Cómo responder al niño si se preocupa por la muerte

Enséñale a verla como algo natural

El fallecimiento de alguien cercano al entorno del niño puede hacer que este experimente nuevos sentimientos y se plantee muchas preguntas.

 
Muerte

En torno a los 8 años, los niños ya empiezan a tener una idea realista de la muerte, saben que es algo que le llega a todo el mundo y que es irreversible. Esto no es más que teoría porque en la práctica, sigue siendo algo que sitúan fuera de su mundo y que está relacionado fundamentalmente con la vejez. Por eso, si viven de cerca el fallecimiento de un familiar, este puede plantearles muchas reacciones emocionales nuevas que los padres debemos explicar para ayudarles a comprenderlas y asumirlas.

¿Yo también me puedo morir?

La mayoría de los niños asocian la muerte con la vejez. Por eso, aunque sea dolorosa, la muerte de un abuelo puede ser mejor asimilada que, por ejemplo, la de un tío. Y, por supuesto, mucho más difícil para ellos es comprender el fallecimiento de un compañero. En tal caso, puede preguntarse: “¿me podría pasar a mí?”.

Los padres deben ayudarle a recobrar la seguridad haciéndole ver que, por ejemplo, el fallecido llevaba tiempo enfermo y él es un chaval muy sano o que los accidentes de este tipo son muy infrecuentes. El hecho de que el menor de pronto entienda la muerte como posible para sí mismo puede servir para hacer hincapié en la importancia de respetar ciertas normas de seguridad. Pero nunca debe abusarse de esta idea para fomentar la sensatez, ya que una excesiva obsesión por la muerte puede provocarle una gran inseguridad que afectaría negativamente a su vida diaria.

¿Le puede pasar a mis padres?

Otro miedo frecuente es que los padres fallezcan. Si tu hijo te plantea estas dudas, debes ofrecerle la seguridad de que él siempre estará protegido y bien cuidado por gente que le quiera, a la vez que mitigas su temor haciéndole notar lo improbable de tal caso.

También es típico que los niños se pregunten dónde está ahora la persona que ha muerto. La respuesta dependerá fundamentalmente de la creencia de cada uno, pero sea cual sea, siempre debe llevar implícita la idea de que la muerte es algo natural, que forma parte del ciclo de la vida y que el amor que nos entregó la persona siempre perdurará en nuestro recuerdo. No se debe comparar la muerte con dormir ya que podría derivar en una fobia a irse a la cama.

La vida sigue

El duelo puede ser un proceso bastante largo y lleno de altibajos. Si es por alguien muy cercano como uno de los padres, puede durar hasta un año. Durante ese tiempo, el niño debe ir poco a poco normalizando su estado de ánimo. La sana aceptación del acontecimiento, por parte del progenitor que queda, es la mejor ayuda para que el hijo lo supere.

Si no ocurre así y el pequeño sigue sumido en la tristeza o experimenta un miedo intenso a la muerte, desinterés por su entorno o problemas para dormir, conviene acudir a un psicólogo.

 

Ísar Monzón




Elige y compra en Amazon