Un pacto por la 'Educación en equipo'

Acuerdo entre padres y profesores

La comunicación y la información constante entre padres y profesores es fundamental para una buena educación de nuestros hijos. Un nuevo proyecto de SM y Gestionado hijos busca fomentar este y otros valores.

 

“Un niño necesita dos piernas para caminar pero también dos manos para desenvolverse en la vida, una va a estar enlazada a sus padres, la otra a sus profesores. Por eso es tan importante que haya un respeto mutuo entre todos, que se fomente la empatía, el diálogo, la comunicación y la información.” Son palabras de Carmen Cabestany, secretaria general de NACE (No al acoso escolar) y profesora, durante la presentación del Pacto por la Educación en equipo, desarrollado por la Fundación SM y Gestionando hijos, una propuesta para darle sentido común y compromiso a una relación vital para el éxito educativo, la que hay entre padres y profesores.

Las bases del pacto

Siendo padres y profesores los dos agentes más importantes de este pacto, y de la educación de nuestros pequeños, no es de extrañar que lo que se busque, sobre todo, sea la mejora en las relaciones entre estos y el compromiso de ambas partes para perseguir cada día el bien de los más pequeños. 

Para lograrlo, Fundación SM y Gestionando hijos propone que los padres se comprometan a cumplir estas normas:

1. Colaboraré con los profesores considerándolos compañeros en la educación de mis hijos.

2. No criticaré a los profesores (y menos aún delante de mis hijos), y, si rugen problemas, hablaré con ellos directamente. No usaré los grupos de WhatsApp de padres para cuestionar sus decisiones y fomentar el desencuentro.

3. Haré todo lo posible por prestigiar la figura del profesor, participando en su reconocimiento social.

4. Estaré disponible para hablar con el profesor cuando lo considere necesario, comprometiéndome a dialogar con una actitud positiva. Escucharé con atención y buena disposición lo que los profesores me digan sobre mis hijos.

5. Pondré a disposición de profesores y de la escuela en general mis conocimientos, al objeto de participar activamente en una verdadera comunidad de aprendizaje.

6. Haré todo lo que esté en mi mano para colaborar con los profesores y la escuela para erradicar el acoso escolar. Yo también soy responsable de exterminar esa lacra.

7. No haré los deberes ni los trabajos de mi hijo, solo le ayudaré y animaré a hacerlos, ya que con ello estaré entrenando a mi hijo en la responsabilidad y no en la dependencia.

8. Contagiaré emociones positivas a mis hijos sobre su escuela, sus profesores y su aprendizaje. Veré la escuela como mía.

9. Trabajaré en equipo con los profesores en la mejora y progreso de la sociedad a través de la educación y de forma muy especial en: conseguir una sociedad más justa, promover la cooperación en ligar de la competitividad, aceptar y promover la diversidad y formar personas más respetuosas, amables y agradecidas.

10. Me plantearé a diario qué estoy haciendo yo para que la escuela de mis hijos sea mejor.

11. Recordaré que educar a mis hijos con conciencia e ilusión es garantía de una sociedad mejor. Seré plenamente consciente de la importancia de mi papel educativo y jamás rehuiré mi responsabilidad.

Por su parte, los profesores se comprometen a:

1. Querré más a mis alumnos que a la asignatura. Siempre diré o reconoceré a padres y madres algo bueno de mis alumnos y me empeñaré en descubrir sus talentos.

2. Trataré de aprender, tanto de mis alumnos, como de sus familias. Cada clase, cada nuevo curso, es un universo lleno de oportunidades y retos.

3. Fomentaré el diálogo y la implicación de los padres de mis alumnos en el día a día del aula. Comunicar constructivamente con ellos es una tarea importante.

4. Me preguntaré a menudo qué puedo hacer para tener puentes con las familias y proponerles participar en la vida escolar.

5. Como todos somos diferentes, abordaré la diversidad de mi aula como acicate para identificar lo más valioso de cada uno. Calificar a mis alumnos como buenos o malos, fáciles o difíciles, limita su desarrollo.

6. Coordinaré con el equipo docente la carga de deberes que mis alumnos llevan a casa para que puedan conciliar su vida escolar con la familiar y personal.

7. Me comprometeré a erradicar el acoso escolar y orientaré mi trabajo junto con los alumnos a buscar y pensar soluciones. Haré saber a mis alumnos y padres que pueden recurrir a mí ante cualquier situación de conflicto.

8. Confiaré en la capacidad de mis alumnos y se lo haré ver a sus padres, así desarrollarán su autoconfianza. Valoraré su esfuerzo más que sus logros.

9. Trabajaré en equipo junto con las madres y padres de mis alumnos en la mejora y progreso de la sociedad a través de la educación. Y de forma muy especial en: conseguir una sociedad más justa, promover la cooperación en ligar de la competitividad, aceptar y promover la diversidad y formar personas más respetuosas, amables y agradecidas.

10. Las reuniones con madres y padres son una gran oportunidad de encuentro e intercambio de experiencias. Mantendré comunicación continuada y constructiva con las familias para colaborar juntos en la mejor educación de mis alumnos.

11. Recordaré que mi función como educador tiene una transcendencia en la construcción de un mundo mejor. Seré plenamente consciente de la importancia de mis palabras y gestos y jamás rehuiré esa responsabilidad.

Mucho por hacer

Conseguir que este articulado se convierta en una realidad en nuestros colegios y hogares no es sencillo. Así lo manifestó M.ª Jesús Álava, psicóloga y autora de libros como La buena educación o El no también ayuda a crecer. “Lo más importante para los niños es que sus padres y profesores trabajen a la par, sin diferencias entre ellos, porque ellos son los grandes perjudicados. Este debe ser un pacto proactivo y preventivo que se ponga en marcha desde Educación Infantil y para ello son necesarias dos cosas: que se aumente las horas de que los profesores disponen para atender a los padres un 100% y que las empresas concedan a los padres el tiempo necesario para acudir a las tutorías. ¿Por qué vemos natural que un trabajador se ausente para hacerse un escáner pero no para hablar con los profesores? Esas reuniones nos sirven para invertir en la salud emocional del niño y también son fundamentales.

Carmen Cabestany se mostró de acuerdo con esta necesidad de tiempo en las aulas. “La práctica diaria nos demuestra que no hay tiempo para hablar ni con los padres ni con los niños y el tiempo es vital”. Además, resaltó la importancia de aumentar ese trabajo diario a la lucha contra el acoso escolar, la gran lacra del sistema educativo. “El acoso afecta al 26% de la población escolar; sólo el 14% se lo dice a los padres, el 10% a los profesores y el 60% sólo lo comparte con los compañeros, que no pueden ayudarle. Es un problema en la sombra para el que no todos estamos preparados y formados pero que puede evitarse aplicando los adecuados planes preventivos que nos permita evitarlo y detectarlo pues además se trata de un problema que no sólo tiene efectos en la infancia, sino también en la vida adulta. El agresor debe aprende a no agredir, la víctima a defenderse y los espectadores a intervenir y no consentirlo”.