La siesta, ¿hasta cuándo?

Un descanso a mediodía

Las horas que tu hijo le dedica al sueño durante el día son para reponer fuerzas. La actividad de la mañana le deja sin energía y, para enfrentar la tarde con ánimo, nada mejor que un buen descanso reparador después de comer.

 
Dormir la siesta

Cansado e irritable durante la tarde, y sin ganas de cenar. Serán las pistas que te adviertan que tu hijo necesita una buena siesta después de comer, aunque se niegue sistemáticamente a dormir. Que no quiera no significa que no lo necesite, ya que el sueño diurno es tan importante como el nocturno.

Los expertos recomiendan que la siesta se mantenga hasta los 4 años y, si es posible, más. De hecho, alrededor de los tres años, y en muchos casos debido a su incorporación al colegio, los niños dejan de hacer la siesta después de comer. Esto puede repercutir de forma negativa en su descanso nocturno. Los niños llegan cansados y con más sueño a casa y cuando “cogen la cama” entran en un sueño mucho más profundo, lo que puede aumentar los episodios de sonambulismo y los terrores nocturnos. Si tu hijo es uno de estos escolares, lo más recomendable es que le acuestes un poco antes por las noches y aproveches los fines de semana para que duerma la siesta.

A cada edad, su siesta
Cuando nazca tu hijo, apenas habrá diferencia entre el sueño diurno y nocturno. Dormirá unas 18 horas al día, en ritmos de 3 a 4 horas. A medida que vaya cumpliendo meses, su horario de sueño-vigilia se irá pareciendo cada vez más al vuestro. El sueño nocturno irá aumentando y las siestas diurnas se irán reduciendo. Así, si a los 3 meses necesita todavía 3 o 4 siestas, a los 6 meses se reducen a 2, después del desayuno y la comida. Cuando cumpla un año, dejará la primera siesta, sobre todo si asiste a la guardería, y solo necesitará dormir 1-2 horas después de comer.

Pero si tu hijo no duerme todas esas horas o duerme más, no te preocupes. No todos tienen las mismas necesidades. Obsérvale y si no está irritable, adormilado ni le cuesta mantener la atención, no tendrá falta de sueño. Si pese a dormir horas y horas es atento y activo, su única patología es que es “dormilón”.

¿Cuánto debe dormir?
La siesta de después de comer debe dar tiempo a su cuerpo a reponer energías sin que interfiera por ello en su descanso nocturno. Con una o dos horas tendrá más que suficiente. Un sueño demasiado largo durante el día será contraproducente, puesto que romperá su ritmo biológico. Recuerda que lo que duerma de más durante el día lo dormirá de menos por la noche.

La rutina, la clave
El “ritual” que ponéis en marcha por la noche para que vuestro niño se vaya a la cama, debe ser igual a la hora de la siesta. Los padres tienden erróneamente a ser más indulgentes. Para evitar que tu hijo se niegue a irse a dormir, establece una rutina. Dale de comer siempre a la misma hora y acuéstale pasados unos 20-30 minutos. La repetición de tareas y el cumplimiento de los horarios son dos aspectos que siempre debes respetar.

Si se niega a dormir
No le lleves a la fuerza a la cama. Se lo tomará como un castigo y se pondrá tan nervioso que luego no será capaz de dormir. Intenta relajarle. Recuéstale de tu lado y crea un ambiente “sedante”. Un juego tranquilo, la lectura de un cuento, un masaje suave, o música bajita, te darán resultados inmejorables. Eso sí, no alargues demasiado estos preliminares ni se te ocurra acunarle o acostarle en tu cama si tú también te echas la siesta. Le acostumbrarás y luego no se irá a dormir sin recibir su dosis de mimos.

Con luz o sin luz
De noche, a oscuras; al mediodía, con un poco de luz natural y con algo de ruido. Así deben ser sus siestas desde que nazca. Será la mejor manera de enseñarle poco a poco la diferencia entre el día y la noche. Deja abierta alguna rendija de la persiana para que entre luz y, por supuesto, no le acostumbre al silencio absoluto. La radio, la televisión o vuestras voces tendrán que ser parte de su sueño diurno.

En cuanto al lugar más adecuado para dormir la siesta es su cuna. Quedarse tumbado en el sillón no es lo más recomendable y acostarle en otra cama solo está justificado si no estáis en casa.

Asesoramiento: Victoria de la Fuente, psicóloga de la Unidad de Alteraciones del Sueño, del Instituto Dexeus de Barcelona.

Raquel Burgos