Enseña a tu hijo el valor del esfuerzo

Fundamental para afrontar dificultades en la vida

En palabras de la Asociación Mundial de Educadores Infantiles, hoy más que nunca, es necesario fomentar la capacidad de autocontrol de los niños para que sean capaces de soportar los esfuerzos que exige la vida en sociedad. ¿Cómo logarlo? Estos son sus consejos.

 
 

El valor del esfuerzo

Los consejos de la Asociación Mundial de Educadores (AMEI) para que nuestros hijos aprendan a esforzarse en la realización de sus tareas.

La fuerza de voluntad y el esfuerzo se entrenan día a día, convirtiendo los comportamientos en hábitos y con la habituación disminuye la sensación de esfuerzo. Cuando el niño es capaz de comprender por qué debe hacer algo y siente motivación para hacerlo, el hábito del trabajo y el esfuerzo se convierte en valor que dirige su conducta y sus decisiones en la vida. No se fomenta este valor cuando los padres imponen y el niño simplemente obedece. Inculcar la obediencia es necesario para que el pequeño dé cauce a sus capacidades en vez de seguir los impulsos de sus caprichos y apetencias. Pero también es preciso que el niño se sienta motivado para que surja la disposición para el esfuerzo necesario que le conduzca a lograr la meta propuesta. Los motivos más valiosos para el niño pueden ser la aceptación y aprobación de los padres y educadores, la valoración social en general, lo atractiva y placentera que puede resultarle la actividad a realizar, el orgullo por los logros propios, etc.

A través de la exigencia y firmeza adecuadas, los padres pueden desarrollar la capacidad de trabajo y esfuerzo de los niños, estimulando al mismo tiempo valores tan importantes como la fuerza de voluntad, la constancia, la paciencia, la perseverancia, la resistencia a la frustración, la responsabilidad, etc. Si el niño comprende el sentido o finalidad de la exigencia del adulto, si ésta responde a sus intereses o necesidades, si puede participar en su planificación, si tiene la confianza de cumplirla y se compromete a desarrollarla, la exigencia genera motivación. Sin embargo, la imposición de una exigencia del adulto, la amenaza y el miedo a las consecuencias del incumplimiento, no generan motivación alguna para el niño, ni promueven su disposición para esforzarse.

El trabajo y el esfuerzo no forman parte de la herencia genética, son valores que precisan desarrollarse. Los padres acompañan y ayudan al niño en su aprendizaje facilitando un ambiente familiar seguro, afectivo, alegre y motivador. En este ambiente, el ejemplo de los padres es primordial. El niño aprenderá a esforzarse si observa la alegría con que los adultos se esfuerzan por cumplir bien su trabajo. Si, por el contrario, sólo escucha a los padres quejas, excusas y lamentaciones al tener que trabajar por obligación, el niño aprenderá a hacer lo mismo.

Marisol Justo de la Rosa, pedagoga y miembro de la Asociación Mundial de Educadores Infantiles.

 


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