Cómo mejorar las notas durante el verano

Lo más importante es conocer las razones que han provocado el suspenso

Si vuestro hijo se presenta con malas notas, hablad con él, buscad las causas y tomad medidas reflexivas. Tenéis todo un verano para lograr el éxito escolar.

 
Niño estudiando

Los suspensos plantean un problema que exige buscar causas y tomar decisiones basadas en la reflexión y el diálogo. Cuando los suspensos llegan a casa en Primaria, no es tan descabellado pensar que, si al niño le cuesta aprobar todas las asignaturas en los primeros ciclos de la enseñanza, le será más difícil hacerlo a medida que aumente el nivel de exigencia. Sin embargo, el fracaso escolar no es lo mismo que malas notas. De cualquier manera debemos tener en cuenta muchos factores, como la evolución del pequeño a lo largo de varios cursos, sus dificultades en casa o en el colegio... Recuerda que el verano da para mucho y es posible que los pequeños mejoren sus resultados académicos sin renunciar al descanso y a la diversión.

Localizar el problema

Pero, de momento, estamos en Primaria, y las causas de unos cuantos insuficientes a final de curso son muy diversas:

  • Fracaso escolar transitorio: ocurre cuando el rendimiento escolar del niño, que siempre ha sido normal, baja repentinamente. Las causas pueden ser una nueva asignatura que le resulta difícil, una mala conexión con un profesor o una baja motivación por tener otros intereses o algún problema personal puntual.
  • Fracaso escolar habitual: se da cuando el pequeño tiene dificultades en el colegio de forma reiterada. Normalmente, detrás de esta situación escolar están problemas de aprendizaje o comportamiento, déficits cognitivos o de salud...
  • Rendimiento escolar insatisfactorio: se refiere a los casos de alumnos que rinden por debajo de sus posibilidades, ya sea porque deciden no explotar al máximo sus habilidades o porque su criterio evaluador es diferente al del profesor.

Lo más importante es conocer las razones que han llevado al pequeño a los suspensos. Si el niño presenta problemas de aprendizaje o emocionales, lo más adecuado sería buscar la ayuda de un profesional, como un pedagogo, un logopeda o un psicólogo, que le ayuden a superar estas dificultades. También habría que valorar si “sabe estudiar” y, si no es así, enseñarle técnicas de estudio y formas de organizar sus tareas. Si el problema es la falta de interés, siempre es más recomendable intentar motivarle y dialogar que imponer castigos. Es importante mantener la calma, hablar con él y evitar tomar decisiones impulsivas, del tipo "este verano te quedas sin vacaciones”. Eso sí, tampoco hay que ser condescendientes, porque frases como “no te preocupes, hijo, no pasa nada”, suponen dejar la responsabilidad de los estudios en manos de los niños.

Organizar el verano

La clave está en ayudar al niño a mejorar sus notas en septiembre, pero intentando que eso afecte lo menos posible a la rutina vacacional de los otros miembros de la casa. Para ello, hablad con los profesores. Ellos os pueden dar pistas sobre lo que ha causado esos suspensos, las áreas a mejorar y algunas estrategias para organizar sus tareas en verano:

  • Tomaos unas vacaciones. Si teníais previsto pasar unos días en la playa, no abandonéis vuestros planes. La familia no puede verse afectada por unas notas y el niño también tiene derecho a descansar y divertirse. Las vacaciones escolares duran casi tres meses y es imposible –y también perjudicial– que el pequeño pase todo el día estudiando.
  • Planificad un horario de estudio. El pequeño debe dedicar un tiempo al estudio, que variará en función del curso en el que se encuentre, de los suspensos que haya tenido y de las tareas que le hayan encargado. Cualquier momento es bueno, aunque aprovechará más las primeras horas de la mañana y las de después de la siesta. Consultad con él qué horario le gusta más, pero advertidle de que, una vez fijado, no se puede cambiar. Eso sí, siempre hay que dejar claro que estas tareas no son un castigo, sino una forma de aprovechar el verano y mejorar en el colegio.
  • Mejor premios que castigos. Si queréis motivar a vuestro hijo, debéis saber que funcionan mejor las recompensas que los castigos. Llegad a acuerdos con él y prometedle algún premio al final del verano si trabaja bien y se esfuerza. 

Asesoramiento: Laura Cuadrado, psicóloga infantil de ISEP Clínic. ¿Por qué suspenden nuestros hijos?, de Raimon Gaja. Ed. Grijalbo.

 

Gema Martín