El niño "protestón"

Cómo acabar con sus quejas

¿Tu hijo se pasa el día ‘jopé’ por aquí ‘jolín’ por allá? Es importante que averigües por qué protesta por todo para poner fin a esta actitud.

 
Protestón

Pocos niños obedecen a la primera y sin rechistar, y protestar se convierte en una reacción habitual en ellos. Lo primero que habría que analizar es por qué se queja tanto, y si realmente protesta por todo. Si la respuesta es sí, seguramente el motivo lo encontrarás en algún aspecto de su educación.

Chantaje que funciona
Si cada vez que se queja de que algo no le gusta, ese algo desaparece o se transforma en lo que él quería, es normal que la siguiente vez vuelva a protestar y cada vez con más fuerza y convicción. Por tanto, al igual que pasaba con las pataletas, la única manera de erradicarlas de su comportamiento es ignorarlas y no ceder ante ellas.
Pero también puede ocurrir que tu pequeño esté siempre refunfuñando porque ha descubierto que así consigue captar vuestra atención. A veces los padres no se dan cuenta de que si sus hijos no están haciendo algo que les disgusta, apenas interaccionan con ellos; sin embargo, cuando se quejan, vuelven la cabeza de inmediato. Y aunque esa protesta genere una discusión o un enfado, para él será más valiosa esa forma de comunicación negativa que la falta de atención de sus progenitores. Es importante acabar con este círculo vicioso cuanto antes, proporcionando al niño la atención que necesita en los momentos en los que está actuando adecuadamente y no al contrario.

Trucos para controlarle
Si tu hijo es un "protestón", seguro que entre sus quejas están las más típicas: la comida, los deberes o la hora de acostarse. Cuando el diálogo ha fallado y las explicaciones no bastan, antes de perder la paciencia o terminar cediendo ante sus caprichos, prueba a poner en práctica estas sencillas tácticas:
Cuando toca ir a la cama. Cread una rutina de sueño, repitiendo siempre la misma secuencia –baño, cena y despedida– y a la misma hora. Podéis buscar algo que le motive, pero sólo para aquellos días que se vaya a la cama sin rechistar. Por ejemplo, contarle un cuento, dejarle leer u hojear su álbum de cromos.
Durante la comida. Si come sin quejarse, puedes premiar su esfuerzo dándole al finalizar una chuche o un postre que le guste. Pero si la comida trancurre en una protesta continua, perderá su recompensa.
Para hacer los deberes. Adviértele que todo el tiempo que pase protestando lo perderá del de ocio. Apunta la hora en la que tendría que empezar a trabajar y a la que comienza realmente; después, descuenta ese tiempo del rato que emplea comúnmente en ver la tele o en jugar. Por ejemplo, si estuvo protestando 15 minutos, tendrá 15 menos de ocio.

Ísar Monzón