Leer en casa como en el cole

Cómo enseñarle

Si los padres no saben cómo aprenden a leer sus hijos, ¿cómo van a trabajar con ellos en casa? Hay dos formas de enseñar a leer a los niños: una consiste en partir del conjunto –palabra, frase o texto– hasta llegar a los últimos elementos –sílaba, letra y fonema– y la otra, justo al revés, tomar como base los elementos más pequeños para crear oraciones, párrafos y relatos. Te damos las claves de ambos.
 

 
Niño leyendo
 

El método ‘de toda la vida’

Aunque cada vez menos, son todavía muchos los profesores que siguen creyendo en la eficacia del enfoque tradicional –también llamado sintético– para enseñar a leer y escribir. Este enfoque se basa en una premisa básica: empezar el aprendizaje por las estructuras más simples y, una vez memorizadas, fusionarlas en otras más complejas.

Ese es el esquema que siguen los métodos fonético, alfabético y silábico.

El método fonético. Parte del sonido de la letra como unidad mínima –por ejemplo, la s no se aprende como ese, sino como sssss– para, posteriormente, relacionarlo con la grafía. Este método tiene un importante número de defensores, que consideran que ayuda a los niños a comprender más fácilmente la relación entre fonema y letra –en definitiva, entre habla, lectura y escritura– y a articular las palabras de forma correcta y sin errores. Sin embargo, también se critica que a los 4 o 5 años, cuando se empieza a leer, los pequeños todavía no tienen interiorizado el concepto de fonema en el que se basa toda la técnica.

El método alfabético. Es el más antiguo de todos –nació antes de Cristo– y posiblemente el más popular en España. Casi todos los mayores de 20 años hemos aprendido a leer y escribir con este sistema que se basa en trabajar la forma y el nombre de cada una de las letras de manera independiente para, después, combinarlas creando sílabas y palabras. Se empieza con las vocales, en el orden i, o, a, e, u, se sigue con las consonantes, generalmente con la p o la m que resultan más fáciles para los niños, y con ellas se van formando las primeras sílabas y palabras.

El método silábico. Es un derivado del fonético y el alfabético, con la variante de que toma a la sílaba como unidad mínima, lo que permite a los niños captar mejor este sonido y aprender a leer con más facilidad.

No son éstas las únicas ventajas del enfoque tradicional de la lectoescritura. Los especialistas le reconocen –más el silábico y el fonético que el alfabético– algunos beneficios sobre el aprendizaje. Así, ayuda a la memorización de las grafías, a la correcta articulación de las sílabas y palabras, al aprendizaje de las reglas gramaticales y a la precisión en la lectura y la escritura. Tanto es así que algunos países, como Francia, se están planteando volver a aplicarlo en sus colegios y desterrar el método global, que, en opinión de sus autoridades, ha favorecido el aumento de la dislexia.

Las desventajas del método tradicional. Los expertos tampoco obvian las importantes desventajas pedagógicas que provocaron que estas técnicas se fueran desterrando de nuestro sistema educativo. La principal es que el sistema tradicional no respeta el ritmo madurativo de los niños, les fuerza a leer y escribir de forma mecánica, sin comprender lo que están haciendo. ¿Y qué pasa si un niño ya está capacitado para empezar a leer a los 3 años, mientras que su compañero es incapaz de seguir el ritmo que el profesor impone en clase? Además, al insistir tanto con letras y sílabas, los niños asimilan muy bien el código, pero no entienden el concepto, no comprenden que la sílaba aprendida sólo tiene sentido si va dentro de un conjunto con significado completo, como ‘Pepito’ o ‘el perro tiene rabo’.

El enfoque global

Para superar estos inconvenientes, las últimas leyes educativas aprobadas en España empezaron a preconizar unas nuevas técnicas de enseñanza de la lectoescritura, denominadas analíticas y que se caracterizan por partir de unidades con significado completo, ya sea una palabra o una frase. Quizá el más utilizado en nuestros colegios sea el llamado método global, que trabaja con palabras apoyándose en las imágenes que las identifiquen para que el niño comprenda el concepto desde el principio.

Este sistema tiene la ventaja de que permite comenzar la enseñanza de la lectura y la escritura a partir de los 3 años. Para ello, los profesores llenan la clase de carteles con palabras –el nombre de cada alumno escrito en su mesa y en su perchero, el nombre identificativo de cada objeto del aula, el título de los dibujos que han realizado los niños y que están colgados en las paredes...– que tengan relación con el mundo de los pequeños. Así, gracias a su memoria visual, los niños reconocen letras, incluso frases –¿a qué tu hijo lee con soltura Coca-Cola en la lata de refresco?–, y las relacionan con las imágenes.

Tras muchas, muchas repeticiones, los niños ya están preparados para leer frases o, incluso, textos con esas palabras aprendidas. El resto de los elementos de la oración, como los verbos, los reconocen por deducción, a través de las relaciones que existen entre todos los componentes de la frase. De esta forma, los niños aprenden por curiosidad y por comprensión y entienden perfectamente lo que leen.

Las desventajas del método global. Sin embargo, el sistema global también presenta algunos problemas, fundamentalmente las faltas de ortografía, a pesar de que a los niños también se les enseña a copiar las palabras que leen en los carteles. Y es que, aunque ellos comprenden globalmente un texto, no conocen el código de escritura y la estructura de sílabas y palabras.

Otro problema es que en el mundo existen más palabras que las que le presenta su profesor, lo que limita su vocabulario y provoca que, si al leer no reconocen alguna de ellas, se la inventen.

Gema Martín