien las manos después.

Si la infección está activa

Si el control analítico revela que tienes toxoplasmosis o que la has tenido en los últimos seis meses, puede indicar la conveniencia de un tratamiento farmacológico. Pero antes hay que determinar si el feto está infectado. La ecografía y una amniocentesis ayudan a confirmarlo. Y es que el tratamiento será diferente en cada caso.

 

Gema Martín