Cuándo y cómo dejar elegir a los niños

Enséñale a saber escoger

Tomar decisiones es una parte fundamental de la vida y para hacerlo bien conviene entrenarse desde pequeño en el arte de escoger. Eso sí, debes poner ciertos límites para que sus elecciones no se conviertan en caprichos fuente de conflicto.

 
Niña pensando

Los niños son caprichosos e impulsivos por naturaleza. De ahí que pueda querer ponerse sus botas de agua nuevas aunque aún no haya empezado a llover o ese vestido de verano que le han regalado en febrero. Y es que los criterios que guían su elección son ambiguos y basados en aspectos irrelevantes. Por eso no le puedes dejar elegir de cualquier manera, es necesario aplicar unas reglas sencillas que hagan de sus elecciones una forma de aprendizaje y un nuevo instrumento para aumentar su autonomía.

Los beneficios de aprender a elegir

Ofrecer la posibilidad de escoger es una ayuda eficaz para que un niño se sienta seguro e independiente. Además, dejarle decidir le enseña a:

  • Valorar la opinión de los demás, ya que ve cómo se tiene en cuenta la suya.
  • Adquirir autonomía, pues se da cuenta de que en casa confían en él.
  • Analizar las situaciones y valorar las consecuencias de sus decisiones.

Elecciones orientadas

Cuando se brinda a un niño la posibilidad de elegir hay que ser consecuente con ello y aceptar la decisión, aunque no nos guste. Por ello, una regla de oro que no debes olvidar es dejarle elegir sólo en aquellas cosas que podáis satisfacer. Si tienes dudas sobre la posibilidad de hacer frente a su elección lo mejor es que le orientes ofreciéndole sólo dos o tres alternativas. Así, en lugar de preguntarle “¿qué quieres merendar hoy?”, con el riesgo de que te pida, por ejemplo, unas tortitas con nata, sería más correcto decirle “¿qué quieres merendar hoy: un sándwich de pavo, uno de jamón o un plátano?” De esta manera cumplimos tres objetivos a la vez:

  1. Le das la posibilidad de elegir y, por tanto, demuestras que su opinión es importante para vosotros y la tenéis en cuenta.
  2. Le ayudas a escoger, mostrando una serie de elecciones adecuadas.
  3. Evitas que elija algo inadecuado, lo que te obligaría a no respetar su decisión con el consiguiente enfado del niño.

Cuando no se puede escoger

El día a día nos demuestra que no siempre se puede dejar escoger a los niños y que hay cosas innegociables. Tu hijo debe tener clara la diferencia entre una orden y una consulta. Por ejemplo, andar descalzo puede ser una alternativa a ponerse las zapatillas en verano, pero no en invierno; escoger la ropa que llevará al cole es posible si se levanta pronto, pero no si vais corriendo.

La diferencia clara entre una opción y una orden está en la manera de expresarse. Cuando quieras que tu hijo obedezca debes emplear frases imperativas –ponte las zapatillas, por favor– y nunca preguntas o frases ambiguas que puedan interpretarse como sugerencias –¿quieres ponerte las zapatillas?–. Conviene que razones tus decisiones y tus negativas para que él aprenda a razonar sus peticiones y vea que las cosas no se hacen de una u otra forma “porque sí”.

A medida que vaya adquiriendo más responsabilidades habrá que aumentar también su independencia y su capacidad de tomar decisiones. Piensa que tu hijo puede opinar en muchos ámbitos de la vida –comida, vestido, compras, ocio–, siempre y cuando se le ayude a entender las opciones y a valorar los pros y contras de cada una.

Un punto importante para aprender a tomar decisiones es comprender que estas tienen sus consecuencias. Imagina que sales de paseo y tu hijo quiere llevarse un juguete. Tú crees que va a ser un estorbo y él insiste. Lo mejor es explicarle las consecuencias: “si quieres, puedes levarte el juguete, pero paseando no vas a poder usarlo y va a molestarte. Creo que sería mejor dejarlo en casa. SI te lo llevas, ten en cuenta que lo vas a cargar tú todo el camino. Yo no voy a llevártelo”. Este razonamiento tiene que ir acompañado de firmeza por tu parte. Si finalmente decide llevárselo, no cargues con él.

 

Ísar Monzón