4 alteraciones de la placenta y su tratamiento

Sangrados, dolor abdominal... y otros síntomas

La placenta es el ‘puente’ entre la mamá y el bebé. Por eso, cualquier alteración en este órgano puede poner en riesgo el embarazo; un peligro que, afortunadamente, se puede minimizar con un riguroso control médico y mayores cuidados. Estas son las cuatro más frecuentes.

 
Embarazada acariciando su tripa

1. Placenta previa 

Uno de los problemas de la placenta más conocidos –aunque su incidencia, que afecta a uno cada 200 nacimientos, no es muy alta– es el que tiene que ver con su ubicación en el útero. Es la llamada placenta previa, que se sitúa en el segmento uterino inferior, colocándose en muchos casos por delante del feto en su camino de salida por el canal del parto. 

No todas las placentas previas se posicionan igual dentro del útero, por lo que sus posibles complicaciones y su abordaje médico tampoco será el mismo. Así, la total u oclusiva, que tapa completamente el canal de parto, siempre obliga a hacer una cesárea, pero la parcial, que lo cubre parcialmente, o la marginal, que se sitúa al lado pero sin llegar a taparlo, suele permitir el parto normal. 

Al principio de la gestación muchas embarazadas tienen una placenta de inserción baja en el útero, pero a medida que éste crece, va “ascendiendo” y se aleja del orificio cervical interno. Por eso, la placenta previa, como tal, no se diagnostica antes de la semana 20, salvo que se haya producido un sangrado, que es el principal síntoma de esta alteración y que debe llevar a la gestante a Urgencias inmediatamente.

¿Cómo se trata?

Depende del tipo de placenta y de los síntomas que presente la mujer. Si ha sido diagnosticada mediante ecografía y no ha sangrado, no es necesario ingresarla. Eso sí, es importante que guarde reposo y que evite el coito y las actividades que requieran esfuerzo. Además, tendrá un control médico riguroso, con más monitorizaciones fetales, ecografías, perfiles biofísicos y analíticas, para ver si tiene anemia y en ese caso, administrar hierro. Si tiene sangrado, el tratamiento puede incluir un reposo más acentuado y el ingreso hospitalario. El sangrado puede ocurrir en cualquier momento de la gestación, pero suele darse entre las semanas 27 y 33, y aumenta a medida que se acerca el parto y llegan las contracciones. Si la placenta previa es total o parcial, normalmente se planifica una cesárea, pero si es marginal o baja, se intenta un parto vaginal. 

2. Placenta envejecida

Otro tipo de alteraciones placentarias son las causadas por su mal funcionamiento. En ocasiones –afortunadamente, muy raras–, la placenta deja de funcionar adecuadamente y no permite el paso de oxígeno y nutrientes al bebé. Es lo que se conoce como insuficiencia placentaria o placenta envejecida, que da lugar a problemas de crecimiento del feto. Dicha anomalía es más frecuente en mujeres con enfermedades previas, como hipertensión o diabetes, y que ya han tenido alguna cesárea. El único síntoma es que la tripa aumenta poco, pero no se puede diagnosticar hasta la ecografía del tercer trimestre que se hace para ver si el feto crece correctamente.

¿Cómo se trata?

Con reposo, ya que éste aumenta la cantidad de sangre que llega al útero y, por tanto, que puede atravesar la placenta, lo que mejora la perfusión del feto. Las recomendaciones también contemplan una vigilancia médica exhaustiva, el tratamiento de la patología de base y la monitorización del bebé para controlar su bienestar y valorar el adelanto del parto

3. Acretismo

Es un problema de inserción placentaria, que ocurre cuando la placenta penetra en el músculo uterino. Es una patología más grave, pero muy poco frecuente. No da síntomas y, a menos que se diagnostique en la ecografía del tercer trimestre –lo que en muchas ocasiones no se logra–, los médicos la descubren en el momento del parto, cuando la placenta no se desprende o lo hace con dificultad.  

¿Cómo se trata?

Al ser una complicación asociada a las mujeres con cesáreas anteriores y placentas previas, los médicos suelen planificar con antelación la intervención. El objetivo es prevenir la hemorragia durante el parto que es el riesgo principal de la placenta envejecida.

4. Desprendimiento de placenta

Ante un sangrado o una excesiva secreción vaginal, la embarazada debe ir a Urgencias. Y con mucho más motivo si las hemorragias aumentan su frecuencia o se acompañan de dolor abdominal, porque entonces podemos estar ante un desprendimiento de placenta. ¿Y qué provoca esta alteración? La causa más común es una lesión en este órgano o en sus vasos, y algunos factores de riesgo son la hipertensión, un traumatismo –como un accidente de tráfico– o el consumo de alcohol. Aunque puede aparecer en cualquier momento de la gestación es más frecuente en el tercer trimestre.

¿Cómo se trata?

Ante un desprendimiento, a la gestante se la ingresa en el hospital para someterla a un estrecho control, y si existen signos de sufrimiento fetal o riesgo de hemorragia para la madre, se realizará una cesárea de urgencia.

Gema Martín