El niño malhablado

Demasiadas palabrotas

La fea costumbre de decir palabrotas que tu hijo pone en práctica te saca de quicio y quieres suprimirla. No es el único tan malhablado y esto se debe a que está en un periodo de máximo desarrollo del lenguaje.

 
El niño malhablado

Cuando te preguntes porqué tu hijo dice tantas palabrotas de un tiempo a esta parte, pregúntate si, aparte de estas palabras malsonantes, también emplea otras palabras nuevas. El lenguaje de tu hijo está creciendo y perfeccionándose a una velocidad increíble. A partir de los dos años, los niños son capaces de aprender entre diez y veinte palabras al día. Dentro de ese gran diccionario que está almacenando en su cabeza y que le ayuda a comprender el mundo cada vez mejor y a expresarse con mayor facilidad, están incluidos todo tipo de términos.

Tu ejemplo, clave

La televisión, sus compañeros del cole, los amigos del parque… Tu hijo está rodeado cada vez de más gente. No es difícil que aprenda a usar determinadas palabras aunque sus padres procuren no hacerlo en casa. Pero aunque ellos no pueden controlar lo que oirán, sí pueden mantener una actitud apropiada ante el uso de cierto vocabulario. Una palabrota es una palabrota y está mal dicha siempre.

Cuando tu pequeño “suelte un taco” regáñale explicándole que esa palabra no se dice, pero añadiendo que también te molesta cuando la emplea alguien en televisión o algún familiar. Así le está enseñando una regla concreta, fácil de entender para él. Puede que tu hijo solo uses esas palabras para comprobar si tú la apruebas o rechazas, ya que para ellos no es tan sencillo saber lo que está bien y lo que no y lo miden en función de lo que papá y mamá consideren bueno.

Otras veces su insistencia se debe a que están “echando un pulso” a sus padres para ver hasta dónde pueden llegar. Recuerda siempre dos reglas de oro:

  1. No digáis tacos delante de él.
  2. Nunca te rías cuando le oigas decir una palabra fea.

¿Y si sigue haciéndolo?

Cuando regañes a tu hijo por decir una palabrota hazlo de forma breve, sin gritarte ni alterarte o podría emplearlo como recurso para llamar tu atención. Enséñale a expresar su enfado correctamente. Cuando alguien le moleste o no le gusta algo, en vez de insultar, deberá ofrecerle un explicación.

Si su hábito de insultar es preocupante, haz un trato con él que le motive para corregirse, por ejemplo, le comprarás el juguete que desea tener cuando consiga diez puntos. Cada día que pase sin decir una palabrota, le das un punto. Asegúrate de que también ha dejado esta fea costumbre en el cole hablando con la profesora: no debe pensar que basta con hablar bien en tu presencia.

 

Ísar Monzón