Cómo controlar una obsesión infantil

Aprende a manejarlas

Un cuento, una película, una serie de televisión o un deportista. Los niños suelen obsesionarse desde pequeñitos con diferentes objetos o actividades; aficiones que son pasajeras pero que desbordan a muchos padres cansados y preocupados por ver a sus hijos haciendo siempre lo mismo.

 
Obsesión

¿Cuántas veces has oído a un padre decir que su hijo está "obsesionado con..."? Los adultos usamos la palabra “obsesión” para calificar conductas que desde el punto de vista psicológico no se consideran como tal, pero que sí resulta agotadoras e inquietantes para los padres. Saber que tu hijo no es el único, por qué ocurre este común fenómeno y aprender a manejarlo te ayudará a relajar tus nervios.

Por qué se obsesionan 

Hay muchos motivos por los cuales un niño puede obsesionarse por algo. Destacamos los siguientes:

- Algo está de moda. Los niños necesitan sentirse parte del grupo y, para ello, tratan de tener los mismos gustos y aficiones, ver los mismos dibujos, jugar a los mismos juegos que sus amigos.

- Por afán de superación. Que juegue siempre al mismo juego o que quiera practicar baloncesto a todas horas muchas veces encierra el simple deseo de hacerlo mejor, de alcanzar una meta. Esto es positivo, siempre que los padres controléis las horas de práctica para que no abandone en exceso otras actividades.

- Por novedad. Le acaban de regalar un libro de astronomía y no hace más que mirar al cielo para identificar las constelaciones. Muchas obsesiones infantiles responden simplemente al reciente descubrimiento de algo que era desconocido para ellos. De ahí que también suelan ser pasajeras, sustituyendo unas obsesiones por otras con una facilidad pasmosa.

¿Cuándo es preocupante?

La actividad de tu hijo es verdaderamente un problema cuando:

- Renuncia a todo lo que le gusta a favor de aquello que le obsesiona –no va a un cumpleaños para no perderse un capítulo de su serie favorita, por ejemplo.

- Abandona radicalmente el tiempo que antes dedicaba a otras actividades o va mal en clase porque ha sustituido el tiempo de estudio o deberes por hacer lo que le obsesiona.

- No sabe vivir sin su objeto de deseo y se niega a salir de casa sin él.

- No tiene otro tema de conversación y sus pensamientos están continuamente estancados.

En busca del equilibrio

No siempre es fácil encontrar el punto medio entre la afición y la obsesión pero estos consejos pueden ayudarte:

- Procura no darle a entender que está haciendo algo malo con comentarios como “eres un pesado, siempre hablando de tus coches” o “juega a otra cosa o tus amigos no van a quererte más”. Probablemente en unos meses se olvidará de ese juguete que ahora adora y si percibe que es algo malo, la próxima vez se cortará antes de exteriorizar su emoción por algo nuevo.

- Limita tanto las horas que puede pasar realizando la actividad que le gusta como la cantidad de productos que consume de ello. Si le encanta un personaje de la tele, puedes comprarle una mochila o un estuche, pero no las sábanas para su cuarto, la papelera, su pijama…

- La publicidad juega un papel fundamental en las obsesiones infantiles pues les muestran como imprescindibles objetos que no necesariamente lo son. Es importante que le enseñéis a no caer en el consumismo sin sentido, pero tampoco le privéis de lo que está de actualidad, ya que le facilita las conversaciones y los encuentros con otros niños.

- Aprovecha el interés de tu hijo por ese tema para mejorar vuestra comunicación: pregúntale por sus descubrimientos y avances, pídele que te explique cosas sobre el tema, llévale a actividades relacionadas…

 

Ísar Monzón