El niño tiene 'papitis'

Cómo lidiar con su obsesión por papá

Hasta los tres años, la madre suele ser el centro de todos los mimos de los hijos. A partir de este momento es frecuente que los ojos se vuelvan hacia papá, el nuevo ídolo de sus pequeños.

 
Papitits

A partir de los tres años las frases “tú vete, mamá, quiero jugar con papá” pueden convertirse en un habitual de tu hogar. La madre suele ser el primer amor en la vida de los niños, no en vano es, generalmente, con quien más tiempo pasan y quien suele encargarse más de cerca de sus cuidados.
Pero el niño poco a poco va creciendo, abriéndose al mundo y dándose cuenta de que es un ser independiente de su madre. Descubre que su padre también puede ofrecerle nuevas alternativas y, generalmente, muy interesantes: juega con ellos, y lo hace de manera diferente a mamá, poniéndose a su altura y dedicando más tiempo a las actividades físicas, algo que, por supuesto, le resulta muy divertido. Además, es una fuente de autoridad y disciplina distinta a mamá, lo que le ayuda a contemplar el mundo desde otra perspectiva. En definitiva, papá le ofrece protección y abre una puerta a la autonomía y al descubrimiento de cosas nuevas. De ahí que se convierta en el nuevo centro de su pequeño universo.

Más frecuente en niñas

Aunque esta “papitis” puede darse tanto en niñas como en niños, es más propia de las primeras. Y es que el descubrimiento de papá coincide además con la llamada fase de identificación sexual. Los niños van observando las diferencias y los roles propios de cada género, en un proceso de búsqueda de su propia identidad sexual.Y es durante este desarrollo, cuando surge la admiración hacia el progenitor del sexo opuesto. Los niños, entonces, empiezan a idolatrar a su mamá, y las niñas, a su papá. Intentan captar su atención de cualquier manera y ganar su cariño a toda costa, aun a pesar de desplazar a su madre. Así, comienzan a pedir que sea su padre quien les ayude a vestirse y comer, juegue con ellos, les lleve al parque... Le quieren en exclusiva y, en este sentido, ven a la madre más que como a una rival que puede “robarle” parte del cariño y la atención de su padre.

Actúa con naturalidad

Para la madre puede llegar a resultar triste que de un día para otro y sin que ella haya cambiado un ápice todos los desvelos de su hijo se dirijan a su padre. Pues ni dramatices en exceso ni lo trivialices. En esta etapa los niños están algo desorientados: por un lado no pueden remediar demostrar el amor tan fuerte que tienen, de repente, hacia su padre y, por otro, se sienten culpables por apartar a mamá y rivalizar con ella por su cariño.

Ayudadle a expresar sus sentimientos y aunque algunos te resulten hasta cómicos –es posible que diga que de mayor se quiere casar con papá o que impida vuestras muestras de cariño–, explicadle que eso no será posible; no le sigáis el juego y dejad bien claros los roles de cada uno y enseñadle a respetar vuestra intimidad y vuestras muestras de cariño.

Cuando surgen problemas

Esta situación puede volverse un poco más complicada si, por ejemplo, en la familia hay varios hermanos del mismo sexo y edades similares. En este caso, la rivalidad no sólo se produce con el progenitor del mismo sexo, sino también con el hermano, con el que además puede haber una relación de celos anterior. Estad atentos y extremad la “diplomacia” porque los intentos por lograr la atención en exclusiva del padre en cuestión terminarán con facilidad en conflictos y peleas entre ambos.

Y recuerda que la “papitis” es una fase más del desarrollo evolutivo de los niños común entre los 3 y los 5 años y que no debe confundirse con el complejo de Edipo y Electra.

 

Raquel Burgos




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