Juegos para aprender la obediencia

Buenos motivos para serlo

A través de un cuento enseñaremos al niño por qué hay que ser obediente.

 
obediencia

La acción de obedecer es aquella en la que se acatan normas, órdenes, reglas y comportamientos. Es preciso enseñar al niño a ser obediente. Esto no quiere decir que sea una obediencia ciega, siempre se le debe explicar el porqué es necesario que haga las cosas que se le pidan. Cuéntale el siguiente cuento.

“La cotorrita desobediente”
El sol aparecía en el cielo como un gran aro calentándolo todo, daba los buenos días a los animales y a las plantas que vivían contentos y felices allá lejos, donde están la laguna y el pantano.
-“Buenos días, querido sol!”-, contestaban a coro todos los animales al ver el sol cruzar el firmamento: la tortolita con un viraje de sus ojos, la mariposa abriendo y cerrando sus alas, el pato entrando una y otra vez en el agua, el conejito escondiéndose temeroso tras los espesos árboles.
Todos ellos iban y venían en su diario quehacer, menos la cotorrita Tita, que no le hacía caso a nadie, ni a su mamá cotorra, ella quería solo hacer lo que le venía en gana.
Un día en que el cielo estaba encapotado con grandes nubarrones, y a punto de caer una torrencial lluvia, Tita muy adornada con sus plumas rojas y verdes, un gran collar en su cuello y en una de sus alas un brillante bolso, se disponía a salir.
Al verla así su mamá le preguntó: -“¿A dónde vas Tita? No puedes salir sin pedirme permiso, yo siempre tengo que saber dónde estas, porque eres pequeña aún y corres peligro en el monte. Además, mira al cielo, va a caer un gran aguacero y si te mojas te vas a resfriar”-.
-“Yo no me voy a enfermar, mamá porque yo soy una cotorrita muy fuerte y saludable. Además son ideas tuyas, no va a caer una sola gota de lluvia, verás como el viento se la lleva.”-
Al cabo de un rato, Tita, en el menor descuido de su madre, partió sin hacerle caso.
Cada vez que Tita salía a pasear tan bonita, todos los animales decían “¡Qué cotorrita más linda y graciosa!” y Tita siempre respondía entornando sus ojos y virando su cola verde oscura y verde clara con un acento de gracia.
Y tanto le gustaban esos halagos que no dejaba de hacer estos paseos todos los días, quisiera o no su mamá.
Aquel día se le acercó la mariposa. Batiendo sus alas, le dijo:
-“El día está nublado y lloverá seguramente, yo te aconsejo que no salgas.”-
Tita le contestó: - “eso mismo dice mi mamá, pero yo no lo creo”- y echó a andar.
No había caminado mucho y al pasar por la laguna el pato sacó la cabeza y le dijo: -“Cuac, cuac, Señorita cotorra. Si llueve y crece la laguna no podrás cruzar cuando regreses de tu paseo.”-
-”Pero qué pato más atrevido”- contestó malhumorada Tita, -“Mira que decirme a mi que no podré cruzar. ¿Quién le habrá dado autorización para decirme esto?-
El pato contestó: -“Pues vete. Allá tú si no quieres hacerme caso.”-
Pero Tita, sin contestar nada, giró su cabeza y siguió caminando.
Luego, detrás de un árbol salió el conejito que, asustado, le dijo:- “¿Cómo te atreves a salir con un día así? ¿No ves que va a caer una gran tormenta y no vas a poder regresar a tu casa?”-
Tita contestó:- “¡No quiero mas recomendaciones! ¡Yo hago lo que quiero y no tengo que hacerle caso a nadie, ni a mi madre!”-
Y efectivamente, Tita se fue meneando más la cola, parando la cabeza como el bambú que crecía en las aguas de la laguna.
Pero, tal y como le habían anunciado los compañeros y su mamá, empezó la tormenta, y la lluvia arremetía tanto que Tita se asustó, y con voz lastimera decía: -“¡Ay de mí! ¡Ay de mi collar y de mi brillante bolso!” ¡Ay de mis plumas!”-
Y la desobediente cotorrita, mientras más llovía más asustada se ponía, y con todas sus plumas mojadas estaba hecha una calamidad.
Mientras tanto, su madre desesperada, buscaba a Tita. Los animales le informaron que ella había salido y esto aumentó más su preocupación.
La laguna crecía y las aguas desbordadas obligaron a los animales a subir a lugares altos.
La corriente era cada vez mayor, todo se había inundado, Tita divisó un madero que flotaba en el agua y se subió a él para no ahogarse y así estuvo varios días hasta que se calmó la tormenta, pero ya la corriente la había arrastrado muy lejos de su casa.
Cuando escampó se encontraba sola en un paraje desconocido, pero sus compañeros pensando en los apuros y el peligro que corría Tita, se organizaron y la buscaron por todos lados. Finalmente la encontraron, toda mojada, sin collar, ni bolso y temblando de frío.
Ya en su casa, Tita juró a su madre y a todos sus amigos que nunca más sería desobediente.

Pregunta a tu hijo:
- ¿Crees que Tita es obediente?
- ¿Cómo actúa una persona obediente?
- ¿Eres obediente? ¿Por qué?

Comenta con tu hijo:
Critica la actitud de Tita, enfatizando en las consecuencias de su desobediencia, y el alto precio que pagó por no hacer caso a su madre y a sus compañeros. Aclara que aTita le podía haber sucedido algo peor por desobedecer y hacer algo muy peligroso para ella.

Colorear:
Terminaremos la actividad coloreando la lámina de la cotorrita Tita con su mamá.
Pincha aquí para obtener la lámina.

Actividad propuesta por la Asociación Mundial de Educadores Infantiles (Amei)