Las rabietas

Cómo controlarlas

Todos los niños las sufren –más bien, las hacen sufrir– durante alguna temporada. Que se conviertan en un problema depende mucho de tu forma de reaccionar ante ellas.

 
rabietas

Entre los 2 y los 4 años de edad, los niños afirman su recién descubierta autonomía. Ahora se saben seres distintos, diferentes de sus padres, y necesitan aprender hasta dónde pueden llegar haciendo las cosas a su modo. Simplemente, buscan saber cuál es su poder. Dicho de otra forma: “si lloro... ¿puedo conseguir que la situación cambie?” ¡Se trata de comprobar si pueden controlarnos!

Cómo afrontar las rabietas

  • Mantened la calma, o al menos, no dejéis que el niño perciba que os altera.
  • No prestéis atención a la llantina, pero sí al niño. Si, por ejemplo, grita porque no quiere bañarse, actuad como si nada ocurriera mientras le bañáis –contadle una historia, anticipadle lo que va a cenar...–. Aparentad no daros cuenta de su llanto y su resistencia.
  • No cedáis a sus requerimientos. Si lo hacéis, estaréis perdidos.
  • Sin público, no hay show. Si tu hijo es de los que monta el espectáculo siempre que hay visitas, mándale a su cuarto y no interrumpas vuestra reunión con amigos.
  • Buscad conductas positivas que sean incompatibles con la llantina. Por ejemplo, puede ser el encargado de ir echando los productos en el carro de la compra, o elegir tres canciones para que las cantéis durante el baño.
  • No anticipéis lo que va a ocurrir, ni habléis de la rabieta una vez terminada. Si hacéis comentarios del tipo “y a ver si hoy no montas el número en el supermercado”, lo único que hacéis es animarle. Y los comentarios posteriores sólo sirven para que el niño se dé cuenta de hasta que punto os ha afectado su conducta.
  • No viváis con miedo a las llantinas: es un error adaptar lo que hacemos o dejamos de hacer en función de si el niño va a llorar o no. Si quiere llorar, que llore, pero que no le sirva para nada.

Belén Marina