La recuperación de un aborto

Cómo reponerse física y emocionalmente

Tras vivir un aborto, no solamente flaquean las fuerzas físicas. También el equilibrio emocional se ve trastocado. Necesitas recuperarte en cuerpo y alma.

 
La recuperacion de aborto

Bien por los síntomas que experimentaste o por las pruebas realizadas, el diagnóstico fue inapelable: tu embarazo iba a terminar mucho antes de tiempo. No quedó más remedio que afrontar la etapa final de tu fallida gestación.

Habitualmente, se presentan dos escenarios. Puede que expulses el contenido del útero de forma natural o que tengan que intervenir quirúrgicamente procediendo a realizar un legrado por aspiración. La operación consiste en dilatar el cuello del útero y eliminar su contenido con un aparato que lo succiona. También se puede usar una especie de cucharilla de mango largo para raspar las paredes uterinas. Finalizada la intervención, se inicia la vuelta a la normalidad.

Tu recuperación física

Si has perdido mucha sangre, es posible que te encuentres algo anémica. Te sentirás muy cansada, con ganas de dormir a cualquier hora.

Tendrás pérdidas de sangre hasta que tu pared uterina cicatrice. En los 15 días siguientes al aborto, se recomienda:

  • evitar las relaciones sexuales,
  • conviene tomar duchas en vez de usar la bañera,
  • no bañarse en el mar o la piscina,
  • llevar compresas en vez de tampones. 

En menos de un mes, estarás como nueva y volverás a menstruar.

La fiebre o los dolores intensos no son frecuentes pero pueden ocurrir. Indican una infección y requieren tratamiento médico. Consulta con tus facultativos si se presentan.

La recuperación emocional

Seguramente tu recuperación emocional te cueste más que la física. Has perdido un bebé y aunque su presencia haya sido más imaginaria que real, renunciar a esa gestación llevará su tiempo. No escondas tus sentimientos, conviene que tu entorno entienda por donde estás pasando y te ayude a superar ese trance.

Si bien la idea de un próximo embarazo es el mejor de los consuelos, algunas mujeres experimentan un gran abatimiento y dificultades por aceptar la pérdida.

El duelo es el proceso que recorremos para renunciar a un apego afectivo importante. Bien es cierto que nadie pasa por un duelo de la misma forma. Sin embargo, existen etapas emocionales que suelen estar presentes. Estos peldaños no siempre se recorren de la misma manera, en el mismo orden y con la misma intensidad. Unos pueden costarnos más que otros pero el último, que consiste en la aceptación de la pérdida, es el punto de llegada, el que nos hará ver el futuro con más optimismo y nos devolverá las ganas de intentarlo de nuevo.

  • Negación. Después de un acontecimiento traumático, es frecuente que la persona se quede emocionalmente como de caucho, como si no sintiera nada. Niega lo que le ha ocurrido o su importancia. Pierde el contacto con sus verdaderos sentimientos. Pero si bien los calla, están allí y de alguna manera aflojarán.
  • Culpa e ira. Esta es una etapa muy frecuente y bastante intensa. Te echas la culpa de lo ocurrido y te lo recriminas. “Si no hubiera fumado, montado en bicicleta…”. También puedes atribuir la culpa a alguien cercano y sentir mucho enfado hacia él. Conviene recordar que un aborto es algo que no se puede predecir. Pero si te sientes enfadada contigo misma o con alguien de tu entorno, piensa que tus sentimientos son normales y que pronto se irán.
  • Abatimiento. Después de la ira, viene la profunda tristeza por lo ocurrido y el desinterés por lo que te rodea. Puedes tener algo de insomnio y frecuentes ganas de llorar. No te reprimas, sé benévola contigo misma y todo pasará. Eso sí, no dejes que la depresión gane la partida y consulta con tu médico en caso de duda.
  • Aceptación. Esta es la última etapa del proceso, la que te llevará a considerar la pérdida de tu embarazo como un ensayo general de tu maternidad, un paso hacia una gestación con final feliz.

Tú y tu pareja

Así como dos mujeres no viven su aborto de la misma manera, es posible que tu compañero afronte la pérdida de vuestro embarazo de forma muy distinta a la tuya. Como en cualquier proceso repleto de afectividad, respondemos a él según nuestra forma de ser y la carga emocional que lleva.

Reconocer los sentimientos ajenos suele ser complejo y aceptarlos también. Ahora más que nunca necesitáis vuestro mutuo apoyo y eso pasa por entender al otro y aceptarlo tal y como es. En un momento así, conviene olvidarse del pudor y poner palabra a los sentimientos con sinceridad y respeto. El cariño hará el resto.

 

Victoria Gómez




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